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El bache

Francisco Rocha

Foto: John Kimmich

Los pies tocan el suelo y sientes el sudor en tus plantas frías y pegajosas como trozos de carne descongelada. Las manos, cosidas a las sábanas por hebras de telaraña, no quieren impulsarte para que te levantes de la cama. Miras el despertador. Marca las siete en punto, sin embargo, no estás seguro de si amanece o termina el día. El sol no se asoma nunca a la oscuridad polvosa de tu habitación. Intentas abrir el ojo izquierdo, una lagaña seca lo mantiene cerrado. Escupes en la mano para diluir la costra de lágrimas.

Te encaminas hacia el baño. El polvo del piso se adhiere a las plantas de tus pies. Miras las huellas: son lo más notable que has hecho en los últimos días.

Abres la llave de la regadera y te bañas en medio minuto. Tienes seis meses sin gas y, aunque has llamado a la compañía para comprar tanques nuevos, no te los han llevado. Ya nadie te hace caso. Han pasado dos meses sin que la casera te cobre la renta. Las veces que te ha encontrado en la escalera te mira con extrañeza: nunca acaba por reconocerte. No parece recordar que tiene un departamento alquilado en el último piso. Al llegar un día a trabajar, descubriste que alguien más ocupaba tu puesto. No te tomaste la molestia de preguntar nada.

Entras de nuevo a tu cuarto y te pones el traje de buscar trabajo. El gris oscuro. Lo combinas con la corbata verde, la camisa roja y los zapatos café.

Sales a la calle y miras tu reflejo en la ventanilla de un taxi libre. Te apresuras a abordarlo, pero el taxista arranca antes de que puedas subirte. De todos modos, ya te acostumbraste a caminar.

Cruzas la calle. El chofer del camión no te ve. Siente el brinco de las llantas y se dice que seguramente es un bache. Los coches pasan sobre ti una y otra vez, te aplastan contra el asfalto. Te fundes hasta ser uno con el pavimento.

La gente evita esa mancha de sombra sobre la calle. A los automovilistas no les molesta; pasan demasiado rápido como para percatarse. Los peatones sí la esquivan, como si hubiera alguien donde nunca hubo nadie

Francisco Rocha es escritor, miembro del taller literario "Los lunes del terror"; forma parte del consejo editorial de la revista Biombo negro.

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