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bahías ¿Y las ideas?
Rafael Cordera Campos
Sin ideas, pero con muchas ganas, es lo que parece resumir a la mayoría de las campañas electorales en curso. Todavía faltan por arrancar algunas, pues aún no hay listas definitivas de candidatos a diputados y senadores, más aquellas que corresponden al ámbito de los estados y municipios. Pero bien se puede afirmar que, tratándose de las principales, es decir, las que están hoy compitiendo por la Presidencia de la República, no es mucho más lo que se puede esperar de las que las van a acompañar. Claro, todo esto en términos relativos, en donde precisamente cabe la máxima de que "la excepción confirma la regla". En realidad, a estas alturas del juego, el lector y uno mismo, tenemos el derecho de preguntarnos si todavía vale la pena insistir en que las campañas deberían ser utilizadas y puestas al servicio de mejores causas que las del pleito y el señalamiento sin matices. Unos se dicen unas y los otros responden con peores. Así se van y tal vez, solamente tal vez, no haya nada que hacer. Unos señalan esa vieja actividad de abusar de los pobres repartiéndoles alimentos y demás, mientras otros subrayan la utilización de transporte oficial para acarrear trabajadores hacia actividades político-electorales. Algunos se suman en automático a una opción y el resto (o casi) a la contraria. Ese ha sido el escenario predominante hasta ahora. Los medios no solamente han informado de todo eso sino, a la vez, han sabido utilizarlo, por aquello de la mercadotecnia, en beneficio de sus intereses y de su posicionamiento, como se dice ahora, en el mercado. Sin lugar a dudas, el hecho de que por ahí se encuentren quienes hablan de programas y plataformas, de proyectos de futuro y de problemas que por su importancia debieran resolverse, confirma que sí hay talento pero, al mismo tiempo, nos convencen de que lo hegemónico es el grito y el sombrerazo. No faltará quien nos diga que en lo que corresponde a las encuestas los principales candidatos han apuntado ideas superiores. Pero es difícil confirmarlo pues, en el mejor de los casos, la discusión acerca de las mismas, de su metodología y alcances, no da más que para reconocer conocimientos en la materia, pero muy poco en lo que respecta a la necesidad de políticas (públicas) y de políticos de Estado que hoy requiere el desarrollo nacional. Y esa sí es una cuestión que reclama una atención especial. Con todo y el auge del "social-civilismo" que se ha dado en México y en el mundo, con una pluralidad que se expresa en prácticamente todos los ámbitos o espacios estatales y de gobierno, en los niveles federal, estatal y municipal, con el crecimiento de la importancia y diversificación de los medios de comunicación, entre otros, no hemos logrado estar a la altura de las necesidades que la compleja sociedad mexicana está expresando desde hace tiempo. Nuestros dirigentes nacionales, los políticos y sus partidos deberían asumir que la democracia lograda hasta ahora, si bien demuestra la existencia de avances significativos, no es suficiente para garantizar que los problemas de México puedan incorporarse a las rutas de las soluciones comprometidas y compartidas. No ha habido hasta ahora ni siquiera la disposición expresa por arribar a compromisos de Estado. Ni en el ámbito legislativo ni en el que corresponde a las relaciones entre los gobiernos y los partidos, se ha visto que alguien tome alguna iniciativa al respecto. En el terreno de la gobernabilidad, no ha llegado el momento de que los contendientes políticos, todos o los principales, expresen su preocupación y disposición para establecer compromisos que garanticen seguridades mínimas, políticas y económicas, que impidan las turbulencias conocidas en las transiciones sexenales. Y éste precisamente es un asunto de varias entidades. No solamente de interés particular, de persona, dependencia o partido alguno. Tal vez en los temas de la gobernabilidad y la pluralidad esté nuestra mayor debilidad. Por eso es que bien vale la pena insistir en la necesidad de que políticos y partidos, acompañados por los medios y lo que resta de lo que hoy conocemos como sociedad civil, atiendan a lo principal, a aquello que preocupa más a las personas y la sociedad. Eso está a prueba hoy. La capacidad y la disposición de quienes quieren dirigir el país en los próximos años, para hablar de lo importante y comprometerse en lo fundamental. Lo demás seguirá siendo más de lo mismo pero, eso sí, también muy compartido Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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