![]() |
el país | el mundo | dinero | columnas |
| gente | ciberia | águila y sol | medios | |
| ensayos | mañana | libros | cultura | |
| tianguis | espectáculos | etcétera | ||
|
columnas |
||||
|
barandal por los caminos de sancho bahías la hidra textos el hombre aproximativo guía de perplejos espejos
|
textos Heridas abiertas
Jorge Carpizo
Lo acontecido en el último año en la Universidad Nacional Autónoma de México es una verdadera tragedia, no sólo para ella sino para la universidad pública. El conflicto deja a una comunidad dividida, con profundos antagonismos. El dogmatismo y el maniqueísmo se han anotado una victoria. Restañar heridas resulta un imperativo que no es fácil lograr rápidamente. La Universidad ha mostrado -una vez más- qué débil es ante los embates del gobierno, de partidos políticos y de organizaciones sociales. La autonomía ha sufrido el ataque de la barbarie por parte de quienes no tienen respeto alguno para la institución sino que intervinieron y siguen interviniendo para ver qué ganancias se llevaban o se llevan en el río revuelto. El diálogo como instrumento para resolver diferencias entre los universitarios fracasó en esta ocasión. En nueve y medio meses no hubo acuerdo ni sobre el método para poder efectuarlo. Las pocas reuniones que se realizaron estuvieron plagadas de insultos, reclamaciones e intransigencias. Todo lo contrario al sentido universitario. La tolerancia sólo se notó por su ausencia. El conflicto comenzó como un diferendo respecto al aumento de las cuotas y se esgrimió como principal argumento el artículo tercero constitucional. Al poco tiempo el pliego petitorio había aumentado a seis puntos. A pesar de que el movimiento estudiantil logró en gran parte la satisfacción de sus demandas, el conflicto continuó y el diálogo no prosperó. Triunfó la intransigencia donde debe reinar la razón, el respeto y la tolerancia. Muchos de los mejores alumnos de la UNAM -tengo información sólo respecto a las carreras de ciencias sociales y de humanidades- han emigrado a otras universidades. Muchos de ellos eran la semilla con que se nutren los institutos de investigación. Representantes del personal académico mediocre y frustrado se hicieron presentes en el conflicto. En épocas tranquilas no tienen ninguna posibilidad de sobresalir; son las épocas agitadas cuando obtienen un "ratito de gloria" y las aprovechan para sus intereses personales a costa de la institución. Las inconformidades y los desasosiegos sociales -que son muy reales y algunos muy justificados- encontraron un terreno propicio en el conflicto de la UNAM en el cual muchos jóvenes participaron como una forma de manifestar sus temores ante un futuro por demás incierto en el aspecto personal y profesional. El plebiscito que constituyó un ejercicio democrático ejemplar -y que debería ser un ejemplo para la nación- no sirvió para resolver el conflicto. Una vez más se comprobó que a la democracia algunos dirigentes le dan únicamente valor si les conviene; se esgrime la bandera de la democracia para avasallarla. En realidad no se cree en la democracia; la palabra se utiliza como medio para apoderarse de una institución, una organización o un país y una vez logrado lo anterior, instaurar la dictadura y la antidemocracia. La historia no miente. A la UNAM le esperan meses de "activismo político". Ojalá me equivoque pero lo que viene es la solicitud de facilidades y obsequios académicos como "triunfos revolucionarios". En ambos bandos hay personas de buena fe que desean una mejor Universidad que pueda superar los múltiples problemas que la aquejan. Sin embargo, lo que se ha conseguido es su debilitamiento académico y su desprestigio. Van a ser necesarios muchos años de esfuerzos para volver a tener el nivel académico de 1999 a pesar de todas las carencias y deficiencias académicas que tenía. Para muchos jóvenes el conflicto de la UNAM de 1999 ha marcado su existencia negativamente; estudiaban con grandes trabajos para llegar a ser profesionistas. Han comenzado a laborar y parece ser que muchos de ellos no regresarán a la Universidad, pues no podían darse el lujo de perder dos semestres escolares. Son quienes menos facilidades para estudiar tenían por carencias económicas. Compárese esta situación con la de uno de los dirigentes del movimiento estudiantil, 30 años de edad o más y comiendo en uno de los mejores restaurantes de la ciudad de México. Se persigue pulverizar la autoridad universitaria. Ya se sacrificó a un rector y al actual, que ha actuado con serenidad, espíritu abierto y conciliador, se le ataca sin cuartel; todo pareciera indicar que se quiere doblegar su ánimo para que un gran universitario entregue las llaves de la casa de estudios a la antiuniversidad. No lo van a conseguir. De ello no tengo duda alguna. Nada de lo que ha pasado es novedoso. Es una película que, por desgracia, ya hemos contemplado en múltiples ocasiones en América Latina y en varias universidades mexicanas en la década de los 70. Los costos para esas universidades fueron enormes. Algunas personas que entonces fueron protagonistas de esos proyectos de universidad-pueblo o universidad-partido, las volvemos a encontrar en el actual conflicto de la UNAM. Considero que nuestra Universidad puede y debe salir adelante, si la gran mayoría del personal académico lucha por recuperar niveles académicos, si no permite que personas o grupos ajenos a la institución decidan su destino, si saben inculcar en sus estudiantes el amor por nuestra casa de estudios y el genuino anhelo de superación, si están decididos a participar más en las decisiones universitarias, a ser más rigurosos en los aspectos académicos y a anteponer los intereses de la UNAM a los particulares o de grupo. Los meses y años por venir deben ser de transformaciones profundas para fortalecerla académicamente. El saldo positivo que el conflicto puede tener es que en la conciencia de todos está que la UNAM nunca será la misma de la de marzo de 1999. Habrá de ser mejor, una institución renovada para servir, con mayores bríos y energía, al país. Una universidad cuyas raíces, tronco y savia sea su superación y la excelencia académicas, si no nuestra querida Universidad estará perdida y con ella, nosotros, los universitarios Jorge Carpizo es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. |
|||
|
|
![]() |