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cuentas claras
Enrique Contreras Montiel
Unos pobres más exigentes Los candidatos a ocupar puestos de representación popular están buscando posicionarse en las preferencias de los electores bajo el supuesto de que la mayoría son pobres. El supuesto parte de la idea de que si la mayoría de los mexicanos tienen grandes carencias, "ahí donde le tiren, le pegan". No parece descabellado el razonamiento. Todavía más, cuando en México hasta los ricos niegan sus fortunas y todos prefieren ubicarse entre los pobres o en las clases medias. Por ello, la pobreza también depende del cristal con que se mire. Un rico mexicano será pobre en comparación con uno del vecino país del norte. En México se han hecho esfuerzos para lograr una medición más precisa de la pobreza. Para tal fin, desde hace algunos años se utilizan como indicadores los índices de marginalidad. La medida del grado de marginalidad se establece a partir del porcentaje de personas que carecen de servicios básicos, tales como agua entubada, drenaje, luz, etcétera; de capacidades laborales visto como la carencia de preparación escolar, así como de empleo o de un ingreso salarial que se considera adecuado para cubrir las necesidades mínimas. En conjunto, el índice permite establecer cinco rangos o grados de marginalidad: muy bajo, bajo, medio, alto y muy alto, que van de los que menos carencias tienen hasta los que las padecen más.
¿Quiénes son los de las carencias?
Según estos indicadores, en 1990 solamente dos delegaciones (Milpa Alta y Tláhuac) se encontraban en rangos de marginalidad baja y todas las demás en uno de muy alta. Una revisión más detallada de los indicadores muestra que en una parte sustancial esas delegaciones debían su "grado de pobreza" a su perfil rural y atracción poblacional. El caso extremo era el de la delegación Milpa Alta, que registraba un porcentaje de población en localidades menores de cinco mil habitantes de 10%, en tanto que el resto eran mucho menor de un dígito y solamente otras dos (Tláhuac y Cuajimalpa) lo rebasaban (2.76% y 6.31%, respectivamente). Las otras variables también tendían a mostrar que el grado de marginalidad o pobreza de esas delegaciones se lo debían a ser el puente de entrada de la población de otras regiones del país. Si se ponen los indicadores en orden de magnitud o importancia al ya mencionado, sigue el de ocupantes de viviendas sin drenaje ni excusado, ocupantes de viviendas con piso de tierra, ocupantes de viviendas sin agua entubada, etcétera.
La oferta de política económica Los datos del Conteo de Población y Vivienda 95 corroboran la apreciación anterior. El Conteo permite revisar con mayor detalle el estado de marginación en el Distrito Federal. Para 1995 existían en la capital de la República un centenar de localidades con grados de marginalidad menores al medio. De las 336 localidades identificadas por Conapo, 23.8 correspondieron a alta y 5.9 a muy alta marginalidad. Todavía más, de ese centenar de localidades pobres, solamente 4.1%, esto es 14, existían antes de 1990. Dicho sin ánimo de minimizar la pobreza y las carencias de la gente que busca radicar en el Distrito Federal, la situación por la que han optado les ofrece mejores perspectivas a las que han abandonado en su región de origen. Para fines electorales prácticos, aunque el argumento de la pobreza y su solución parece tener amplia resonancia entre los electores del Distrito Federal, los datos parecen apuntar más hacia la insatisfacción en la calidad y eficiencia de los servicios públicos que reciben. Quizá también, por eso mismo, las acusaciones de corrupción, así como la oferta de una mayor participación ciudadana se han convertido en los verdaderos terrenos de la lucha electoral |
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