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Fernando Mejía Barquera
Promesas incumplidas Un castigo que han debido pagar varios políticos es el descrédito por no haber cumplido, una vez que llegan al poder, promesas formuladas durante sus campañas electorales. La lista de ejemplos es larga y conocida. Ahora, el priista Francisco Labastida se ha colocado en riesgo de que, en caso de ganar el 2 de julio, sus adversarios políticos y, más grave aún, la población, le echen en cara no cumplir sus ofrecimientos. En el spot propagandístico que ha ocupado el lugar central de la campaña labastidista en radio y televisión durante las últimas semanas, el candidato del PRI dice: "Hay tantas cosas por hacer que no pueden hacerse de la noche a la mañana". Y ofrece: "Pero lo que haré de inmediato es que todas las mujeres embarazadas tengan atención médica y todos los niños aprendan inglés y computación en sus escuelas". La palabra "inmediato" significa sin que medie plazo, se refiere a algo instantáneo. Si Labastida es Presidente, debemos entender que a partir del 2 de diciembre de este año todas las mexicanas embarazadas, tanto quienes viven en el campo como las que habitan en las ciudades, recibirán atención médica, y todos los niños y las niñas (aunque a éstas no las incluye el texto del spot) tendrán acceso a las computadoras, aprenderán a manejarlas y recibirán clases de inglés en su escuela. ¿Se hará realidad todo eso? ¿De la noche a la mañana habrá clínicas suficientes para cuidar los embarazos y atender los partos de todas las mexicanas? ¿El gobierno comprará cientos de miles de computadoras para que todos los niños y todas las niñas aprendan a manejar ese recurso? Y por último: ¿se contratará un ejército de maestros de inglés y otro de profesores de computación para que enseñen a los niños, o se capacitará a los actuales profesores de primaria, preprimaria y jardín de niños para que aceleradamente aprendan ese idioma y varios programas de computación para cumplir la promesa labastidista? El candidato del PRI y sus asesores deberían ser más realistas y no dejarse llevar por el afán de ganar la carrera de promesas. En México hay niños que ni siquiera van a la escuela, unos porque no hay en los lugares donde viven y otros porque tienen que dejarla. Si se trata de ofrecer, sería más urgente enfrentar el problema de la insuficiencia de planteles y la deserción escolar estimulada por la pobreza. Prometer y no cumplir es algo que, a la larga, se paga.
Cines al gobierno del DF
El gobierno del DF anunció el 23 de febrero la compra de cuatro cines de la ciudad de México: Futurama, Pecime, Bella Epoca y París. La intención del gobierno capitalino, según explicó su titular, Rosario Robles, durante una taquiza engullida en el Salón México y ofrecida por la actriz y diputada María Rojo, es reconstruir los edificios, remodelarlos y segmentarlos para hacer funcionar 26 pequeños cines donde antes hubo cuatro muy amplios. La compra de los inmuebles ascenderá a 88 millones de pesos. Los cines se dedicarán a la exhibición de películas mexicanas. Por supuesto, ya hubo quien estableció una analogía entre la compra de estos cines y la política de Echeverría durante cuyo sexenio el Estado manejó productoras y salas cinematográficas: el abogado Luis Pazos en el noticiario Monitor el 25 de febrero. Exaltado, alertó a los mexicanos contra un probable regreso al estatismo.
Exhibir a Zedillo
Desde luego Pazos exagera, pero es inevitable observar la adquisición de salas cinematográficas por parte del gobierno capitalino como un acto político con dos intenciones evidentes: 1) quedar bien con el gremio cinematográfico, y 2) exhibir políticamente al gobierno de Ernesto Zedillo, que en más de un año -desde que se establecieron reformas a la Ley Federal de Cinematografía el 5 de enero de 1999- no ha cumplido con el artículo tercero transitorio, el cual dispone que "el Ejecutivo Federal emitirá en el término de 90 días a partir de la publicación de la presente Ley el reglamento correspondiente, así como el contrato de fideicomiso mediante el cual se administrarán los recursos del Fondo a que se refiere este ordenamiento". El fondo al que se refiere la ley es el Fidecine (Fondo de Inversión y Estímulos al Cine) previsto en el artículo 33 y que tiene por objeto dar apoyo financiero a la industria cinematográfica. Si no hay reglamento, no hay Fidecine, y si no hay reglamento no pueden hacerse realidad dos medidas que indica el artículo 19 para estimular la exhibición de películas nacionales: que las salas reserven 10% de su pantalla para los filmes autóctonos y que éstos se estrenen seis meses después de su inscripción en el Registro Público Cinematográfico. Está comprobado que al gobierno de Zedillo la emisión del reglamento no le interesa. Por ello, el gobierno del DF trata de exhibirlo asumiéndose como impulsor del cine nacional. La pregunta es si esa acción política justifica el gasto de casi nueve millones de dólares. Ya se sabe que no sólo de mejoras materiales y de servicios públicos vive una ciudad, pero el déficit que padece el DF en ese aspecto hace pensar que una cantidad así pudo haberse aprovechado para aminorarlo Fernando Mejía Barquera es periodista. Correo: mbarquera@latinmail.com |
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