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El milagro Tailandés

María Cristina Rosas

"El pastelazo que recibió Camdessus
en Bangkok es considerado como
algo muy merecido"
Foto: El País

La ciudad tailandesa de Bangkok fue sede de una esperada reunión donde se debatió la operatividad de la eterna propuesta de que el comercio es una vía para alentar el desarrollo. La reunión en cuestión fue la Décima Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD X), celebrada del 12 al 19 de febrero de este año. Al encuentro asistieron delegados de la mayor parte de los países del mundo, representantes de organismos no gubernamentales y directores ejecutivos y secretarios generales de los principales organismos internacionales intergubernamentales como Kofi Annan, Michel Camdessus y Mike Moore, entre otros. Si bien los debates efectuados en el seno de la UNCTAD X no alcanzaron el nivel de conflicto presenciado hace unos meses en Seattle con motivo de la Tercera Reunión Ministerial de la Organización Mundial de Comercio, sí se produjeron algunos enfrentamientos, especialmente entre activistas de ONGs, y autoridades gubernamentales o representantes de organismos internacionales intergubernamentales. Uno de esos incidentes, el ahora célebre pastelazo contra Michel Camdessus, director saliente del FMI, que seguramente no endulzó la despedida de este controvertido funcionario, fue ampliamente publicitado.

Y fue justamente Camdessus quien encabezó los elogios al gobierno de Tailandia por el esfuerzo efectuado en la contención de la crisis financiera asiática iniciada hace tres años, la cual contagió a diversos países del área: Corea del Sur, Indonesia y Malasia. Camdessus señaló que "Tailandia se había graduado con mención honorífica de la escuela de reformas económicas del FMI" debido a que el país logró transitar en sólo 30 meses de una profunda recesión a una tasa de crecimiento de 4%, que se espera se concrete en el transcurso de este año.

Efectivamente, en las calles de Bangkok puede observarse parte de la recuperación de costumbre, con los embotellamientos típicos de hace tres años y una cantidad inusitada de automóviles nuevos. Sin embargo, cuentan quienes gozan de memoria histórica que en el verano de 1997 la situación era muy distinta. La crisis que puso de rodillas a una de las economías de más alto crecimiento en el mundo fue catalizada por el colapso del más importante consorcio financiero del país: Finance One.

A lo largo de los 90, el país disfrutó de un auge sostenido, en parte por los créditos blandos otorgados por empresas como Finance One alimentados por inversiones extranjeras de cartera que buscaban elevar sustancialmente sus ganancias. Pero cuando Finance One anunció su quiebra en mayo de 1997, los inversionistas empezaron a cuestionar la estabilidad del mercado financiero tailandés y retiraron sus fondos.

Dos meses después de que Finance One se colapsara, el gobierno dejó de respaldar el bath y lo devaluó en 20%. La crisis se extendió muy pronto a los países vecinos; los inversionistas retiraron sus capitales de la región, así las bolsas de valores y las divisas locales sufrieron una caída espectacular. Ello obligó a los gobiernos de los otrora tigres asiáticos (convertidos ahora en simples gatos de callejón) a acudir al FMI para solicitar créditos que les permitieran resolver los problemas económicos más apremiantes.

Hoy, los expertos señalan que todos los países de la zona, quizá con la excepción de Indonesia, se están recuperando, y el FMI "cacarea el huevo" o su supuesto triunfo, al insistir en que fue él quien sugirió las reformas económicas efectuadas para estabilizar a las atribuladas economías del sureste de Asia. Empero, para los tailandeses el visto bueno del FMI no es motivo de orgullo, dado que consideran que la economía tiene una fragilidad tal, que en cualquier momento podría desplomarse de nuevo.

La bolsa de valores de Tailandia aún no ha recuperado los niveles de rentabilidad que tenía en mayo de 1997 y a principios de febrero del presente sufrió un nuevo retroceso. Ello lleva a que los tailandeses cuestionen las aspirinas fondomonetaristas. La economía fue de las más golpeadas con la crisis y el PNB aún tiene que recuperar los niveles de precrisis. Muchos culpan de la severidad de la recesión al FMI y a las políticas económicas que indujo en Tailandia -por ejemplo, el recorte del gasto gubernamental y la elevación de las tasas de interés para defender el tipo de cambio, entre otras-.

Los Bangkok Boys (los economistas ortodoxos que aplauden las políticas del FMI) consideran que la recesión habría sido más severa si Tailandia no hubiese aplicado las dolorosas medidas referidas. Y van más lejos cuando afirman que si el FMI hubiera prescrito políticas monetarias y fiscales rígidas, la economía tailandesa no habría decrecido 10% en 1998.

De hecho, los tailandeses ven con recelo a su vecino Malasia, que criticó severamente al FMI, impuso controles a los flujos de capital especulativo y abandonó la austeridad fiscal. El FMI y el gobierno estadounidense son enemigos de la idea de controlar los flujos de capital con el argumento de que acciones de este tipo los ahuyentan. Y dado que Malasia junto con Hong Kong han sido los países que más lentamente se han recuperado, los Bangkok Boys y la ortodoxia fondomonetarista han tenido argumentos para presionar a Tailandia. Pese a ello, otros especialistas acotan que la recuperación de Malasia, aunque ha tomado más tiempo, será más sólida a la de países como Tailandia que han seguido al pie de la letra las recetas del FMI.

De hecho, el FMI ha estado revisando las políticas sugeridas a los países agobiados por las crisis y ha dicho que los controles sobre los capitales volátiles pueden desempeñar un papel de poca importancia cuando las divisas nacionales son atacadas. Sin embargo, el FMI necesita que Tailandia se recupere para poder "recetar" a otros la medicina de costumbre.

Mientras Tailandia se graduaba en la escuela de reformas económicas del FMI, el contexto cambió. Siguiendo los ejemplos de Malasia y Corea del Sur, el gobierno de Bangkok fue autorizado para abandonar la disciplina fiscal y contar con un déficit presupuestal para estimular la economía a la usanza keynesiana. Esas vueltas de tuerca, entonces, huelen a que el FMI no tiene todos los hilos.

Si la atención se centra exclusivamente en culpar a las economías nacionales por los errores cometidos, entonces se corre el riesgo de ignorar los indicios de próximas crisis que se gestan en otras partes del mundo. Por ejemplo: es evidente que el sistema monetario internacional debe ser reformado. En momentos en que la crisis agobiaba a los países, la consigna reformista cobra auge. Sin embargo, en la medida en que las economías de la región del sureste asiático se han recuperado, el tema de la reforma al FMI ha caído en el olvido.

Es doloroso y triste constatar que la usura se impone a la racionalidad. Hoy, el tema más debatido por las instituciones crediticias y financieras internacionales es cómo lograr que los países pobres paguen sus deudas externas. Esto llevó a airadas protestas de parte de múltiples delegados presentes en la UNCTAD X, quienes se quejaban de la complacencia del FMI e insistían en la recuperación de las economías, las sociedades viven marginadas sin posibilidades reales de que sus expectativas de vida mejoren.

Por eso, y muchas cosas más, el pastelazo que recibió Camdessus en Bangkok es considerado como algo muy merecido, a pesar de que para millones de seres humanos en todo el mundo que padecen las consecuencias de los planes económicos de austeridad inducidos por el FMI, ningún pastel esté a su alcance

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

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