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por los caminos de sancho Labastida y la educación
Renward García Medrano
Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo,
Me llama mucho la atención que el equipo de campaña del candidato presidencial del PRI, Francisco Labastida, haya sostenido más que de costumbre uno de sus anuncios publicitarios: aquel en el cual el candidato ofrece atención médica para todas las mujeres embarazadas y computación e inglés para todos los niños en edad escolar. Supongo que este anuncio y todos los demás están hechos a partir de encuestas que miden el estado de ánimo de la población, sus percepciones, sus críticas, sus aspiraciones. Sea o no el caso, en el anuncio al que me refiero Labastida asume dos compromisos de política social. El de las mujeres se refiere a una insuficiencia del sector salud; el de los cursos, responde a la creencia que priva entre las clases medias de que el inglés y la computación pueden significar mejores oportunidades de trabajo para sus hijos. Esta suposición está tan extendida, que han proliferado las academias y escuelas, a menudo de ínfima calidad, que ofrecen esos cursos. Aunque no conozco una encuesta confiable al respecto, me parece que la mayor parte de esas escuelas, como en el pasado las de taquigrafía y contabilidad, están lejos de responder a las expectativas de los padres de familia. Empero, el hecho de que una porción apreciable de la gente crea que el inglés y la computación pueden ser la llave de un mejor futuro para sus hijos no es un fenómeno estrictamente comercial ni debiera tener un uso exclusivamente electoral. Es una actitud que dice mucho sobre la percepción que tienen las familias sobre las relaciones entre la educación y el acceso al mercado de trabajo en la actualidad y en el futuro inmediato. Se trata, a mi juicio, de una visión fantasiosa, porque si bien se ha extendido mucho el uso de las computadoras y continuará expandiéndose en los próximos años, no basta con saber "computación" (cualquier cosa que esto signifique) y haber tomado cursos de inglés, para que los jóvenes obtengan un buen empleo. Requieren además una buena formación escolar, profesional o no, que desborda con mucho el manejo de esas dos herramientas. Habría que hacer una lectura más cuidadosa de esa idea que priva en las clases medias. Por una parte, sugiere que siguen pensando que la educación -o mejor dicho, cierto tipo de educación- es la clave para el ascenso de la siguiente generación en la pirámide social, como lo fue hasta los años 70. Por otra, significa que la población no cree que la educación pública ofrezca, en las actuales condiciones, los conocimientos necesarios para ello. El licenciado Labastida y sus colaboradores deben saber que no basta con incluir cursos de computación e inglés en los planes de estudio para adecuarlos a las expectativas de la sociedad y menos aún para que la educación recupere su eficacia como mecanismo para el cambio social. Deben saber que la tarea de largo alcance es una reforma profunda al sistema educativo, no sólo en función del mercado de trabajo actual y previsible, sino también para recuperar los valores cívicos y morales que hacen posible la convivencia humana, como el respeto a la vida, la dignidad, la opinión y los derechos propios y de los demás, la observancia de la ley, el repudio a la violencia en todas sus formas. El inglés y la computación son útiles y quizá necesarios para todos, pero es más lo que hay que cambiar en la educación pública del país. Hace falta convertirla en la base para frenar el deterioro de las instituciones, empezando por la institución familiar, y restablecer las expectativas fundadas de ascenso social que explican el prolongado periodo de estabilidad social y política del país a partir de los años 30. La educación pública, en estrecha relación con la planta productiva, debe ser la vía para abrir opciones reales de vida a los jóvenes de hoy, que son una generación sin esperanzas Renward García Medrano es periodista. |
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