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bahías Andamiaje institucional
Rafael Cordera Campos
En el informe que el señor Genaro Borrego presentó hace unos días ante la LXXXVI Asamblea General Ordinaria del Instituto Mexicano del Seguro Social se expresan cifras que hacen ver como positiva la reforma institucional que él mismo impulsó hace apenas unos años. Se dice ahí que se presentaron servicios médicos a 57% de la población nacional en 1999; el registro de asegurados (14.5 millones de personas) creció 6.7% más que el año anterior; en el caso de los derechohabientes el crecimiento positivo (44.5 millones) fue de 7.8%; ocho millones de nuevos derechohabientes entre 1994 y 1999 (21.9% de crecimiento); se incorporaron voluntariamente 555 mil jornaleros agrícolas en 1999; 316 mil familias al Seguro de Salud para la Familia. El crecimiento es positivo también en materias como el equipamiento e infraestructura; en investigación médica y en modernización tecnológica; en materia financiera y un extenso etcétera. Como el lector lo puede constatar en la publicación resumida del informe (Crónica, 29 de febrero), la reforma emprendida va por buen camino. Tal vez ahora quienes la criticaron -apenas fue anunciada por Genaro Borrego- como un cambio impuesto por el neoliberalismo, la globalización y todos los fantasmas inventados por quienes no pueden ni quieren estudiar las cosas en serio, reconozcan que las situaciones pueden cambiar para bien, que las reformas pueden ser para progresar socialmente y no sólo para "privatizar". Tanto el lector como quien esto escribe podemos sentir que hay avances en materia de seguridad social. El informe nos habla del rescate de una institución que se encontraba literalmente en quiebra y eso es positivo para el país, la sociedad y el Estado; es decir, es bueno para todos. Por eso mismo, vale la pena citar al director del IMSS: "Aquellas instituciones que sigan ancladas a dogmas o tabúes y no se decidan a reformarse corren grave riesgo de dejar de servir o de ser espacios del desorden y la anarquía. El avance democrático lejos de ser un freno a la indispensable renovación del andamiaje institucional de México, debe ser su principal impulsor... Democracia no significa oponerse sistemáticamente e ir en contra de todo aquello que provenga del adversario. Arrogancia es antidemocracia; intolerancia es antidemocracia; confrontación emocional y no búsqueda racional de convergencia es antidemocracia; defender la ilegalidad es antidemocracia y si nos referimos al colmo, a esgrima verbal rijosa y vulgar, tendríamos que decir que es y sólo llega a lamentable remedo de democracia que esconde vacío intelectual y una concepción degradante de la política". Por los datos y cifras, el respaldo a sus conceptos es real. Es un país donde los pobres son más, donde la concentración del ingreso es ofensiva y donde es claro, por lo tanto, que el mayor de los problemas es la pobreza y la desigualdad que le acompaña, vincular el fenómeno social al tema democrático es también abrir una perspectiva programática y estratégica de futuro. Los mexicanos no podremos hablar del establecimiento pleno de la democracia mientras la pobreza abrume a la sociedad, mientras la desigualdad social, regional y económica siga siendo el signo distintivo de nuestro desarrollo nacional. La democracia, en todo caso, produce un mejor ambiente, plural y tolerante entre otras características, para que los problemas se discutan y las decisiones se tomen bajo principios de incorporación y participación sociales y no, por el contrario, con la exclusión que es y será siempre señal de autoritarismo. No encuentro mejor ejemplo que el que hoy se refiere a la UNAM después de una huelga enloquecida. Ahora, después de la intervención de la policía, sobran aquellos que por ello y los fantasmas de siempre, en este caso los del neoliberalismo, aseguran que la reforma que quiere emprender Juan Ramón de la Fuente no es más que para privatizarla. Por supuesto, como cuando se inició la del IMSS, sin ninguna base o documentación de respaldo. Si las condiciones favorables se dan, si llega a existir el buen ánimo entre los universitarios, la reforma transitará, no sin dificultades, hacia buen puerto. Pero empezar a descalificarla sin siquiera escuchar propuestas, no resultará más que en una oposición radical a las necesidades y posibilidades de una reforma académica indispensable. El informe del director del IMSS es un apunte importante y debiera inscribirse en la estrategia de la reforma de las instituciones públicas (y también privadas) que México requiere para enfrentar los retos que ya llegaron. Ojalá y que, por lo menos, los que aspiran a gobernar al país a partir del 2001 tomen nota de ello y nos empiecen a hablar de cosas y temas serios, porque de lo contrario nos vamos a aburrir todavía más Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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