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La prohibición de las drogas
Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

cuentas claras


Enrique Contreras Montiel

Foto: René Mayoral Zuloaga

Pocos, pero ricos

Las inclinaciones políticas de los banqueros, que conoció la opinión pública mediante un par de encuestas levantadas en su reunión en Acapulco, han causado encendidos comentarios entre los electores y despertado la vocación de bomberos de algunos medios de comunicación. En un caso, en la encuesta de Gaussc, Vicente Fox obtuvo una amplia mayoría; en tanto que en otro, en la de Quantum, fue Francisco Labastida.

Unos dirán: ¿cuál es la sorpresa, si siempre han sido unos reaccionarios?, otros más dirán: ¿cuál es el problema, si solamente son 300 personas? Y otros más: ¿para qué tanto brinco estando el piso tan parejo?

Quizá otros, con un sentido más agudo de la economía y la política están pensando que hay un nudo gordiano en la política económica. La razón es simple: la estrategia de política económica está montada en la promoción del ahorro como factor fundamental de la actividad productiva. Dicho sea de paso y con insistencia, según esta estrategia, el ahorro que capta la banca es la medida de la inversión que se puede canalizar para que la economía aumente su ritmo de crecimiento.

 

Pago de servicios

Datos revelados recientemente muestran un perfil de la banca acorde con el dato anterior. Según una nota periodística (El Financiero, 1/III/2000, p. 7), el sistema bancario mexicano maneja alrededor de 30.8 millones de cuentas bancarias. De ese total, solamente 0.2%, equivalente a alrededor de 63 mil cuentas, manejan depósitos mayores a un millón de pesos, lo que da por resultado que esas mismas cuentas concentren más de 64% de los recursos que maneja la banca.

Para dar una idea de las implicaciones de esos datos, baste medir esa magnitud con los recursos que maneja el gobierno federal. La banca tiene una captación comparable a la del presupuesto de aquél, lo cual implica que esas cuentas, es decir, 0.2%, manejan una suma igual a la del gasto programable, o cuatro veces superior al gasto en educación; o diez veces el gasto en desarrollo rural, o 1.5 veces el gasto destinado a desarrollo social.

Pero, efectivamente, son recursos de las empresas que operan bajo el mecanismo de la banca. El problema es que el manejo de los recursos bancarios no cumple con su función de intermediación: 70% de los contratos bancarios son de débito, de nómina o de inversión de disponibilidad inmediata; son de un público que no es motivado por la rentabilidad de su inversión. Ello se entiende porque el negocio bancario es para aquel 0.2% de los contratos, en tanto que el resto ve en el banco a una oficina de pago de servicios. Solamente las cuentas de los primeros obtienen rendimientos que superan a la inflación en tanto que las de los segundos no.

 

Consuelo de pocos

Foto: Raúl Ramírez Martínez

En realidad la banca, y en general el sistema financiero, es inaccesible para la mayoría de la gente, dicho esto con el objetivo fundamental que da vida y justifica la existencia de la banca. Si bien, socialmente, la banca es un mecanismo ineficiente de distribución del ingreso, tampoco sirve para fomentar el desarrollo regional. En el país, 65% de las oficinas bancarias se localizan en el DF, Jalisco, Nuevo León, Estado de México y Guanajuato. Peor aún, su principal variable refleja gran desconfianza de los banqueros y los ahorradores hacia la estabilidad de la economía. En tanto los rendimientos nominales que ofrecen los depósitos bancarios andan alrededor de 15% anual, el cobro por manejo de los créditos mediante el sistema de tarjetas llega a ubicarse hasta en 56.8% anual, como es el caso de American Express, es decir, hasta en poco más de cinco veces la inflación esperada para este año.

Si bien los banqueros son poquitos, su desconfianza (y, por supuesto, su influencia sobre la economía del país) realmente es mucha. No debe caber lugar a duda, sus preferencias electorales sí son para tomarse en cuenta

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