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textos El otoño del patriarca
Paulo Hidalgo
Pinochet es, sin duda, la figura emblemática de un tiempo pasado. El último dictador de la guerra fría. La irresponsabilidad de su viaje a Londres y su largo cautiverio son una clara señal de que nunca más la comunidad internacional estará dispuesta a tolerar a ramplones dictadores que se paseen alegremente por el mundo. Por muy elemental que sea, no olvidemos que el anciano general fue liberado luego de un acucioso examen médico y se invocaron razones humanitarias para permitir su partida. Es decir, aunque no fue derechamente juzgado, a lo menos ha recibido una sanción moral, simbólica, en todo el orbe. Para la gran mayoría de chilenos Pinochet es una figura del pasado. La propia derecha política advirtió que mientras más distancia tomaba de él sería más aceptada por la ciudadanía y ello fue lo que llevó a Lavín -el candidato de la derecha a las presidenciales- a marcar su campaña con el sello del futuro y de procurar sepultar los odios del pasado, según insistía en sus discursos. La actuación del gobierno, aunque difícil e incomprendida por muchos, asumió una razón de Estado para sostener que Pinochet debía enfrentar la justicia en su país. Naturalmente que ahora todos los ojos nacionales y extranjeros se vuelcan sobre nuestros Tribunales de Justicia que, como ha dicho el Presidente electo, hay que dejar que actúen como corresponde en cualquier Estado de derecho. A renglón seguido ha señalado que será el primero en decirle la verdad al país si no se respeta el debido proceso o los cauces judiciales normales como ocurre con cualquier chileno que vulnera la ley, es decir, el elemental principio de igualdad ante la ley. De este modo, hay que seguir muy de cerca lo que ocurra con los tribunales, que primero deberían desaforarlo de su condición de senador vitalicio. Tal petición fue formulada por el juez Juan Guzmán, que lleva el caso con más de 60 querellas criminales interpuestas en contra del general. Tal petición ya fue formalizada ante la Corte de Apelaciones. Este trámite puede prolongarse por lo menos mes y medio. Allí votarán 23 integrantes de la corte. Para desaforar a Pinochet se necesitan la mitad más uno de los votos. Una vez que se tome una resolución sólo es apelable por el inculpado en la instancia judicial máxima del país, la Corte Suprema. Luego de ello, según señalan los juristas, y en razón de la determinación que se tome, la jurisprudencia chilena no contempla las razones humanitarias como atenuantes eximentes sino la demencia en el momento de cometer el crimen o ilícito penal. No hay duda que se verá en juego la credibilidad del país y su prestigio ante el mundo con lo que suceda en el ámbito judicial chileno. Si tanto se insistió que los propios chilenos lo podemos juzgar, llegó la hora dramática de probarlo. Lo que vio el mundo y los chilenos en televisión fue francamente patético y sólo expresa el último estertor de aquel mundo oscuro de bayonetas caladas, ejercicios de inteligencia y el despliegue de fuerzas especiales que esperamos nunca más se repita. Me refiero a la aparatosa llegada del general con todo el despliegue militar que ello significó. El gobierno manifestó enérgicamente su molestia ante la exagerada demostración militar, como lo han hecho el resto de las fuerzas políticas que forman la Concertación. Efectivamente hemos dado una pésima imagen internacional y se ha puesto de manifiesto que las fuerzas armadas no pueden convertirse en un actor político en el país. Como lo ha señalado el Presidente electo, ellas deben ser cuerpos no deliberantes sujetos al poder civil. Argumento que abona a la fuerte impronta democrática y ciudadana que pretende imprimirle Ricardo Lagos a su gobierno. Por otra parte, y no menos importante, aún están pendientes los resultados a que arribe la denominada Mesa de Diálogo. Ello se refiere a la iniciativa que ha desarrollado el Ministerio de Defensa reuniendo a militares y abogados vinculados a los derechos humanos para encontrar alguna salida para saber lo que ocurrió con más de mil detenidos desaparecidos. En estos días se aproximaba un interesante acuerdo-entrega de información protegiendo las identidades, y con castigos legales severos a aquellos que no la entreguen -pero el retorno de Pinochet en vez de facilitar la tarea la ha detenido, por una pérdida de confianza de los abogados en relación con las últimas reacciones militares-. No se sabe con certeza si finalmente saldrá humo blanco o sencillamente la Mesa de Diálogo habrá sido otro intento más por llegar a la verdad pero sin conseguirla. En todo caso, el colofón es que probablemente el anciano general se retire de la vida política activa con un poder absolutamente menguado y el país concentre sus energías en la afirmación de su régimen democrático y en llevar adelante un conjunto de políticas que mejoren ostensiblemente el nivel de vida de los chilenos. El tiempo es la mejor cura para los traumas y desencuentros tanto individuales como colectivos. La educación es una poderosa herramienta para sentar las bases de una sociedad sana, abierta, cooperativa que tenga como centro el respeto por el otro y diga nunca más a las atrocidades que como sociedad nos ha tocado vivir Pablo Hidalgo es sociólogo, profesor del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile. |
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