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Chagall, un hombre del futuro

Miriam Mabel Martínez

Autorretrato delante
de casas, 1914

Lo que más me intriga acerca de los protagonistas de la historia de las culturas es si ellos percibían su grandeza, si sabían que sus actos, pensamientos o creaciones marcarían no sólo un periodo sino que influirían en el futuro. ¿Cuál habrá sido el concepto de tiempo para Marc Chagall? Unicamente nos queda hacer la propia lectura de su obra y de su biografía para intentar acercarnos a él, aunque nunca lo lograremos.

Me pienso Chagall y siento a los ismos encima. Intuyo su infancia en el poblado ruso Vitebsk (7 de julio de 1887). Lo imagino parecido al protagonista de Una vida aburrida, de Anton Chejov o como a Pierre de La guerra y la paz, de Tolstoi. Lo observo soñar Francia, pero también lo imagino un antecedente -aunque nadie lo sepa- de Manuel Venator, protagonista de Eumeswil, Jünger. Me gusta pensarlo un anarco, viviendo un mundo que en el fondo de su corazón no tomaba en serio, aumentando así su libertad creativa, siendo un "soldado voluntario" de la humanidad por tiempo determinado.

Chagall nació en el siglo XIX para ser un hombre del XX. Desde la fecha de nacimiento traía incrustado el futuro; no tenía que esperarlo, el porvenir le pertenecía de antemano. Quizá Francia también.

En 1889 se terminó de construir la Torre Eiffel. En 1895 los hermanos Lumière filmaron su primera película y Sigmund Freud expuso el psicoanálisis. En 1903 sucedió el primer vuelo a motor en el biplano de los hermanos Wright. En 1905 empiezan las revueltas rusas que culminarían en una revolución 12 años después. En 1914 Henry Ford inicia la producción en serie de automóviles, mientras el adolescente Marc ya estaba en París pintando y hablando con Delaunay, y los poetas Apollinaire y Cendrars admiraban sus cuadros.

Imagino a un adolescente tratando de entender el siglo XX, viviéndolo sin tantas preguntas, sólo asimilando, moviéndose en un mundo nuevo lleno de inventos técnicos e industriales que cambiarían radicalmente los conocimientos, las necesidades y la apreciación de la realidad e inventando al hombre. Como si el descubrimiento de los rayos X hubiera sido una metáfora de esta nueva concepción del entorno. La confrontación con una realidad más abstracta de lo que se creía. De pronto, la idea de que todo se podía aprender a través de los ojos, se tambalea, la realidad de antes se superficializa. Y en las artes, los creadores desean quitarle ese velo a la percepción visual, con la intención de "mirar detrás de la apariencia de las cosas", ver el esqueleto del mundo, observar una imagen más real del mundo, por lo que buscaban y experimentaban en otras formas de contemplación y de entendimiento para así desarrollar lenguajes plásticos que pudieran responder a sus cuestionamientos y replantear, así, no sólo el arte sino el tiempo.

Veo a Chagall como una cámara con obturador abierto, asimilando los cambios que atacaban sus sentidos. El auto, el avión el telégrafo transformaron al individuo: la realidad se movía a diferente velocidad desde afuera de cualquiera de estos inventos. Lo imagino aprendiendo las vanguardias, tomando de aquí o de allá para armar interiormente la estructura de un estilo propio.

Ya desde sus comienzos en Rusia el color discreto difuminando un realismo abrupto aparece. De Van Gogh obtuvo una lección de color; del cubismo, la concepción de luz, y de Delaunay, una nueva manera de enfrentar las cuestiones formales, lo que se traduce en un dibujo más firme (tal vez de Matisse aprendió el equilibrio entre dibujo y pintura) y una composición más refinada que desembocará en una plasticidad poética y un simbolismo erótico.

Observo desde este 2000 a un hombre que vivió un siglo; no pienso en su físico ni en el rostro ni en el acento, sino en su cabeza, en una mente que archivó tiempo y sucesos. Imágenes ordenadas y expuestas en una obra rica en expresión. El niño Marc creciendo con los impresionistas, simbolistas y modernistas. El adolescente estudiando los colores exaltados del fauvismo; revalorando las formas plásticas, al igual que los cubistas, y componiendo planos para crear la ilusión del volumen sin recurrir al modelado, a la perspectiva o al claroscuro; corriendo a la velocidad del futurismo. Contemplo al joven Chagall en Berlín en el Primer Salón de Otoño Alemán y en Der Sturm. Lo miro entre dos tierras: Rusia y Francia, el interior y el exterior. Lo trato de entender en contrapunto del ritmo desenfrenado del tiempo, jugando con la atemporalidad de las horas emocionales, con fragmentos detenidos del pasado e incrustados en el presente que dan pie a la sensibilidad aguda y un tanto atormentada de los expresionistas... Y Chagall ahí creando un arte que además de abordarlo como un problema puramente pictórico, lo comprende en la significación misma de la obra. En sus cuadros están los judíos, el terror de la guerra, el dolor, el misticismo... La tragicomedia humana volcada en sus lienzos.

El adulto Chagall en el exilio en Estados Unidos y el futuro aconteciendo en su presente: el nacimiento de la República Federal Alemana, el regreso a Europa, la muerte de Stalin, el primer satélite artificial en órbita (el Sputnik soviético), la revolución cubana, la construcción del Muro de Berlín, la revolución cultural china, el 68 internacional, el hombre en la luna... Y Marc Chagall sometiendo la realidad objetiva y lógica a los caprichosos impulsos del sentimiento, creando líricas representaciones de un mundo entrañable que evocaba las costumbres populares de su Rusia -recreadas con una ingenuidad infantil- mezclando el pasado y el presente, la realidad y la fantasía.

Y vuelvo a pensar a Chagall como a Manuel Venator (Eumeswil) creyendo que la duración de un día no depende del reloj, sino del juego mental lleno de imágenes que acortan el tiempo "porque destierran el hastío a la vez que aumentan los contenidos". Lo imagino muerto el 28 de marzo de 1985 -en el mismo año que comienza la Perestroika- con la ilusión de que en ese instante el tiempo logró condensarse -"y aniquilarse"- para que todo fuera posible, como la luz viva. La luz absoluta

Miriam Mabel Martínez es becaria del Fonca.

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