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nostalgia DF: Hagan sus apuestas
Julián Andrade Jardí
En la capital no hay nada para nadie. El virtual empate entre Jesús Silva Herzog y Andrés Manuel López Obrador no debe hacernos perder de vista el empuje de la campaña de Santiago Creel, quien continúa en la pelea. Ni hablar, estamos empeñados en coberturas estilo carreras de caballos, porque es lo que al público le interesa. Es poco probable que un sector relevante se esté fijando en las ideas. El estruendo y el marketing oscurecen cualquier posibilidad de diálogo. Pero tampoco es cierto que nos encontremos campañas carentes de ideas, Jesús Silva Herzog, por ejemplo, ha insistido en que el DF se ocupe de la educación, asumiendo, con esto, un compromiso que tienen todos los estados de la República. También señaló que es necesario concluir el Acuaférico y las vialidades alternativas, como la de un segundo Periférico. Hay que recordar que el PRD canceló todas estas obras por considerarlas poco adecuadas o porque atentaban contra su clientela, como en el caso de la construcción de una carretera que conectaría al Ajusco con la salida a Toluca, pasando por Contreras. El gran lastre, en todo caso, es ese priismo cavernario que hace su aparición de tanto en tanto, disfrazando de pepenador o de porro de la ODED. La de López Obrador es una campaña enfocada a los sectores marginales de la población: "Primero los pobres". La estrategia no es mala. Quienes viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema son cada día más y en ellos el discurso de terminar con una política económica que los condena al atraso puede ser más que interesante. Lo anterior se acompaña con las promesas de "decir la verdad" sobre Fobaproa y de instaurar un gobierno austero. Por ello, quizá, es que Andrés Manuel ha señalado que no se instalará "de ganar la contienda" en la casa de Las Ajaracas y que continuará en su "pequeño departamento" de Copilco. Controlar al perredismo clientelar y soportar el mal gobierno de Cárdenas quizá sean las dos tareas más urgentes del PRD capitalino, pero si uno atiende los discursos se dará cuenta de que la autocrítica no es una de sus virtudes. Santiago Creel nos ofrece un gobierno ciudadano que pueda recuperar la ciudad. En cada oportunidad, Creel expone su pasado como abanderado de causas ajenas a los políticos, aunque él, en esencia, sea uno de ellos. Cuando debaten los candidatos, es Creel el mejor librado, porque no carga con la pesada losa del viejo priismo, que Silva Herzog y López comparten. Creel sostiene: "Yo tuve la oportunidad de ser parte de la transformación política de mi ciudad y, en cambio, se le debería preguntar a Andrés Manuel López Obrador y a Jesús Silva Herzog dónde estuvieron cuando dimos la batalla por la reforma política del DF en 1993". Pero Creel, además, centra su discurso en la construcción de mayor obra pública, en el uso inteligente del gasto y en una política fiscal que pueda promover que la iniciativa privada colabore con las necesidades de la ciudad. Los partidos pequeños intentan sobrevivir en el oleaje de las campañas amarradas al dinero. Tere Vale y Alejandro Ordorica tienen una cartera de propuestas interesantes, pero eso no alcanza. En el caso de Vale habrá que ver cómo se toma el electorado que el candidato al Senado sea un ex banquero, Agustín F. Legorreta. Como se ve el cierre será cardiaco, porque no hay nada para nadie y el voluble electorado capitalino puede darnos la sorpresa Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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