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¿Por qué creerles
a las encuestas?

Ana Cristina Covarrubias/
Rafael Giménez


¿Para qué deberían
servir?

Ricardo de la Peña


¿Importa la opinión
de los ciudadanos?

Volga Cecilia del Riego S.


Cuando un chiste
pierde gracia

Adrián Acosta Silva


Encuestas Presidente
de la República

1994-2000

 

 

 

 

 

Cuatro causas
¿Por qué difieren unas encuestas electorales de otras?

Francisco Báez Rodríguez

Porfirio Muñoz Ledo
Foto: Contraluz

Hay cuatro tipos de razones: por muestreo, por cuestionario, por ponderación, por efectos atribuibles a la empresa encuestadora.

1) El asunto del muestreo parece prácticamente saldado. Hace algunos años todavía se discutía si era mejor hacer una muestra aleatoria en vivienda o por cuotas en la calle. Los partidarios de lo segundo aducían que así se protegía la confidencialidad de la entrevista. El problema es que sólo las muestras aleatorias permiten calcular con cierta precisión el margen de error. Y han sido éstas las que han tenido mejor capacidad para pronosticar resultados.

En la actualidad, casi todas las empresas utilizan el método aleatorio, al que suelen agregársele varios elementos para intentar garantizar al máximo que la muestra sea efectivamente representativa.

El tamaño de la muestra influye en el margen de error. Pero la dispersión de la misma influye de manera tal vez más decisiva: debe levantarse en muchas zonas distintas.

2) Una parte del debate actual está en el cuestionario. La pregunta es qué tanto debe "calentarse" al entrevistado con preguntas políticas antes de pasar a la pregunta sobre la intención de voto. Eso depende de algo que aún no ha sido estudiado a fondo: qué tanto están efectivamente presentes ese tipo de temas en la mente del elector a la hora en que acude a la urna.

Otro tema es la definición del voto abierta o mediante simulacro. De un tiempo a la fecha, el temor del entrevistado es casi nulo y el efecto ha dejado de ser relevante.

3) La utilización de ponderadores es hoy el tema más debatido. Los hay de dos tipos: muestrales y de cuestionario.

Los muestrales se basan en correcciones estadísticas a partir de los datos obtenidos en la encuesta: por ejemplo, si aparecieron demasiados viejos o demasiada gente con estudios de secundaria respecto del padrón o a los datos censales, se pueden ponderar los datos para atribuirle representatividad de cuota a cada grupo de entrevistados. A esto se le llama "cocinar" los datos (y no es equivalente a "meter cuchara"). La pregunta a hacerse es: si se parte, en principio, de una muestra representativa, ¿en qué momento corremos el peligro de "cocinar" en exceso jugando con los ponderadores?

Los de cuestionario se basan en inferencias a partir de las respuestas de los entrevistados. En el caso mexicano actual, son los de mayor polémica; en particular porque la empresa que trabaja para Labastida infiere, entre sus encuestados, qué tan probable es que acudan realmente a votar. Le resultó muy bien en las primarias del PRI. Estas, sin embargo, son elecciones federales.

4) Efecto-empresa. Desde la imagen del entrevistador, hasta el control del trabajo de campo, pasando -en el caso de las más conocidas- por el reconocimiento de la empresa encuestadora, hay distintos elementos que pueden influir en las respuestas de los entrevistados (o más comúnmente, en la cantidad de ciudadanos que se rehusan a expresar sus preferencias o, llanamente, a contestar el cuestionario). Se supone que estos efectos suelen ser pequeños, pero no se han medido

Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica.

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