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La UNAM después
del CGH

Ricardo Tapia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

debate

El debate que protagonizaron en septiembre de 1933 Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano sobre el carácter y la misión de la universidad mexicana tiene todo el sabor de un clásico. Situada en el contexto de una recomposición de la base profunda de la cultura y educación mexicanas, cuando todavía humeaban los cañones de la revolución, la polémica entre una visión humanista y liberal de la Universidad, y una visión marxista, de compromiso social e ideológico de la Universidad y los universitarios con el proyecto de la revolución, tuvo repercusiones que trascendieron la coyuntura y a sus actores para cristalizar en distintos proyectos y orientaciones socioinstitucionales en todo el país.
El vigor que expresan Caso y Lombardo para defender y argumentar sus posiciones se alimentaba de la lucha entre las dos grandes perspectivas ideológicas que dominaron la transición del siglo XIX al XX: el idealismo humanista y el materialismo histórico. En el río embravecido de las disputas intelectuales que se desarrollaron en el cardenismo, Caso y Lombardo representaban posiciones distintas en torno a cuestiones clave de la Universidad, como los contenidos de la enseñanza, la libertad de cátedra, la autonomía universitaria, las contribuciones de la Universidad al proyecto de nación. Su debate se daba de cara al presente, pero tenía la mirada puesta en el futuro. En los años de las grandes utopías que despertó la revolución en su generación de intelectuales y dirigentes (Caso, profesor y funcionario universitario; Lombardo, profesor y dirigente obrero), el debate ocurrido en el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos contribuyó a trazar las grandes coordenadas del futuro ideológico, académico y organizativo de la educación superior mexicana.
Más de seis décadas después, la experiencia de la UNAM hace necesario volver la atención a un debate histórico, no con el ánimo de "reinventar la tradición", como dice Hobsbawm, sino para colocar la reflexión y la mirada, como Caso y Lombardo y su generación, en una perspectiva de futuro. Hoy contamos, tal vez, con mayores datos, información, perspectivas de análisis, experiencias y aprendizajes de lo ocurrido con la universidad mexicana, pero carecemos de una visión de futuro que organice nuestras sospechas, intuiciones y deseos. En el país de amnésicos que suele aparecerse todos los días, es indispensable revisitar nuestra historia para tratar de evitar, si eso es posible, que avance por el lado malo.

Adrián Acosta Silva

 

La encrucijada universitaria
Entre el humanismo liberal y el materialismo marxista.
La polémica de 1933

Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano

Antonio Caso y Vicente Lombardo
Toledano (en tercera fila)

En el Noveno Congreso Nacional de Estudiantes reunidos en la ciudad de Toluca el año de 1932, se tomó el acuerdo de que la Confederación de Estudiantes invitara a la Universidad Nacional Autónoma de México para que convocaran, ambas instituciones, a un congreso de profesores y estudiantes de las universidades y colegios superiores del páis.

El Consejo de la Universidad Nacional Autónoma acogió la iniciativa, y convocó, en unión de la Confederación de Estudiantes, al Primer Congreso de Universitarios Mexicanos.

La Asamblea se inauguró el 7 de septiembre de 1933 con la asistencia de representaciones de 21 Estados de la República y del Distrito Federal.

De todos los puntos que trató el Congreso, el de mayor trascendencia fue el de la Posición Ideológica de la Universidad frente a los problemas del momento. Importancia social de la Universidad en el mundo actual.

La comisión encargada de elaborar las conclusiones sobre este tema, llevó al pleno del Congreso, entre otras, las siguientes:

"Tercera. Las enseñanzas que forman el plan de estudios correspondientes al bachillerato, obedecerán al principio de la identidad esencial de los diversos fenómenos del Universo, y rematarán con la enseñanza de la Filosofía basada en la Naturaleza.

"La Historia se enseñará como la evolución de las instituciones sociales, dando preferencia al hecho económico como factor de la sociedad moderna; y la Etica, como una valoración de la vida que señale como norma para la conducta individual el esfuerzo constante dirigido hacia el advenimiento de una sociedad sin clases, basada en posibilidades económicas y culturales semejantes para todos los hombres."

En contra Dr. Antonio Caso

Yo concibo que la Universidad es una comunidad de cultura; es decir, que su esencia es ésta: ser comunidad y serlo de cultura.

La esencia de la comunidad es ésta: subordinar el interés del individuo al interés del grupo. Esa es la esencia, no puede haber comunidad si no existe la subordinación del interés individual al interés del grupo.

Para mí, la Universidad es una comunidad, tesis que yo creo que nadie replicará supuesto que en la Universidad alumnos, profesores, maestros, directores, Rector, todos nos subordinamos a los planes de nuestro instituto y los tomamos como norte y guía de la acción de la comunidad de cultura a la que pertenecemos.

