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En casa

María Cristina Rosas

Foto: El País

Al igual que Lázaro, Augusto Pinochet se puso de pie y caminó al arribar a su natal Chile, resucitado entre los muertos, o casi muertos, gracias al milagro gestionado por el ministro del Interior de Gran Bretaña, Jack Straw, quien dispuso que el general y también senador vitalicio pudiera volver a su país por razones humanitarias. Los informes médicos que insistían en la senilidad de Pinochet y en su incapacidad para sobrevivir a un juicio en su contra se diluyeron en el momento en que el personaje en cuestión abandonó la silla de ruedas. Quienes dudaban de la veracidad de los reportes de los doctores que examinaron en Gran Bretaña a Pinochet cuentan, ahora más que nunca, con elementos suficientes para rebatir ciertas premisas por demás dudosas.

Otro secreto a voces son las negociaciones efectuadas entre Santiago, Madrid y Londres para lograr la liberación del general golpista aprovechando el cambio de gobierno en Chile: el próximo 11 de marzo Eduardo Frei entregará la estafeta a Ricardo Lagos, quien heredará un entorno político delicado, en buena medida gracias a las protestas de quienes consideran que las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante el régimen de Pinochet deben ser sancionadas, y también debido al fortalecimiento de las fuerzas armadas chilenas, que recibieron al general con honores. De hecho, todo este episodio revitaliza a las fuerzas armadas al ponerlas de nuevo en el centro de la política chilena demostrando que su influencia sobre el poder civil es decisiva.

Pero también hay perdedores en este contexto. Ricardo Lagos parece la víctima más visible, mas no la única. Su victoria electoral -influenciada en buena medida por quienes presagiaban el regreso del senador vitalicio- fue también una petición clara de justicia, asumiendo que Lagos, quien es socialista, tendría razones de peso para llevar adelante el desafuero y un posible juicio político contra Pinochet.

Empero, evidentemente el regreso de Pinochet complica la gestión que Lagos está por iniciar. José Miguel Insulza, ex ministro de Asuntos Exteriores de Chile y futuro ministro del Interior en el nuevo gobierno, si bien ha actuado de manera ambigua (gestionó el regreso del ex dictador en los primeros meses de la controversia, pese a que, años antes, Insulza vivió en México justamente como refugiado político debido a que huyó de Chile en los tiempos del gobierno de Pinochet) se enfrenta quizá al reto más grande de toda su carrera política: mediar entre el ejército y la sociedad agraviada, sin que ello deteriore sensiblemente las relaciones internacionales de Chile.

Varios líderes de la Unión Europea, originalmente invitados para atestiguar la investidura de Ricardo Lagos el próximo 11 de marzo, han cancelado su viaje, en protesta por la liberación de Pinochet. Lionel Jospin, primer ministro francés, encabeza la lista y el presidente de Italia, Massimo D`Alema, podría seguir sus pasos. Es inevitable que diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos presionen a los gobiernos del mundo para aislar a Chile en estos momentos.

Otra vertiente de análisis, naturalmente, es la manera como la liberación de Pinochet afectará las relaciones de Gran Bretaña y España con el resto de la Europa comunitaria, donde el tema de los derechos humanos es sumamente sensible. Para muchos líderes europeos, la liberación de Pinochet sienta un mal precedente en momentos en que se cuestiona la operatividad de la Corte Penal Internacional y otras iniciativas encaminadas a castigar a aquellos regímenes que han violado los derechos humanos o atentado contra la democracia. Es posible que el retorno del senador vitalicio a su país envíe señales equivocadas a personajes como Lino Oviedo y otros más, en el sentido de que no importan las atrocidades en las cuales se hayan visto involucrados: los arreglos políticos pueden favorecerlos en determinadas circunstancias. Hoy Oviedo se encuentra en su natal Paraguay y Pinochet ya está en Chile, con una agenda política que muchos consideraban superada y cosa del pasado. Desafortunadamente, el pasado se encuentra tan presente en las sociedades latinoamericanas, que asusta

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

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