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¿De quién son los cadáveres?
Entre la veneración y la salud

Jaime Ramírez Garrido

Foto: Juan Pablo Cruz/Visor

El día de su cumpleaños José Antonio González Fernández, secretario de Salud, dio a conocer la propuesta de que todas las personas, y no sólo aquellas que así lo decidan, serían donantes potenciales de órganos, a menos que manifestaran lo contrario. La propuesta causa asombro y reacciones encontradas. Por un lado parece razonable, por otro cimbra uno de los preceptos de civilización y de humanidad que es el rito funerario y la veneración a los cadáveres.

Hace dos años el pensador francés Alain Finkielkraut visitó México y en su conferencia trató el punto: estamos cambiando nuestra manera de habitar este mundo; estamos cambiando nuestras concepciones de izquierda y derecha; nuevos problemas sugieren nuevos retos que tendremos que aprender a pensar desde otros puntos de vista, desde otros esquemas mentales.

En aquella ocasión, Finkielkraut se refirió a una ley que se discutía en Italia en la que, precisamente, se proponía que los cadáveres fueran de utilidad pública, o sea, que sus órganos sean utilizados por quien los necesitara.

El derecho sobre el cuerpo vivo, por una persona adulta, racional y responsable es un asunto que no está del todo aceptado y como prueba está el debate, peor aún la falta de debate serio en México, sobre la interrupción voluntaria del embarazo, entonces, ¿cómo determinar si mi cadáver me pertenece?, ¿pertenece a mi familia?, ¿es expropiable por el bien común? Sin agotar dudas fundamentales y hasta obvias podemos pasar a otro nivel de complejidad mediante la suspicacia: ¿quién y cómo decidirá a dónde, a quién más bien, se irán a instalar mis órganos? ¿Puedo o puede mi familia escoger al beneficiario de la donación? ¿Por qué sí, por qué no?

Por una parte, carecería de sentido común que se deba procurar salvar una o varias vidas utilizando los órganos de alguien que ya murió. Las aproximadamente 100 mil personas que esperan un donante parecerían un argumento contundente por sí mismo.

Por otro lado, un principio de la civilización en todo el registro de culturas del mundo está fundado en los ritos funerarios y en la veneración de los cadáveres, desde las momias peruanas que "convivían" con los vivos hasta los cementerios repletos o las urnas con cenizas en la sala de la casa.

Como la clonación, el problema de la donación es el cruce de diversos esquemas de consideración, pero el problema verdadero es que quizá esos esquemas dentro de los que tradicionalmente hemos solucionado los problemas tradicionales ya no nos sirva para estos nuevos problemas.

La iniciativa cumpleañera de González Fernández, por lo pronto, dispone el principio de un interesante debate que refresca los temas a botepronto en busca del voto

Jaime Ramírez Garridoes encargado de Despacho de la Secretaría General Adjunta del Partido Democracia Social.

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