¿Qué es cultura? La cultura es, en una palabra, creación de valores; es culto el individuo que colabora en la creación de valores, y los valores son: el valor económico, el valor estético, el valor ético, el valor intelectual que se llama verdad y el valor religioso que se llama santidad. Todas las sociedades humanas vienen elaborando constantemente valores, es decir, la cultura es elaboración de valores. El valor económico, el valor estético, el valor lógico y el valor religioso, fundamentalmente, estos valores los ha venido elaborando la humanidad desde siempre. Siempre se ha producido una elaboración en el orden de la utilidad, en el orden estético, en el orden ético, etcétera. Dicho, pues, lo que entiendo por comunidad y lo que entiendo por cultura, creo tener derecho para declarar que la Universidad es una comunidad de cultura. Entonces, yo declaro preferentemente y digo: la Universidad de México es una comunidad cultural. Pero hay muchas comunidades culturales; hay la comunidad cultural religiosa, hay la comunidad cultural política, hay la comunidad cultural estética, hay otras muchas comunidades culturales. Por tanto, ahora, procediendo lógicamente, debo decir cuál especie de comunidad cultural es la Universidad. Si se admite que la Universidad es una comunidad cultural, debo decir cómo elabora, o qué parte de la cultura compete, por su esencia, a la Universidad. Y entonces caracterizaré con una nueva letra la esencia de las instituciones jurisdiccionales: la Universidad de México es una comunidad cultural de investigación y enseñanza.

La Universidad de México es una comunidad cultural que investiga y enseña; por tanto jamás preconizará oficialmente, como persona moral, credo alguno filosófico, social, artístico o científico. ¿Por qué no puede preconizar un credo? La razón es obvia: porque es una comunidad de investigación; supongamos que hoy declaramos nosotros un credo, y que mañana, en nuestro mismo taller de investigación y enseñanza que es la Universidad, se declara que ese credo no vale. Si la esencia de la Universidad es la investigación: ¿cómo es que podremos declarar a priori un credo?

Foto: Jorge Claro/Contraluz

Ruego al auditorio que no piense que soy un enemigo de las tendencias sociales; un hombre contemporáneo que es enemigo del socialismo, no merece vivir en este siglo; pero un hombre contemporáneo que entroniza y lleva a la categoría de credo filosófico o social de una Universidad cierto sistema social, es una persona que se expone a que mañana ese credo social se declare inexistente, y declarado inexistente habrá complicado a la Institución como persona moral, en la confección de un credo mandado recoger por la cultura. Yo estoy conforme en una orientación de la Universidad hacia los problemas sociales y lo declaro con toda la amplitud y la fuerza de mi espíritu, pero no estoy conforme con la consagración de un sistema social definido, el colectivismo, como credo de la Universidad.

Y como somos una institución de investigación y enseñanza, sólo enseñamos aquello que investigamos y si investigamos que nuestro credo es deficiente, ¿con qué circunstancias vamos a limitarnos a una posición definida por una filosofía? Porque en el mundo nada se define sin una filosofía, la filosofía del colectivismo es el materialismo histórico, tesis actualmente falsa; pero los autores del proyecto aceptan el materialismo histórico.

La filosofía se basa también en la cultura; filosofía que sólo se basa en la naturaleza se llama naturalismo y esto está mandado recoger hace algunos lustros, décadas o quizá más. No podemos enseñar el naturalismo en las aulas; no podemos, porque la cultura reclama su misión. La filosofía tiene dos órdenes: mundo natural y mundo cultural. La filosofía que se basa sólo en el mundo natural es naturalismo falso; la filosofía que se basa sólo en el mundo cultural es también incompetente, aun cuando incomparablemente más competente; pero la filosofía se debe basar en la naturaleza y debe florecer en la sociedad y la cultura. Además, es contradictoria con la decisión porque queremos reivindicación social, naturalmente, naturalmente eso no es aceptable, pues naturalmente el que puede podrá y el que no pueda no podrá. Decía Spinoza: "El límite de la fuerza de cada quien se extiende hasta donde alcanza su poder", de suerte que si confesamos un naturalismo, que allí donde haya un oprimido, que se defienda, y no puede defenderse, que lo ahorquen porque es menos fuerte que el otro; este es el naturalismo.

Ahora, si vamos a la cultura, qué cosa tan diferente; si vamos a la cultura, ésa es acción nefanda y entonces la filosofía, fundada en la cultura, se opondrá a este naturalismo enseñando justicia por encima de la naturaleza. "La Historia se enseñará como la evolución de las instituciones", pero la historia no puede enseñarse como la evolución de las instituciones sociales porque la historia es más que eso, hay historia de las instituciones sociales e historias de otras causas. Si se quiere que se enseñe la historia de las instituciones sociales se enseñará eso; pero además se enseñará historia, porque Julio César no es institución social y sin embargo, Julio César tendrá que ser estudiado en un curso de historia, o no sé para qué servirán los cursos de historia que se establezcan en la Universidad de México.

