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"Los premios no ayudan a la claridad"
El escritor habla del Xavier Villaurrutia

Eve Gil/Juan Villoro

Villoro
Foto: Jorge Claro/Contraluz

Juan Villoro (DF, 1956) recientemente fue distinguido con el Premio Xavier Villaurrutia 1999; acaso el más importante de nuestras letras por tratarse de un reconocimiento de escritores para escritores. Aunque a nadie sorprende que un autor de tal envergadura haya sido favorecido, sí sorprende que el libro premiado sea uno de cuentos y no una novela como desde la fundación de dicho premio se estila. Con la sencillez que lo caracteriza, el autor de La noche navegable responde a nuestras preguntas.

 

¿En qué momento de tu vida te llega el Xavier Villaurrutia?

Publiqué mi primer libro en 1980. Me da mucho gusto que este premio llegue 20 años después, de tal manera que durante este tiempo he estado escribiendo sin otra recompensa fundamental que la escritura misma y el contacto con los lectores. Creo que es un momento que aprendí a escribir sin premios; no participo en concursos; naturalmente, con este incidente feliz, que me den el premio Villaurrutia, pues me da mucho gusto, pero debo tomarlo como una cuestión circunstancial, muy agradable, pero de ningún modo define la vida de un escritor.

¿Quieres decir que jamás te lo hubieras esperado?

Varias veces me habían candidateado y, naturalmente, había pensado en el premio. Se trata de un reconocimiento muy importante para mi generación, porque cuando empecé a leer, en los años 60 y 70, el premio Villaurrutia era el que distinguía a los escritores; uno no puede ser indiferente al hecho de que te lo den. Cuando me dijeron que un libro mío podría ser premiado, me dio gusto, pero no creo que uno deba pensar demasiado en los premios.

Casi nunca se han premiado libros de cuentos.

En lo personal, me da mucho gusto que haya sido un libro de cuentos, porque yo escribo distintos géneros y el cuento es un género bastante castigado, las editoriales lo consideran poco comercial. Me parece muy dramático, porque la literatura latinoamericana ha cultivado el cuento de manera excepcional. Si pensamos en escritores como Horacio Quiroga, a principios del siglo XX, hasta los jóvenes cuentistas actuales, hay un arco de 100 años de impecables relatos y es una lástima que se trate de un género tan arrinconado.

¿Cuál es el leitmotiv de La casa pierde?

Los diez relatos tienen ambientes y escenarios muy distintos. Si algo tendrían en común estas historias son el azar, es decir, cómo el destino de manera casual vincula a los personajes y cierta sensación del fracaso y de la caída. Me interesan las historias donde hay sobresaltos, pero no muy dramáticos. No crisis sobrenaturales o espectaculares o evidentes, sino cómo en la vida cotidiana de una persona, de repente, hay algo descolocado; que cambia un poco de lugar y comienza a alterar profundamente la vida de los personajes, los obliga a un careo con su destino y a una realidad que no habían pensado vivir. Esta sería una atmósfera común a los relatos que fue, quizá, lo más difícil de conseguir para mí porque me tardé mucho haciendo el libro. Escribí el primer relato en el 86 y el último en el 98, son 12 años de escritura en los que cada vez que regresaba al libro tenía que recuperar ese tono más o menos homogéneo. Creo que hay una unidad de estilo; una unidad de atmósferas.

Hay una tendencia a lo lúdico en tu obra, no sólo en La casa pierde, recuerdo también El disparo de Argón y Materia de los sueños...

Me interesa mucho el juego, en La casa pierde hay dos relatos directamente relacionados con deportes: "Campeón ligero", que trata de un boxeador que cree haber cometido un asesinato, y "El extremo fantasma", que surgió de una antología de cuentos de futbol que hizo Jorge Valdano. Aparte de estos relatos de tema deportivo, hay otros dos relacionados con las apuestas: "La casa pierde", que tiene que ver con un juego de barajas, y "El domingo de canela", con una apuesta en el hipódromo. En estos relatos el juego está presente. Pero me interesaba que las verdaderas derrotas de los personajes no se relacionaran con los resultados de los juegos de azar o de los deportes, sino que los remitieran a algo más profundo de su vida.

¿Influencias en tu literatura?

Me gustan muchísimos escritores y es difícil decir en qué grado aquéllos que admiras realmente te han influido. Me gustan mucho Borges, Bioy Casares, Cortázar, Felisberto Hernández, la literatura estadounidense, Kafka, Nabokov.

Haber logrado un premio tan importante, ¿te hace sentir mayor responsabilidad con tus lectores?

Cada libro es una apuesta totalmente distinta. Cuando escribí La noche navegable, si me hubieran preguntado cómo se escribe un libro, hubiera repetido, paso a paso, cómo había escrito tal novela, porque era el único libro que había escrito. Cuando has escrito más de diez libros, tienes cada vez menos idea de cómo se escribe porque cada uno ha sido una aventura distinta, sobre todo si tratas de salir de ti mismo y de correr un nuevo riesgo en cada libro. Obtener este premio no garantiza que no vaya a fracasar en el siguiente, porque todo escritor digno de su nombre debe correr un riesgo; debe tratar de agregar algo a la literatura, aun a riesgo de ser incomprendido. No creo en los escritores que simplemente repiten fórmulas ya transitadas. Por definición la literatura es una exploración.

¿Qué escribes en este momento?

Dos cosas: una novela para niños: El té de tornillo, que es una segunda aventura de un personaje mío que apareció hace algunos años, el profesor Zipper. Además, estoy escribiendo una novela para adultos... no puedo hablar de ella porque no tengo la menor idea de qué se trata, estoy en la confusión más absoluta y ahí sí ni los premios ni las entrevistas te ayudan a aclararte

Eve Gil es escritora y periodista. Correo: acuarius94@yahoo.com

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