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por los caminos de sancho La UNAM y el Mexe
Renward García Medrano
Valeroso caballero, no os despechéis ni tengáis a
Los dos hechos que pusieron en la historia al 1 de enero de 1994, definen lo que ha sido y será México en el futuro previsible: el ingreso a la globalización a través del TLC, y el riesgo de la violencia política que parece arraigar en la pobreza, la marginación y la pérdida de expectivas de las clases medias. Estas dos caras de una misma y contradictoria realidad sugieren que abajo de la mixtura entre la globalización y los rezagos sociales, se están gestando dos Méxicos: uno que mira hacia delante, confía en el futuro y está reformando las instituciones al tenor de las realidades nuevas. Es el México que ha estabilizado la economía y democratizado el sistema electoral. El otro es el México que después de cinco lustros de crisis y del agotamiento del sistema de escalamiento económico y permeabilidad social, parece haber perdido la esperanza. Es un México que ve en las instituciones -desde el sistema educativo hasta el sistema electoral y el de justicia- estructuras para el predominio y abuso de algunos y la inequidad y desesperanza de otros. Es un México que está no sólo contra el PRI y el gobierno, sino contra el resto de la sociedad, a la que cree beneficiaria de su miseria. A este México pertenecen los jóvenes que arrojaron al piso las computadoras de algunas oficinas de la UNAM, los que destruyeron muebles, los que despojaron las bibliotecas. Los jóvenes -y sus padres- para quienes la Universidad no es una puerta de acceso a una vida mejor, ni la obtención de un título universitario es una oportunidad para encontrar un empleo calificado. El discurso violento de los ultras, el escarnio a las autoridades, la mascarada del diálogo, alentaron las fantasías reivindicatorias de esos jóvenes: su escape de 300 días hacia una realidad en la que cada uno de ellos encontró su identidad, se convirtió en alguien. Un hecho más: el secuestro, vejaciones y la amenaza de quemar vivos a decenas de policías de Hidalgo, parecen haber sido provocados por perredistas que alertaron a la población de que las jóvenes normalistas estaban siendo violadas por los policías. Pero nos engañaríamos si no viéramos debajo de esa reacción colectiva un signo de irritación social y descrédito de las instituciones, del mismo linaje que el vandalismo universitario. Tanto el paro de la UNAM como el conflicto de El Mexe tienen raíces diversas y profundas que aquí no analizo. Me limito a mencionarlos como indicios de que la violencia que mostró su rostro a lo largo de 1994 fue un aviso de que en una parte de la sociedad hay condiciones para que arraiguen las más descabelladas aventuras políticas. No sé quién será el Presidente de México a partir del 1 de diciembre de este año, ni viene al caso calificar aquí a los candidatos. Lo que sí sé es que quien llegue a ese cargo debería escuchar las voces de la realidad y adoptar dos grandes objetivos en los que, a mi juicio, está empeñada la supervivencia del país tal como lo conocemos: 1) impulsar una economía competitiva e internacionalmente viable, y 2) abrir nuevos cauces para incorporar a los marginados y los pobres a la vida productiva y restaurar las expectativas de las clases medias. Lo que está a prueba y lo estará aún más en los próximos años, es la capacidad del sistema económico para crecer con estabilidad financiera, pero también social y política. Lo primero requiere dar continuidad a las políticas estabilizadoras del actual gobierno. Pero lo segundo exige un replanteamiento profundo, realista y valiente sobre lo que podemos y debemos hacer con la economía real para que, sin fracturar la viabilidad financiera, ofrezca soluciones creíbles a los pobres y a las clases medias. No por generosidad, sino por la supervivencia del país. El problema es la inequidad, pero la raíz de las soluciones está en reconocer que no son antagónicas la racionalidad financiera de la economía con su racionalidad social. Que la apertura comercial no se inhabilita o entorpece con la promoción suficiente de las industrias y empresas de servicios medianas y pequeñas. Que la competitividad no se contradice con la generación de empleos, como lo han demostrado sobradamente las empresas maquiladoras. Que la economía iría a la ruina si vuelve al proteccionismo comercial o al estatismo, pero también se arruinaría si no se rescata la confianza de los pobres y las clases medias en el país para ofrecerles niveles de vida dignos y restaurar las expectativas de mejoramiento social para la siguiente generación Renward García Medrano es periodista. |
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