La historia es esencialmente el conocimiento del individuo y por consiguiente no podrá darse historia si no se llega al conocimiento del individuo, y la obra de las instituciones sociales es sólo una parte de la historia universal.

Después, "y la ética, se va a enseñar ética, como valoración de la vida que señale como norma para la conducta individual el esfuerzo constante dirigido hacia el advenimiento de una sociedad sin clases, basada en posibilidades económicas y culturales semejantes para todos los hombres". Eso no es solamente la ética, la ética abarca ese problema y otros problemas más; pero los autores del proyecto me parecen fascinados con una idea, con un credo, exponen ese credo y esa idea y necesariamente subordinan las demás ramas de la enseñanza y de la ética y de la filosofía misma, y nos dan un naturalismo en vez del conocimiento filosófico, nos dan una historia de las instituciones sociales en vez de historia y nos indican la enseñanza de una parte de la ética en vez de darnos la ética.

Esta orientación general la he fijado en estas condiciones: voy a dar lectura a mi proyecto íntegro de orientación general de la Universidad; es muy breve y ya está explicado en todas sus partes. Primera base. La Universidad de México es una comunidad cultural de investigación y enseñanza; por tanto, jamás preconizará oficialmente, como persona moral, credo alguno filosófico, social, artístico o científico. Segunda. Cada catedrático expondrá libre e inviolablemente, sin más limitaciones que las que las leyes consignen, su opinión personal filosófica, científica, artística, social o religiosa. Tercera. Como institución de cultura, la Universidad de México, dentro de su personal criterio inalienable, tendrá el deber esencial de realizar su obra humana ayudando a la clase proletaria del país, en su obra de exaltación, dentro de los postulados de la justicia, pero sin preconizar una teoría económica circunscrita, porque las teorías son transitorias por su esencia, y el bien de los hombres es un valor eterno que la comunidad de los individuos ha de tender a conseguir por cuantos medios racionales se hallen a su alcance. Cuarta. La Universidad procurará de preferencia discutir y analizar, por medio de sus profesores y alumnos, los problemas que ocupan la atención pública, y cada individuo será personalmente responsable de las opiniones que sustente. Para la realización de esta actitud sólo se exigirá previamente, a juicio de la Academia de profesores y alumnos, respectivamente, que sea idóneo intelectualmente con el conducto universitario de que trata. Por último, y como prueba de la absoluta amplitud de criterio que creo haber alcanzado en la redacción de estas bases, por encima de todo sectarismo, diría: es libre la inscripción en las cátedras de la Universidad. Cada alumno hará sus estudios bajo la dirección del profesor que eligiere, entre los catedráticos que presten sus servicios en la enseñanza de una misma asignatura.

En pro Dr. Vicente Lombardo Toledano

Estamos de acuerdo en que la esencia de toda comunidad es la subordinación de los intereses individuales a los intereses del grupo. Estamos de acuerdo, asimismo, en que la cultura es creación de valores. Pero no estamos de acuerdo -al menos esta es mi opinión personal- en que los valores culturales tengan todos el mismo valor. No estamos de acuerdo en que el valor estético sea semejante al valor económico. No estamos de acuerdo en que el valor religioso tenga la misma importancia que el valor lógico o intelectual. Dentro de la valoración que hace la cultura, de la vida, existen rangos, jerarquías, grados, relaciones de orden. Y también afirmo que la cultura no ha sido la misma en todas las épocas, porque la cultura no es una finalidad. Aquí estriba quizá la diferencia de opiniones entre el maestro Caso y nosotros. La cultura es una finalidad, según él, y nosotros, yo al menos, sostengo lo contrario: la cultura es un simple instrumento del hombre, no es por consiguiente una finalidad en sí. Y como afirmo que la cultura en sí y por sí no existe, también afirmo que la humanidad abstracta, que el bien en abstracto, no existen, porque ningún valor en abstracto existe. No creo en las entelequias; no creo en los valores abstractos y menos cuando se trata de valores históricos. La cultura ha sido la resultante de diversos factores, de distintas circunstancias a través de la evolución histórica, nada más. Cada régimen histórico ha tenido una cultura especial. ¿Por qué? Porque la cultura es justamente eso, valoración, expresión de juicios colectivos, opinar de la comunidad respecto de la vida, a través de la propia comunidad y para la comunidad misma, para los fines de una comunidad determinada. No hay régimen histórico que no haya tenido a su servicio una manera de pensar la vida, una serie de juicios que tratan, en primer término, de hacer que perseveren, de hacer que se mantengan las instituciones que caracterizan a ese régimen histórico.

