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Asunto de dolor
Marina Robles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

alambique


Marina Robles

Amarrando navajas

Foto: Geografía Universal

Buena parte de los estudios de comportamiento animal han puesto su interés en la agresividad de algunas especies. Las causas de ésta, generalmente, han sido asociadas a la defensa de algo: comida, pareja, refugio, territorio. Recientemente un grupo de investigadores publicó en la revista Nature un estudio sobre el comportamiento agresivo de los grillos, y encontraron que el disparador de tal comportamiento se relaciona con el vuelo de esos animales.

La pista sobre el estudio la dieron las peleas de grillos, un deporte real de la China antigua que ha permanecido en diversas comunidades de ese país. La lucha consiste en un trenzado entre las antenas y mandíbulas de los grillos estimulado por los jugadores sacudiéndolos entre sus manos y aventándolos al aire varias veces. Al parecer, la alerta que provoca en el sistema nervioso dura varias horas, manteniendo así el comportamiento agresivo.

 

Les gusta la mala vida

Investigadores del Laboratorio Nacional de Energía y Ambiente de Idaho y de la Universidad de Princeton han estudiado a los microorganismos que habitan en el subsuelo a profundidades antes inimaginables.

Hasta hace 20 años se pensaba que nada podía sobrevivir bajo cierta cantidad de capas de tierra, hoy se sabe que los extremófilos (organismos capaces de vivir en condiciones extremas) pueden vivir enclavados en rocas a cientos de metros bajo la superficie, en los sedimentos oceánicos profundos y en fisuras del piso oceánico. Estos descubrimientos, según los estudiosos del tema, pueden ayudar a saber cómo pudo darse la vida en las condiciones iniciales de la Tierra o bien a identificar sitios para buscar vida en otros planetas.

Uno de los elementos que sustentan tales afirmaciones es que -a diferencia de los microorganismos de la superficie terrestre que dividen sus vidas en horas o días- los microorganismos del subsuelo las dividen en cientos o miles de años, y son capaces de soportar las condiciones más limitadas en cuanto a agua, nutrientes y temperatura.

 

Todo por amor

Foto: Lizzie Salin

Tal parece que el amor no sólo provoca placeres. En un estudio realizado por el FBI, analizando registros estadísticos de homicidios en Estados Unidos, se encontró que 32% de las tres mil 419 mujeres asesinadas durante 1998 murieron en manos de sus esposos, novios o amantes. En el caso de los hombres "sólo" 4% de los diez mil 606 asesinatos fue cometido por sus mujeres.

En estudios semejantes efectuados en distintas regiones, los porcentajes son todavía más alarmantes (entre 50 y 70%). Al parecer, las tasas de homicidio a mujeres por sus amantes son contrarias a las tendencias generales de asesinatos en EU. Según el FBI esto tiene que ver con una labor en el exterior de la sociedad estadounidense, pero no en el interior de las viviendas, donde siguen presentándose altos niveles de violencia.

Las explicaciones son múltiples: desde culturales hasta biológicas. Respecto de las primeras se afirma que el hombre ejerce el poder que la sociedad le ha brindado sobre la mujer; en las segundas se analiza el problema incluso desde una perspectiva genética.

Algunos psicólogos evolucionistas que han estudiado este tipo de casos opinan que el problema debe analizarse en términos biológicos, pues la violencia, según ellos, debe haberse desarrollado como una estrategia masculina para ejercer propiedad sobre la mujer y en particular sobre sus capacidades reproductivas para asegurar su descendencia. Sin embargo, otros psicólogos centran sus explicaciones en las características personales e historias de vida de los individuos. El asunto es que a fin de cuentas el amor cobra las deudas y pareciera, por los datos que maneja este estudio, que iniciar un proceso de ruptura amorosa coloca a las mujeres en una situación de desventaja y riesgo

Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellow del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM.

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