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la granja


Raúl Trejo Delarbre

1 Los mímicos

Foto: Salvador Castellanos/Silva

No se conocen registros documentales, pero dicen que Labastida comenzó al calificar como pendejos a los que hacen el signo de la "V" de la victoria. Al día siguiente, Fox le respondió levantando un enorme guante con ese ademán, pero dejando en alto solamente el dedo central. Ante la grosería del candidato priista, el albur del panista. Así es el tono de nuestras campañas presidenciales.

Esos dos incidentes son algo más que anecdóticos. Permiten constatar algo más que el agotamiento en el discurso de los dos principales candidatos a la Presidencia de la República porque en realidad, ni Fox ni Labastida han conseguido articular un cuerpo de ideas congruentes al que se pueda considerar programa de gobierno. Lo que se comprueba es el nivel infracivilizado en el que se quedarán las campañas de este año y quién sabe cuántos más. Reducida al intercambio de improperios al menos en sus expresiones públicas más relevantes, la política mexicana se queda en las manifestaciones más catárticas.

De poco sirve lamentarlo. Pero si no dejamos de deplorar ese nivel ni siquiera arrabalero, sino de párvulos que parecieran enfrascados en una competencia de insultos pueriles, las consecuencias serán peores, más temprano que tarde.

 

2 ¿Qué publicar?

La expresión soez de Labastida, hasta donde sabemos, no fue transmitida en los medios electrónicos aunque varios reporteros en la radio aludieron a ella. El diario Reforma la publicó dos días después y no fue desmentido. Así que puede considerarse que fue dicha, en voz alta y en público.

El primer problema que plantea esa retórica del insulto es eminentemente práctico, pero no se resuelve de manera sencilla. ¿Cómo pueden los medios difundir expresiones altisonantes, que en sentido estricto violan las leyes de Radio y Televisión y de Imprenta? Claro que los medios no suelen ser precisamente cuidadosos para cumplir esos ordenamientos, pero no deja de ser heterodoxo que en los espacios de información política se difundan palabrotas y ademanes vulgares.

Foto: Gregorio Arteaga

El segundo problema ante una expresión como la que según parece manifestó Francisco Labastida es, ahora y en el mediano plazo, de talante político. ¿Qué puede esperarse de un gobernante que se enardece tanto que, ante un ademán empleado por su rival, se pone a despotricar y a decir barbaridades?

Puede reconocerse que el candidato del PRI está sometido a una enorme tensión. Su campaña no acaba de despuntar y la de su rival principal avanza tanto que algunos consideran que ya le empareja en las intenciones de voto.

Su equipo no ofrece resultados, y a menudo parece estar más consumido por las rivalidades internas que en diseñar una estrategia eficaz. No sólo eso: todo parece indicar que los priistas no encuentran el tono pertinente para responder a las bravuconerías de Fox.

 

3 Exasperable

Así que las cosas no son fáciles para el licenciado Labastida. Nadie supuso que fueran a serlo. Pero en las campañas políticas, al mismo tiempo que se forjan la experiencia y la perspicacia de los gobernantes, se advierten el temple y las aptitudes básicas que son capaces de manifestar, especialmente en situaciones límite.

Hasta ahora, a juzgar por incidentes como el que comentamos, el ex gobernador de Sinaloa ha manifestado una preocupante tendencia a la exasperación. Es de humanos enojarse. Incluso, es de sabios disgustarse de manera explícita. Pero si alguna cualidad tendría que distinguir a los políticos contemporáneos, ésa es la tolerancia.

Nunca como ahora es evidente que en la sociedad mexicana coexisten opiniones, tendencias y perspectivas diferentes, a veces incluso contradictorias. Hacer política es reconocer esas discrepancias y admitir que no puede haber consensos si no es en ellas y a veces incluso con ellas. La expresión de Labastida puede ser excepción en medio de una campaña difícil. Ya se verá, en las semanas próximas, si el candidato presidencial del PRI se deja llevar por la exasperación, o si es capaz de contenerla.

 

4 Los no decididos

De la campaña rival es más difícil aguardar cambios. El discurso de Fox, con todo y lo cuestionable que pueda ser, sigue resultando electoralmente eficaz. Quizá en breve llegue a su límite y entonces, los tropiezos comiencen a ser más que los aciertos. Pero esa es solamente una posibilidad. Mientras, el hecho es que hay casi tanta gente que quiere a Fox como Presidente, que aquella que quiere a Labastida. Y el candidato del PRI también puede haber llegado a su máximo posible de aceptación preelectoral.

Probablemente, el resultado del 2 de julio se defina en las cuatro o cinco semanas próximas. Cada uno de los dos principales candidatos ha consolidado una clientela electoral que, si no ocurre nada extraordinario, se mantendrá en torno a ellos. En esas condiciones, los votos que definirán la Presidencia de la República surgirán de los ciudadanos que todavía no deciden a quién apoyarán.

En ese dilema serán importantes los sufragios ahora comprometidos con Cuauhtémoc Cárdenas, pero no sólo esos. La base social de Cárdenas se encuentra apenas arriba de su mínimo histórico: la gente que hoy asegura votará por él es la misma que suele apoyar al PRD en cualquier circunstancia. Los votos realmente codiciables por priistas tanto como por panistas, son los de aquellos ciudadanos sin compromisos o simpatías partidarias ya definidas.

 

5 Sin palabras

Foto: Santiago Salmerón

El de esos mexicanos es el sufragio que ahora se disputan Fox y Labastida. Uno de esos candidatos, el aspirante panista, esgrime fanfarronadas un día sí y el otro también. Lo peor de todo es que sus simpatizantes se las aplauden y los medios las difunden con notoria alegría. El otro, el candidato priista, responde con arrebatos y desplantes de intolerancia.

Pareciera que Fox ya le tomó la medida a Labastida, aunque el tono final de las campañas se definirá en las siguientes semanas.

Si las cosas siguen como hasta ahora, en vez de discursos los candidatos exhibirán gestos. En lugar de asesores capaces de escribir ideas notables, o frases llamativas, los candidatos necesitarán mimos para que los asesoren en habilidades como las que con tanto desplante histriónico hizo afamado a Marcel Marceau. Serían campañas singulares: la impolítica de los gestos, el fracaso de las palabras que son el instrumento privilegiado del raciocinio. Así están las cosas

 

Correo: rtrejo@etcetera.com.mx

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