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por los caminos de sancho

Publicidad oficial
Y la ideología del mercado

Renward García Medrano

De gente bien nacida es agradecer
los beneficios que reciben y uno de los pecados
que más a Dios ofende es la ingratitud.

Vivimos en una economía de mercado y nos invade la ideología del mercado. Economía e ideología que privilegian la competencia como vía para la supervivencia y el éxito y reducen al gobierno a ejercer las funciones ortodoxas, promover la infraestructura y ejecutar la política social.

Practicante de la economía de mercado, el gobierno vendió o cerró sus medios de comunicación, no por su baja calidad -generada por el burocratismo que los ahogaba- sino porque no eran competitivos: Imevisión nunca pudo disputar "nichos" de auditorio a Televisa; El Nacional nunca tuvo la penetración de Reforma y Tiempo no soñó con el tiraje de Proceso. Los tres trataron de servir al Estado pero fueron maniatados por la burocracia y despreciados por los funcionarios. Los reporteros de esos medios eran bajados del avión en las giras oficiales cuando hacían falta espacios y rara vez tenían acceso a algo más que los boletines. ¿Qué objeto tenía conservar esos medios?

Creyente de la ideología de mercado, el gobierno no quería poseer medios de comunicación, aunque está obligado a satisfacer el derecho de la sociedad (¿y de los negocios?) a la información. Los medios del gobierno jamás recibieron el 5 o 10% de la publicidad que el gobierno "dio" y "da" a los privados.

El peor veneno para el mercado son los subsidios. Subsidiar indiscriminadamente la tortilla es contaminar el mercado. Subsidiar a las empresas inhibe su competitividad. Por eso se abrieron las fronteras al papel de importación para diarios y revistas y se privatizó Pipsa, lo que provocó la indignación ¡de los mismos empresarios que condenan los subsidios!

El gobierno tiene una partida para publicidad, que debe ser usada para los gastos en esa materia, asociados a sus tareas sustantivas. Con esos fondos inserta información en los diarios sobre los requisitos y calendarios de inscripción en el sistema educativo y difunde orientaciones a la población para prevenir las enfermedades infecciosas.

Las actividades -y gastos- de publicidad deben ser útiles para cumplir las funciones públicas. Así como el gobierno compra vacunas para los niños y pizarrones para las escuelas, debe comprar espacios en los medios para informar.

El gobierno debe comprar medicinas y uniformes de mayor calidad, menor precio y mejores servicios. El funcionario que compra con base en otros criterios incurre en responsabilidades y debe ser sancionado por la Contraloría.

Pues con ese mismo principio debe racionalizar la compra de los espacios de publicidad y si no lo hace violará una norma expresa y usará indebidamente los recursos públicos que le son confiados para ese fin. Debe anunciarse en los medios que realmente circulan entre la población a la que necesita dirigir cada mensaje en particular; no más.

Supongo -espero- que las recientes disposiciones sobre estos gastos tienden a racionalizarlos. Empero, el diario Reforma, con la complacencia de muchos otros medios, desató una feroz campaña contra Notimex, canal transmisor de las páginas de publicidad a los medios escritos. ¿Por qué? Porque los fondos para publicidad oficial -y las concesiones, permisos, etcétera- se han usado tradicionalmente para dispensar favores a los medios en espera de recibir favores a cambio. En la jerga de las oficinas de prensa no se dice "comprar" espacios de publicidad sino "dar" publicidad. Los reporteros suelen recibir un porcentaje de la publicidad que les "dan" las oficinas de prensa, lo que representa el grueso de sus ingresos, como las propinas para los meseros. ¿Cómo pueden ejercer su oficio con libertad?

Lo que a Reforma le sobra es publicidad privada. ¿Por qué entonces atacar la ordenación de los gastos en ese renglón y ensañarse con Notimex? No porque haya descubierto alguna irregularidad sino, supongo, por motivos de principio; por el fundamentalismo antiEstado que conlleva la ideología del mercado

Renward García Medranoes periodista.

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