Foto: Jaime Boites Hernández

Por lo mismo, si entendemos que la cultura es un medio, si aceptamos que los valores culturales no son todos iguales, si creemos que en la época moderna, más que en ninguna otra, no se pueden entender los problemas sociales sino tomando como eje, como base de explicación, el fenómeno económico, entonces, para ser consecuentes con nuestra creencia científica, tendremos que admitir que los otros valores de la cultura están íntimamente vinculados al valor económico. Y esto lo aceptamos no como un "artículo de fe", sino como consecuencia de la propia observación histórica, como resultado de la evolución humana, de tal modo que vale decir que no puede enseñarse en esta época la estructura social, que no se pueden entender los problemas humanos, sino tomando como guía, como linterna para alumbrar el camino, el proceso, los caracteres de las instituciones económicas. Esta categoría superior que representan los valores económicos, no creemos que pueda discutirse seriamente, con seriedad científica, en este tiempo. Su realidad objetiva es tan clara que sólo obcecándose en una creencia religiosa puede negarse con énfasis.

No hay incompatibilidad en sostener una teoría y mañana cambiarla por otra, porque en realidad, señores delegados, yo pregunto ¿cuándo, cuándo, en realidad, ha habido un régimen histórico sin teoría social, cuándo ha habido una enseñanza sin una teoría social, cuándo ha habido una institución que no preconice, abierta o subrepticiamente, una teoría social? Nunca, que yo sepa; por eso no concibo un catedrático, un profesor, que no dé su propia opinión a los alumnos. Por lo mismo tampoco un régimen histórico que no sostenga ninguna teoría científica, filosófica, pedagógica, cualquiera que sea. Lo que sucede es que durante el último siglo de esta gran etapa de nuestra evolución histórica, se ha creído de veras que las escuelas han sido neutrales frente a los problemas sociales, frente a los problemas humanos, y realmente no ha habido tal neutralidad: le hemos estado sirviendo inconscientemente o conscientemente, de modo explícito o implícito, al régimen que ha prevalecido en el país durante mucho tiempo; y esta afirmación no la hago para nuestro país sino para todos los países del mundo.

El siglo XIX que creó el régimen capitalista es una etapa histórica en la evolución de todos los pueblos, etapa que ha formado una pedagogía capitalista. No ha habido, pues, tal neutralidad. La libertad de cátedra ha servido simplemente para orientar al alumno hacia una finalidad política, en relación con las características del Estado burgués. Esa es la realidad, el Estado no ha sido neutral frente a las contiendas de trabajadores, sino que todo él, a través de sus órganos, ha servido a una sola clase, a la clase capitalista; y la enseñanza en las escuelas oficiales no ha sido más que un vehículo para sustentar en la conciencia de los hombres el régimen que ha prevalecido. No ha habido tal libertad de cátedra. Hemos tenido, como siempre, una pedagogía al servicio de un régimen. Siempre ha sido así, siempre ha ocurrido de la misma manera.

No es posible enseñar sin transmitir un criterio, y no es posible tener criterio sin saber cuál va a ser éste. Lo que acontece actualmente es que los estudiantes, por su inteligencia natural, por la edad en que se hallan, son simuladores de todos los pensamientos, según los diversos criterios de los catedráticos, pero sin tener aquéllos una opinión propia. Salen, pues, a la calle sabiendo, como resultado de su paso por la Universidad, un solo principio de moral que es inmoral: la vida depende de la habilidad que se despliegue en la lucha. Yo me enseñé en la escuela a oír a mis profesores en todas las teorías, en todas las doctrinas. Parecía que cada uno de ellos tuviese su doctrina. ¿Quién de todos tenía razón? Yo sólo sé que el que tenía razón, el que tiene razón es siempre el más hábil para sostener su propio credo frente al conjunto. Por eso, la Universidad hace muchos años que arroja simuladores de la vida a la calle, competentes para ejercer una profesión, pero nada más. ¿Por qué? Porque no los han orientado, porque no les han dado rumbo, porque los profesionistas se llevan como único principio político y social el hacer un patrimonio, el de labrarse una fortuna, el de triunfar a todo trance, el de tener éxito. La palabra éxito, la palabra triunfo, ese acicate que nos ha corroído especialmente durante los últimos años, es una de las causas fundamentales de la bancarrota moral que el país sufre, porque sus hombres van tras el éxito personal. Esa es la actitud real de la Universidad y su producto contemporáneo, y no queremos, señores delegados, que esa situación prevalezca.

El afirmar una opinión, el sustentar un credo, el tener un criterio, no significa tenerlo para la eternidad. En esto, justamente, nos diferenciamos de los dogmas de carácter religioso. Los dogmas religiosos, los credos religiosos, son dogmas y credos hechos para siempre; en cambio, nuestra creencia científica de hoy, nosotros mismos nos encargaremos de corregirla mañana.

