![]() |
el país | el mundo | dinero | columnas |
| gente | ciberia | águila y sol | medios | |
| ensayos | mañana | libros | cultura | |
| espectáculos | etcétera | |||
|
columnas |
||||
|
por los caminos de sancho nostalgia la hidra el revés de la trama barandal guía de perplejos máquina de luz
|
bahías Rounds de sombra
Rafael Cordera Campos
Creo que tienen razón quienes han señalado que, hasta ahora, lo mejor de los debates se ha presentado de manera virtual, es decir, a través de un montaje televisivo realizado o producido a partir de que, de manera individual, cada uno de los seis candidatos a la Presidencia responde o hace propuestas ante temas y preguntas expresas. Por ahora es así sobre todo porque como se puede demostrar, en los contados encuentros que algunos políticos han sostenido hasta estos días, lo que más han dejado ver es su casi exclusiva proclividad al boxeo "en corto", más con estilo de fajadores que de boxeadores con capacidad técnica y habilidades reconocidas. Sí ha habido debates pero la mayoría de ellos acerca de meras tonterías. Acusaciones mutuas, las más de las veces sin fundamentos o pruebas, calificativos de sobra. A gritos y (casi) sombrerazos, quienes se han atrevido a "discutir" hasta ahora no han mostrado más que el cobre. No han sido capaces de demostrar ni capacidad de análisis ni propuestas de solución de los problemas más sentidos y también de los estratégicos en la perspectiva del desarrollo nacional. De seguir esas pautas, será mejor que las televisoras organicen los demás debates, aunque para que sean atractivos también deban ser virtuales. Es una pena(y un horror) que no haya llegado el día en que además de los chismes, los dimes y diretes, haya un poco a propósito de las cuestiones sustantivas que atañen al futuro de la nación. Conozco la opinión de algunos de nuestros politólogos más destacados en los medios impresos, que subrayan su extrañeza por considerar el ambiente prevaleciente como dañino y horroroso. Pero no estoy de acuerdo con esa expresión, precisamente porque tal vez la misión más importante de la opinión hecha a través de los medios a la sociedad sea la de elaborar y presentar posiciones críticas particularmente de la política y de los políticos. Si en México no existiera talento intelectual, si tampoco se conocieran proposiciones programáticas alternativas, si no hubiera un mundo académico plural y con capacidad intelectual y científica, un ambiente donde predominan los gritos, las ofensas y los señalamientos de todo tipo no sería, de ninguna manera, horroroso ni extraño. Pero en el México de hoy, con esas características y otras más, lo que se debe hacer es, por lo menos por salud mental, ejercer la crítica y hacer públicas las proposiciones para recuperar el mínimo de terreno. Ni el peso que pudiera tener para muchos el ejemplo de las campañas en Estados Unidos, o su ambiente político y mediático, puede justificar lo que aquí andan haciendo nuestros políticos. Si bien es cierto que tanto éstos como sus partidos han presentado sus propuestas (y plataformas), también lo es que no han tenido el peso que ameritan para atraer la atención de los medios, por encima de lo que se dicen, de sus ataques personales, diarios. Faltan poco menos de cuatro meses para llegar a la encuesta definitiva. El 2 de julio se abrirán las urnas y se contarán los votos y entonces sabremos qué tuvo más peso a la hora de que el ciudadano común deposite su voto. Aparecerán los análisis acerca de las campañas, los estilos, las encuestas y las preferencias ciudadanas. Entonces también podremos concluir lo que espera en el futuro al país. Por lo pronto, lo que no se puede dejar de hacer es precisamente insistir que hace falta poner en el centro el debate de ideas y propuestas. Es necesario no eliminar la mercadotecnia sino lograr que ocupe el lugar que merece, que no es el de sustituir a la política. A ésta tienen la obligación de reivindicarla primero los políticos y si eso no lo hacen, difícilmente alguien o algo podrá sustituirlos. No hay democracia que no se sustente en un sistema de partidos políticos. Pero hay sistemas que deben demostrar que sus partidos también pueden estar a la altura de las necesidades de la sociedad y del desarrollo. Tal vez al nuestro le esté pasando eso: debe demostrar que puede con las exigencias y expectativas que surgen desde la sociedad y el Estado. Ese es, al parecer, uno de los grandes retos de nuestros políticos y dirigentes nacionales, de los partidos políticos que los proponen y sustentan. El reto de demostrar que pueden llevar a buen puerto los litigios entre ellos y que se dan también en el ámbito social. Solamente los ingenuos o los soberbios pueden sentirse al margen Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
|||
|
|
![]() |