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Desafiar la gravedad
Laura Ríos
Nunca creas por completo lo que ves.
Hablar de videodanza es referirse a algo que apenas comienza a conformarse como otra posibilidad de hacer arte. Decir que es "nueva" suena pretencioso. Una parte de esta historia se remonta hacia finales de los 50 y principios de los 60 cuando artistas como Nam June Paik, Bill Viola, Bruce Nauman, y más tarde Pola Weiss en México, comenzaron a utilizar una cámara portátil en lugar de pinceles para buscar y crear nuevos paisajes. Se rebelaron y fueron sensibles al brutal irrumpimiento que ahora sabemos -sin duda alguna- tiene la televisión en nuestra vida cotidiana. Se apropiaron de sus recursos. Conformaron lo que se convendría en llamar videoarte. La otra parte de esta historia se relaciona con el arte dancístico y la necesidad de sus creadores de explorar nuevas tecnologías y refrescar así el discurso coreográfico, encontrando otras maneras de jugar con el tiempo, el espacio y el movimiento. Con la videodanza la danza deja de ser efímera, construye un discurso kinético con características propias. Es imposible y sería inapropiado apreciarla como la danza que sucede al tiempo que el espectador está presente. Para algunos, que la energía no fluya en vivo podría constituir una gran limitante, pero la danza para el video no está muerta. Las posibilidades son otras y son infinitas. Con los virados el bailarín puede desafiar la gravedad; con el close-up el espectador se convierte en un voyeur que incursiona en la intimidad; con el long shot puede apreciarse la vulnerabilidad del humano en relación con vastos paisajes; con la edición rápida se puede construir una energía nerviosa; con la reversa unas hojas pueden caer hacia arriba o se puede realizar un movimiento imposible de ejecutar en la vida real. En un encuentro creativo la cámara, la edición y el movimiento se ofrecen para que el coreógrafo construya discursos en busca de otros contenidos y formas con más posibilidades de lectura que finalmente quizá lo único que pretendan es atender a las exigencias de una realidad que se antoja cada vez más compleja. En México como en otras partes del mundo la videodanza comienza a tener auge y ha comenzado a ser vista en festivales exclusivos de este género. Así, la danza amplía sus horizontes, atrae a nuevos espectadores y recupera a los perdidos, contagiándolos de la energía creativa que anda circulando por el mundo. Tal es el caso de la Jornada de Videodanza que se llevará a cabo en la Cineteca Nacional (Av. México-Coyoacán 389) con tres programas cuyo plato fuerte es el trabajo hecho por coreógrafos y videoartistas contemporáneos mexicanos. Las fechas son 31 de marzo, 1 y 2 de abril Laura Ríos es coreógrafa y bailarina, forma parte del proyecto interdisciplinario Vidrio negro. |
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