La peor situación es la del hombre que, tratando de hallar la verdad, cree que la verdad ya fue encontrada. No; nosotros creemos que las verdades son contingentes; y que precisamente por ser contingentes debemos mostrar las verdades de hoy antes de que pasen. Lo que nosotros queremos es que haya libertad de pensar, pero no en función del pasado sino en función del presente y en función del futuro.

Y la verdad debe proclamarse. Mañana se dirá la verdad de mañana, como ayer se dijo la verdad de ayer. Lo grave es no decir ninguna verdad. Lo grave es decir que las verdades pueden ser todas posibles, en el momento en que no es posible decir más que una verdad. Importa saber la verdad de hoy, y nosotros no preconizamos ninguna cosa cerrada, hermética, porque si es cierto que hay muchos matices en la doctrina socialista, también es cierto que todos los socialismos, sin excepción, sin faltar uno, están de acuerdo con este hecho fundamental: hay una injusticia en el mundo y ésta proviene de la falsa forma de la producción y de la mala distribución de la riqueza material. La única manera de acabar con esta crisis, de acabar con este drama histórico, es socializar lo que hoy pertenece a una pequeña y privilegiada minoría, poniendo al servicio de la comunidad lo que hoy es patrimonio de unos cuantos.

Eso no es preconizar ninguna doctrina determinada sino una tesis científica, y al mismo tiempo una tesis moral, nada más. El día en que se nos demuestre que la tragedia histórica que vivimos no va a resolverse socializando los instrumentos de la producción y distribuyendo ésta del mejor modo posible, entonces, indudablemente, entonces sí se dirá: no señores, la solución de la crisis económica actual no depende de la socialización de los instrumentos y de los medios de la producción económica, sino de esta otra cosa. Pero como esa otra cosa no ha venido todavía, y como el éxito hasta estos momentos, por oposición al individualismo desenfrenado, es la socialización de la propiedad, nosotros tenemos que contribuir a que la propiedad se socialice.

Foto: Jorge Claro/Contraluz

¿Que la filosofía se basa en la naturaleza y en la cultura? Estamos de acuerdo: sólo que no es la acepción correcta la que el maestro Caso da al término naturaleza. Nosotros no hemos querido naturalismo, permítaseme la palabra, no hemos querido al hablar de la naturaleza, revivirlo. Sabemos que es doctrina pequeña que alumbró escasamente a los hombres de su época, que se ha extinguido con las cosas transitorias. Lo que queremos es que se tomen en cuenta los progresos de la ciencia, el estado actual de la cultura científica en el mundo, ya que las Matemáticas, la Física, la Química, la Biología han realizado grandes afirmaciones en favor de la cultura humana. Nosotros vinculamos hoy más que nunca la filosofía con la naturaleza: nos vinculamos al mundo en este afán de síntesis, de comunicación íntima, de relación entre el individuo y el mundo.

En cuanto a la historia, allí también diferimos del maestro Caso. El conocimiento del individuo, sin duda interesante, no es más que el resultado del conocimiento de las instituciones históricas, de las instituciones sociales. Dice el maestro Caso que Julio César no es institución social, claro: pero Julio César, como ningún hombre, merece el nombre de institución social: los hombres de excepción son resultante de instituciones sociales. Por eso queremos que la historia no se enseñe como biografía de los héroes o de los hombres de gran valía, de gran envergadura, de gran cultura, individuos superiores en cualquiera de sus formas. Precisamente porque nosotros aprendimos desde hace muchos años la historia en forma falsa, no sabemos la historia de México. Sabemos de las cosas a través de la biografía de hombres superiores; no sabemos la historia a través de las instituciones sociales: no sabemos cómo fue la vida en donde es necesario saberlo; no sabemos de los aztecas, ni de los mayas, ni de las tribus que habitaron en México antes de los siglos XV y XVI; no sabemos más que la historia de emperadores y caudillos; no sabemos que aquella población estaba mal nutrida siempre, que sobre la mesa parda de los indios pesaba una serie de instituciones brutales, que tenían que trabajar los indios para la Iglesia, para la casta sacerdotal, para el emperador y todavía tenían que trabajar para comer, sólo así, conociendo la tragedia en su base se puede explicar por qué hemos llegado hasta este momento siendo país anémico, que da la mayor proporción de sifilíticos y tuberculosos en el mundo. Aprendemos los nombres de Cuauhtémoc y de todos los héroes, pero uno no puede pasarse la vida viviendo en México, sirviendo al país sin saber nada acerca de él en la época prehistórica. No importa saber los nombres de los virreyes, sino cómo fueron evolucionando las instituciones humanas, y por eso queremos saber cuál es la forma social y cuál es la forma individual; si por individuo se entiende la institución social; si es lo típico de la historia; si por historia se entiende, además de las instituciones a los individuos, dándoles el mismo valor que a las instituciones sociales.

