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Bancos pobres, banqueros ricos
Ricardo Becerra
Esta semana se congregarán los señores del dinero: tendrá lugar su primer Convención Bancaria anual. Los banqueros mexicanos son los protagonistas de una de las ironías más insoportables de la economía política mexicana: una banca que no es capaz de prestar ni inyectar dinero a la economía, subsidiada con recursos masivos del presupuesto público y, sin embargo, sigue produciendo pingües ganancias a sus dueños. ¿Cómo puede pasar todo eso? Los banqueros mexicanos viven de un coctel de paradojas. Obtienen ganancias importantes -y cada vez mayores- siendo un lastre del sistema económico: la banca mexicana vive una auténtica "condición parasitaria" y puede ilustrarse de muchas maneras. Carlos Gómez y Gómez, presidente de la Asociación de Banqueros de México (ABM), nos hizo saber, en julio pasado, que "la debilidad del sistema financiero y la falta de crédito sacrifica el crecimiento de la economía en dos puntos porcentuales". Quiere decir que si México hubiera contado con bancos medianamente sanos, el año pasado nuestro crecimiento hubiera rebasado 5% (y no el 3.7% que realmente obtuvo). Pero hay más: el World Economic Forum calificó la calidad del sistema bancario de México en el lugar 56, ¡de entre 59 sistemas analizados! En este renglón, México resulta muy mal calificado: la capacidad y la destreza administrativa de banqueros (lugar 52), las leyes regulatorias (lugar 57), la capacidad de préstamos (lugar 52) y las autoridades que supervisan y vigilan al sistema (lugar 50). He aquí una bomba de tiempo. Puede ser que la prioridad número uno del presidente Zedillo -impedir que se produzca la crisis cíclica de fin de sexenio- se cumpla. Pero es altamente improbable que deje reparada una de las piezas perdidas tras la crisis. Como se sabe, el rescate bancario costará cerca de 65 mil millones de dólares hasta el año 2004, lo que resulta más o menos, 30 mil pesos por familia mexicana. La situación es obligatoria pero profundamente injusta: todos los mexicanos, aunque no tengan un solo centavo en el banco ni jamás hayan recibido nada de crédito, deben participar en el salvamento de los bancos. Esta combinación fatal (ausencia de crédito/desembolsos masivos de parte del erario, es decir, del dinero público/necesidad de traer recursos del exterior) crea una situación insostenible para los próximos años: puede ser una nueva herencia envenenada transferida a la siguiente administración. En suma: tenemos una banca desconectada de la economía real pero muy conectada al subsidio público. Los empresarios, grandes y pequeños, han aprendido a vivir sin banca, establecer mecanismos de ayuda mutua (crédito de proveedores) para poder trabajar. Este aprendizaje y esta adaptación es uno de los hechos más notables de la economía mexicana, pero según la teoría, no puede durar indefinidamente. La banca es uno de los territorios devastados de nuestra economía; el gobierno, el Congreso, los partidos, los banqueros no han hecho lo suficiente, y tal y como van las campañas, ya es demasiado pedir que los candidatos se tomen el asunto en serio. Pero alcanzar el crecimiento que prometen sin una banca decente es como intentar el salto de garrocha... sin garrocha. El problema es grave y sigue ahí: gane quien gane, tendrá en frente una certidumbre: no se enfrentará con una crisis bancaria por la más simple de las razones: porque ya está quebrada. Falta ver si con ello no se nos va también la posibilidad de crecimiento en este desigual y empobrecido país Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM. |
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