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Amarrando navajas
Marina Robles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asunto de dolor

Marina Robles

Foto: Grey Epperson/Time

Seguramente para todos es conocida la idea de que duele más una inyección cuando se ve la aguja venir hacia el cuerpo que cuando se cierran los ojos. Pues este tipo de conocimiento popular ha sido estudiado por un grupo de investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Illinois. Este afirma que las respuestas y la percepción que tenemos del dolor es un asunto genético y diferencial entre la mujer y el hombre. Tal vez éste sea el momento de especular sobre las razones de por qué las mujeres podemos parir hijos y los hombres caer ante una uña rota, aunque no dejaría de ser más que eso, porque el estudio no abunda demasiado en esos asuntos.

Para probar sus ideas, los investigadores hicieron dos tipos de experimentos, unos con ratones y otros con humanos. A los ratones los manipularon genéticamente para evidenciar que estas condiciones los predisponían o no a sufrir el dolor. Encontraron, además, que las hembras y los machos activan distintos circuitos del cerebro para responder a los mismos estímulos dolorosos, de ahí que presentaran respuestas distintas.

En el caso de la experimentación con humanos, buscaron un grupo de valientes voluntarios a quienes se les aplicaron estímulos semejantes a lo que sería quemarse los dedos con una taza de café hirviente y, al mismo tiempo, se les hizo escuchar una serie de tonos a través de audífonos.

La idea era registrar cuánto percibían el dolor si se les solicitaba atención sobre los tonos y cuánto si atendían exclusivamente la quemadura. En todos los casos la percepción fue menor cuando la atención estaba centrada en los sonidos.

El dolor enciende dos áreas principales del cerebro: la región somatosensitiva y la región límbica, ligada con la emoción y se piensa refleja la respuesta emocional personal al dolor. Este es un punto clave de la propuesta popular y también de la de este grupo de investigadores.

Por otra parte, un elemento central en los estudios es que el cerebro puede reconectarse a través de distintos circuitos para asegurarse que el individuo sienta el dolor. Esto como un elemento fundamental de la sobrevivencia (imagínese usted con una mano en el fuego sin percibir nada). Esta circunstancia, según Catherine Bushnell, ha sido el fracaso de los intentos de intervenir quirúrgicamente el cerebro para bloquear el dolor, pues éste simplemente lo redirecciona.

Estos resultados, según los investigadores, indicarían que si bien el dolor no puede bloquearse, sí puede manejarse el trauma emocional que lo provoca utilizando algún tipo de distracción que cambie la percepción y permita cierto alivio. Sobre esto las mujeres y los ginecólogos han hecho buen uso (aunque sigo pensando que son sólo buenos intentos); los jadeos y mil formas diseñadas para respirar durante un parto, sirven exclusivamente para que el acompañante relaje sus nervios, porque el dolor es como para matar a cualquiera

Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellow del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM.

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