No estamos de acuerdo tampoco en cuanto a la ética. Es verdad que la ética debe ser el conocimiento de las opiniones respecto de la cultura humana a través del tiempo; pero cuando uno concluye, y en el transcurso mismo de la exposición histórica, tiene uno que decir cuál es su opinión, indisculpable actitud sería la de un profesor de moral que explica, a partir digamos de Sócrates, lo que se ha opinado en el mundo respecto de la doctrina humana, y que no diga cuál es la conducta humana. Eso no es ser profesor de moral, profesor de filosofía. Tenemos que afirmar una opinión, no individualmente, afirmarla en conjunto los catedráticos, los colegios dentro del bachillerato.

El maestro incurre en una contradicción cuando dice que la Universidad debe ayudar a las clases proletarias saltándolas. Yo pregunto: ¿cómo? ¿Diciéndoles nada más que la vida de hoy es mala y que la vida de mañana debe ser mejor?, no, hasta cierto punto, está bien, pero es inútil. Lo importante es decir cómo y concretamente; cómo y de un modo claro, determinado. Pero decirle a los proletarios: tu situación es muy mala y los intelectuales te vamos a ayudar, es decirles algo que no agradecen. En realidad, no podemos siquiera ir a señalarles determinadas cosas que ellos saben mejor que nosotros. Lo que necesitamos es decirles cómo la Universidad, institución responsable de su misión histórica, puede ayudarles de un modo concreto, claro y definido. Y nosotros creemos que esa acción concreta es procurar que se realice la socialización de todos los instrumentos y de todos los medios de producción económica.

Señores delegados: no deseo cansar más la atención de ustedes, pero creo necesario insistir en la afirmación de que no venimos a hacer propaganda de un credo, puesto que la propaganda se hace en la calle. Por otra parte, esto lo digo al menos por mí, creemos que la Universidad no va a realizar la revolución social. Ojalá, pero es imposible. No puede. No sólo no sabe: no puede. La revolución social la harán las masas. Pero nosotros que queremos servir a la masa, tenemos simplemente que cooperar para que las verdades que consideramos ya aceptadas y que consideramos aceptables, se transmitan, de manera que se forme una noción de responsabilidad en cada uno de los bachilleres, en cada uno de los graduados de la Universidad de México, en cualquiera de las instituciones que la representan a través del país. No queremos establecer nosotros un dogma. Queremos únicamente preconizar la verdad, la verdad de hoy, no la verdad de ayer, ya que la verdad de mañana será obra seguramente de otra generación. Nuestro dogma no es un dogma religioso, es un dogma que surge de las entrañas mismas de la tragedia histórica. Ahora bien, si la Universidad no adopta una actitud definida frente a las tragedias, como dice el maestro Caso, el pueblo entonces acabará con la Universidad y habremos hecho un Cristo de la peor especie. La Universidad no puede ser una torre cerrada, cuyos moradores que siempre van a la zaga, que siempre viven a la zaga, sean el ludibrio de las masas. Cuando se transforma un régimen se hace entonces que la Escuela se transforme. ¿Por qué siempre hemos de ser nosotros el pasado de la historia? ¡Ojalá fuésemos el futuro de la historia! Eso queremos: siquiera corresponder a nuestra época.

Dr. Caso

Nos decía el orador que acaba de hacer uso de la palabra con tanto lucimiento: queremos que subsista la libertad de la cátedra, y yo no me explico cómo puede subsistir la libertad de la cátedra si se nos obliga a dar en la Universidad una enseñanza definida; ¿en qué consistiría esa libertad? Si yo preconizo una tesis como miembro de una comunidad, y si la esencia de la comunidad, como han admitido los señores del contra, es la enseñanza de subordinarse al principio constitutivo de la comunidad, ¿qué especie de libertad podéis tener en la cátedra? Ahora bien, aquí se preconiza una tesis definida y esta tesis es: primero, económica; segundo, social; tercero, histórica; cuarto, filosófica. Yo, por ejemplo, no estoy conforme ni con la tesis histórica, ni con la tesis social, ni con la tesis económica, ni con la tesis filosófica. Y cuando me digan: tendrás que enseñar, si aprobamos lo que la Comisión declara dentro de este cartabón, diré: pues como yo no puedo enseñar lo que ahí se consigna, ahí está la cátedra, porque yo no admito esa tesis económica, ni admito esa tesis social, ni admito esa tesis histórica, ni admito esa tesis filosófica.

Foto: Jorge Claro/Contraluz

Llego yo a mi clase; soy persona honrada y consciente y normal, que para dar mi clase en la Escuela Preparatoria, en donde enseño Historia de la Filosofía, tengo que enseñar que, conforme al plan de estudios, he de obedecer al principio de la identidad esencial de los diversos fenómenos del Universo. Yo no podré honradamente seguir dando la cátedra de la Historia de la Filosofía, porque no podré enseñar una tesis que a mí en lo personal me parece fundamentalmente errónea. Por tanto, ¿cómo procedo para dar la lección? Yo quisiera que me explicaran los señores del contra. ¿Qué hago si toda mi construcción espiritual y todo lo poco que he podido avanzar o adelantar en los conocimientos es para negar precisamente la tesis de la identidad esencial de los fenómenos del Universo?

