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exposición

Una vez más, Diego

Miriam Mabel Martínez

"Represión"
Foto: Edmundo López

Si se cobraran regalías cada vez que se pronuncia el nombre de Diego Rivera, sus descendientes encabezarían la lista de Forbes de los más ricos del mundo. La figura de este muralista se ha convertido en icono de la cultura nacional del siglo XX, hombre revolucionario, progresista, creativo... Su amor por Frida Kahlo, sus amantes, los murales, su vínculo con las personalidades internacionales de la época, su físico y overol, los enormes zapatos... Rivera es una de las imágenes más explotadas; al igual que Frida se ha convertido en una postal o, peor aún, en un lugar común; sin darnos cuenta, el sobreuso lejos de exaltar, desgasta. La ley de la oferta y la demanda. La mercadotecnia al servicio de las artes plásticas ha posicionado la firma Rivera en las bolsas del mundo, y los valores plásticos han sido relegados.Todos sabemos que en Palacio Nacional hay murales de Rivera, que pintó a Silvia Pinal y a Dolores Olmedo, que su estudio en San Angel lo construyó O`Gorman o que Elena Poniatowska ofrece una versión doblemente femenina (ojos de Angelina Beloff y los propios) acerca de Rivera, el amante en el librito Querido Diego te abraza Quiela. Si en los tiempos rimbombantes de los 30 hubiera existido una publicación como Hola, seguramente Diego Rivera hubiera sido portada varias veces, pero nada de esto importa, lo interesante es que pese a que creemos conocer a Rivera de pies a cabeza, aún existen muchas cosas por ver y, sobre todo, la mayoría por remirar, recontemplar.

El Museo de Arte Moderno exhibe Arte y revolución, que reúne obra de caballete de Rivera, donde puede apreciarse el talento como dibujante, su exactitud en la composición y el estilo personal de líneas fuertes y agresivas; estos rasgos también existen en sus murales; sin embargo, esa monumentalidad sirve para expresar detalles o para sobresaltar rasgos, pero en la obra de caballete el trazo se sirve a sí mismo. De pronto, el tema pasa a un segundo plano y la forma plástica, los juegos de color, el lápiz evocado dominan el cuadro y retienen la mirada.

Y cuando parece que hacer una exposición sobre Diego Rivera está de más, nos damos cuenta que no está de más verla y conocer su trabajo antes de volver a pronunciar su nombre

Miriam Mabel Martínezes becaria del Fonca.

Diego Rivera, Arte y revolución, Museo de Arte Moderno. Hasta el 19 de marzo, 2000.

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