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el santo oficio

Recuerdos

José Luis Martínez S.

En la oscuridad de su celda, en una noche de luna nueva el cartujo piensa en Malkah Rabell. Recuerda su sonrisa e impecable sentido del humor, sus visitas semanales a la redacción de Espectáculos de El Nacional, donde a principios de los 90 -ya la hermandad lo ha escrito otras veces- comenzó a colaborar después de haber militado largos años en El Día... Ahí fincó nuevas amistades, otros afectos: Josefina, Elena, Xavier y Fernando aprendieron muy pronto a quererla y hacerle compañía. Porque Malkah estaba sola, distanciada irremediablemente de su hermana Fanny -su única familia- por motivos de los cuales prefería no hablar... Con el tiempo comenzaron las evidencias del abismo al cual se acercaba... Siempre elegante, una ocasión llegó al periódico para entregar su artículo semanal; luego de bromear un rato con Elena y Jose, se marchó. Regresó poco después, nerviosa, angustiada: no sabía cómo llegar a su casa, se le había olvidado dónde vivía... Jose la acompañó y estuvo con ella en su departamento hasta lograr tranquilizarla, pero la advertencia era evidente. A partir de entonces su memoria comenzó a ser cada vez más frágil, más precaria, pero no por eso dejó de hacer esa columna cuyo nombre -ocurrencia cartuja- nunca le gustó: Primera lectura, donde bordaba su irremediable pasión por el teatro. Eran dos cuartillas escritas a máquina, las cuales siguió entregando incluso cuando dejó de salir a la calle, porque sus extravíos eran ya tan constantes como peligrosos...
Lilia Prado
Foto: Somos
Jose fue comisionada para ir a recoger su colaboración y platicar con ella, para rescatarla un momento de su naufragio... Hace algunos meses Elena y Fernando la visitaron, no pudo acordarse de sus nombres, apenas reconoció sus rostros, pero se alegró de verlos. Comprendieron su infortunio y agradecieron la lealtad de quien la cuida. Desde entonces el trapense no había vuelto a saber de ella, hasta el pasado jueves cuando la reportera Elda Maceda le informó de una función de teatro en beneficio de Malkah, "quien padece Alzhaimer", le dijo... El contrito monje no sabe si desea estar ahí -verla nuevamente, quizá- o prefiere evocarla con su sonrisa intacta y la ironía a flor de piel, con el prodigio de una memoria ahora perdida en el mar de las tinieblas -como dijera José Emilio Pacheco de Iris Murdoch, otra víctima de ese mal-. Mientras reflexiona lee su libro Decenio de teatro, 1975-1985; la presentación de este volumen esboza datos biográficos en los cuales se soslaya su nacimiento en Polonia en 1921, su verdadero nombre: Regina Rabinowitz, y su arribo a México en 1937. En cambio consigna su intensa actividad intelectual en Argentina -donde vivió de 1946 a 1957- y sobre todo subraya la aparición de su primera novela, En el umbral de los ghettos, celebrada con entusiasmo por José Revueltas, quien escribió: "No es frecuente, nada frecuente, encontrar y de una manera tan súbita, milagrosa casi, a un escritor que sin proponérselo, o como sin proponérselo, llegue a encontrar el límite justo, cabal, artístico, de su mejor inquietud"... LA REVISTA SOMOS atrapa y devuelve el esplendor de Lilia Prado, la belleza michoacana cuya imagen en las películas de Luis Buñuel permanece anclada en el corazón de la hermandad... Una vez, queridos cinco lectores, ella hizo sonrojar al impávido fraile, tan acostumbrado a lances peligrosos. Fue en la Casa del Actor, después de la presentación de la saga sobre Cantinflas escrita por Miguel Angel Morales y publicada por Clío... Le gustó la intervención del aguerrido cartujo y se lo dijo con una sonrisa letal para los buenos pensamientos. Platicaron un instante y acordaron una entrevista nunca realizada, lamentablemente. Sobre todo porque ahora la envidia lacera la virtud del cofrade, quien mira cómo otros accedieron a la intimidad de la diva para descubrir sus anhelos, sus secretos...
La ilusión viaja en Tranvía
Así, por ejemplo, en una larga conversación con el inspirado Héctor Argente habla de cómo fue descubierta para el cine cuando un día caminaba por Avenida Juárez, de su imagen irremediablemente sensual, de sus desfalcos amorosos, del puritanismo de Buñuel... Una vez -le cuenta al reportero-, durante el rodaje de Abismos de pasión (1953), "en un corte para almorzar entré al comedor en traje de baño con una bata transparente. Furioso (Buñuel) se vino hacia mí, se enojó mucho conmigo. Era como mojigato, odiaba decir o escuchar una mala palabra y la gente piensa lo contrario. Incluso estaba en contra del libertinaje. `Usted es una chica bien -me dijo-, no tiene por qué entrar al comedor así`. Era ingenuo, limpio, tímido y sanote" (como el cartujo, acaso)... Ese número de la revista dirigida por la talentosa Macarena Quiroz rescata también la transformación radical de Esteban Márquez, el galán de Subida al cielo, quien continúa siendo asiduo de las estrellas, pero ahora esconde su identidad bajo el nombre de Esteban Mayo, astrólogo y modisto de señoras... PROFUNDAMENTE CONMOVIDO PERO también preocupado, el amanuense lee la carta de Eduardo Galeano a los universitarios presos... La generosidad del escritor uruguayo pone al descubierto la mezquindad del monje, quien ha sido incapaz de reconocer las cualidades del Mosh, el Diablo, el Gato y toda esa fauna empeñada en hacer de la Universidad un territorio libre pero felizmente subsidiado. "Queridas, queridos -escribe Galeano con emoción y sin un ápice de cursilería-: Patas arriba está el mundo, y a la cárcel van a parar quienes ejercen sus derechos y cumplen sus deberes. Aquí los andan castigando a ustedes por ejercer el derecho de huelga, como si fuera delito, y porque han obedecido a la conciencia, única madonna que vale la pena, luchando por defender la autonomía universitaria y la educación gratuita... Les envío mi abrazo, mi aliento y buenas vibras"... Snif, snif, snif... Las lágrimas brotan incontenibles en la santa sede ante las palabras solidarias de Galeano, cuyo sentimental discurso bien podría ser suscrito por el mismísimo subcomandante Marcos, ese héroe de la postmodernidad... QUERIDOS CINCO LECTORES, con la desesperación de quien mira el tiempo perdido, El Santo Oficio los colma de bendiciones. Que el Señor esté con ustedes. Amén

José Luis Martínez S.es periodista.

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