Se refería el señor Lic. Sánchez Pontón(1) con toda claridad al estado actual de la investigación científica. Vamos a ver qué nos enseña la investigación científica actual.

Son unos cuantos jóvenes, a la cabeza de ellos, un príncipe de sangre real, que nos dice: ¿sabéis qué es la materia? Un paquete de ondas: un paquete de ondas es lo que llamamos materia. La materia es un paquete de ondas, la materia no tiene una existencia individual, no hay materia; lo que existe en el mundo es una situación eléctrica cósmica, pero que se refiere solamente al sector de los fenómenos de la naturaleza, que no se refieren al sector de los fenómenos de la cultura. Entonces, ¿cómo va a enseñarse que todos los fenómenos del Universo son paquetes de ondas, resultado de la investigación de la física? Se cree que hay infranqueable límite, que es imposible resolver las cuestiones sociales y morales con elementos que entreguen las ciencias físicas; se cree que los postulados de las ciencias sociales son por esencia diferentes de los postulados de las ciencias físicas.

Y repito aquí, entonces, que yo no voy a enseñar la identidad esencial de los diversos fenómenos del Universo, ni voy a fundamentar mi doctrina moral en esta doctrina de los fenómenos del Universo, porque no puedo, la historia del pensamiento ético del Universo me enseña que no es posible fundamentar la Etica en teorías físicas.

Hay una escuela y esta escuela es la materialista, que sí lo digo y he dicho desde el principio que se sirva el plato de materialismo histórico. Pero no se nos dice: estás engullendo el materialismo histórico, toma y come, este es mi manjar; pero no se dice el nombre. Esto se llama materialismo histórico, y es la verdad notoria que no es posible fundamentar las ciencias de la cultura en las ciencias de la naturaleza. Es imposible otro orden; las leyes de la naturaleza tienen solamente una ciencia y esta atingencia es el orden humano; y el orden humano no se puede fundamentar en los postulados de las ciencias físicas, y no habrá quien pueda fundamentar el ideal porque el ideal es eterno, y no puede este ideal fundamentarse en atingencias de los laboratorios, ni quedarse a la merced de las investigaciones de los químicos, porque es de otro orden, como lo decía Pascal, porque la materia existe sobre la naturaleza, que el hombre verdaderamente humano dice: llévame al patíbulo y allí seguramente moriré diciendo: "Bendito sea Jesucristo"; la ciencia, la moralidad no se puede fundamentar en la física, no es posible crear valores morales sobre fundamentos materiales, por tanto, como yo soy de los que creen en Dios, según dije en una ocasión memorable: aún son suficientemente fuertes los clavos de la cruz para colgar de ellos el destino humano; me pondré siempre contra la tesis materialista, sobre todo cuando es obra de hombres inteligentes se pretende llevar el materialismo histórico a la teoría, a la tesis de mi Alma Mater, la Universidad Nacional de México.

Rechazo enérgicamente que la enseñanza de la filosofía ha de basarse en la naturaleza. ¿Por qué la rechazo?, por la razón anterior que di; porque necesitamos forzosamente basar la filosofía en dos cosas: una llamada naturaleza y la otra cultura. La naturaleza no es la cultura y la cultura no es la naturaleza; y la filosofía es guía luminosa, el punto de luz por el que desfilaron los Platones y Aristóteles de la antigüedad, los maestros en nuestros tiempos, los hombres de hoy Husserl y Bergson, los más grandes filósofos del momento, y ellos afirman que es imposible fundamentar la filosofía en consideraciones naturales; el naturalismo no puede ser la base del pensamiento humano, porque no respeta la autonomía del hombre, porque el hombres es nada desde el punto de vista físico; pero es otra cosa además; es cultura, es propiamente humano y lo propiamente humano es lo contrario, está sobre la naturaleza y aquí está la naturaleza sobre la naturaleza que demuestra el mundo sobrenatural, y el mundo sobrenatural es el mundo del hombre; el hombre que es trabajo de la creación, la luminosidad de la vida, la flor del mundo, la esencia del pensamiento y de la voluntad y del ideal.

Ya lo dije y lo vuelvo a repetir, la historia es historia universal, historia de las instituciones, historia política, historia económica, historia de un pueblo.

