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la hidra La ley de Herodes
Jaime Ramírez Garrido
La más reciente película de Luis Estrada, La ley de Herodes, rinde homenaje a Jorge Ibargüengoitia no sólo por el título, que es el mismo que un cuento del narrador y dramaturgo, sino por la construcción fársica-histórica aplicada en Los relámpagos de agosto. El pueblo donde se desarrolla la historia, San Juan de los Agüeros, es un mítico lugar muy representativo; a diferencia del Cuévano de Ibargüengoitia, este pueblo, gracias a su vegetación, su paisaje, sus construcciones, y hasta por los dialectos que hablan y los nombres que tienen los habitantes, podría ser cualquier lugar de la República Mexicana. Entre las reiteraciones del lugar común de la política de Luis Spota y las comedias alimentadas de realidades límite de Jorge Ibargüengoitia, La ley de Herodes resulta una fábula sobre los usos y costumbres del poder en México. Ubicada históricamente en el sexenio de Miguel Alemán, la película retrata la quintaesencia del priismo caciquil en un secretario de gobierno y la corrupción a la que conduce el poder en un encargado de sanidad metido de presidente interino en el municipio de San Juan de los Agüeros. El estereotipo del panista queda retratado por un médico de pueblo cuya determinación e ideales no coinciden del todo con su consecuencia personal. Más que simplificar o denostar gratuitamente, La ley de Herodes presenta una mitología oscura sobre nuestro sistema político. Esta mitología es una crítica muy rica en complejidad si la comparamos con las simplificaciones en las que se ensañan el Partido de la Revolución Democrática y su caracterización del PRI como partido de Estado o Fox y su simplificación de la realidad al ritmo de los 15 minutos en que es omipotente. Las actuaciones y la dirección contrastan, por sus buenos resultados, con la mayor parte del cine nacional reciente; lo mismo que la historia. Sin embargo, ¿qué tanto podrá influir en el voto de los espectadores una película tan crítica como divertida? Me parece que no mucho. El imaginario social que todos tenemos del PRI parece coincidir de una forma u otra; pero siempre parece dominar la sospecha de que más vale malo conocido. O la esperanza de que todo, hasta el PRI, puede cambiar. Pero si La ley de Herodes no puede cambiar ni el Estado ni el estado de las cosas, por lo menos cambiará su estado de ánimo Jaime Ramírez Garrido es encargado de Despacho de la Secretaría General Adjunta del Partido Democracia Social. |
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