Protagonistas de un debate
tan actual como hoy

No hay más que una parte, concebida según la fórmula de los autores de la iniciativa: es la historia de las instituciones. Ahora bien, ¿es posible llamar historia a la historia de las instituciones? El que crea que la historia se reduce a la historia de las instituciones comete una figura que está muy común: tomar la parte por el todo. ¿Quién niega la historia de las instituciones? ¿Quién se atreverá a decir que las instituciones no tienen historia? Pero, ¿quién puede decir que la Historia se reduce a la historia de las instituciones? ¿Y los genios, los héroes? Estáis fascinados por lo social; os veo hipnotizados por el socialismo, por el colectivismo; ismo de la multitud. No: la historia no puede concebirse solamente como historia de las instituciones jamás. La historia es también la historia de las individualidades de excepción. ¿Sabéis cuál sería la historia de las instituciones exclusivamente?: llamado al campo de la historia, la historia de los hormigueros, la historia de los colmenares, la historia de las colonias de animales; eso sí sólo es la historia de lo colectivo. Pero los hombres tienen un alma en su armario y en los individuos, de suerte que historia de las instituciones, es historia de los colmenares, no historia de los genios; porque todas las abejas son un poco de la misma abeja, porque todas construyen un poco la misma celda del mismo modo, porque todas vienen libando, desde los días de Platón, del mismo modo la miel y, en cambio, la humanidad se distingue por esa serie de hombres excepcionales que son la antorcha luminosa que, pasando de mano en mano va iluminando a los hombres para lanzarse en este mundo, en este plano o en otro, o para no lanzarse en ninguno, pero para confirmar plenamente el poder que tiene el hombre que dice siempre ante la vida: no. La facultad fundamental del hombre superior es oponerse a la muchedumbre, vejarla si es menester, restregarle sus errores si encuentra una posición falsa; la inteligencia humana es la individualidad victoriosa, y esas individualidades victoriosas no se descubren en historia, y así se han ido llamando Buda, Jesús, Mahoma. ¿Y qué sitio han tenido en la ciencia verdadera? Se ha tomado en la historia social a Platón y Carlos Marx.

Mi posición no ha de ser injusta, mi posición ha de ser decorosa. Jamás negaré la grandeza del genio del colectivismo; jamás negaré la tesis colectivista.

Ahora bien, en la última parte no se hace sino afirmar, se afirma el colectivismo; hemos de hacer colectivismo o hemos de irnos de las aulas. Señor Rector(2) de la Universidad Nacional: si esto se aprueba, el profesor Caso deja de pertenecer a la Universidad; os lo protesto de todo corazón, con toda mi alma.

Dr. Lombardo Toledano

No es posible proclamar en el año de 1933 que el único ideal a priori es el ideal religioso. ¿Por qué? Todos los otros ideales humanos son ideales a posteriori, todos sin excepción, porque el ideal religioso se basa en que la verdad ya fue hecha una vez y para siempre; en cambio nosotros, los que no creemos que el móvil de la vida es el móvil religioso, los que creemos que la verdad se construye diariamente a través de la historia, tenemos que afirmar con el mayor énfasis que todo ideal es fruto de la evolución histórica. Por lo mismo, opinamos que la historia es la historia de las instituciones y no de los individuos. Indudablemente que los hombres de excepción valen, sí, pero es imposible siquiera explicar a Jesús en el siglo XX, por ejemplo. ¿Sería concebible la aparición de Newton en el siglo XII antes de Cristo? ¿Podemos suponer la aparición de Edison en el siglo XIV o la de Carlos Marx en el siglo X? Es imposible, porque los pueblos tienen que crear, por encima de los obstáculos que ellos mismos levantaron en el pasado, una nueva estructura, una nueva visión de la vida; de modo que son los conjuntos de comunidades los que crean a los hombres de excepción. Cuando un hombre se considera por encima de su tiempo, es un simple ilusionista. No hay nada ni nadie por encima de su tiempo. No hay más padre que la humanidad, y por eso no quiero ni puedo aceptar que la historia sea principalmente la historia de los individuos, ni tampoco se puede aceptar, como afirma el maestro, que el deber supremo del hombre es enfrentarse a la muchedumbre, restregarla, abandonarla en un momento dado, si ello es preciso. No; nosotros no creemos que la masa tenga una cultura superior, pero sabemos que la masa no ha de sucumbir nunca. Quiero un solo ejemplo de lo que la masa no haya construido lo que necesita, uno solo y no lo hay. Y cuando los hombres que se llaman de excepción, cuando los hombres que se dicen superiores han querido oponerse y enfrentarse a la masa, esos hombres de excepción, esos hombres superiores, han sucumbido irremediablemente ante el empuje de las masas. Eso es la verdad histórica.

Foto: Walter Shintani

Voy a concluir. No se trata de una cuestión personal. Se trata de algo de enorme trascendencia para la cultura y para el porvenir de México, como dije cuando hablé por primera vez. Recuerden, señores delegados, recuerden sus conocimientos de historia y sabrán que cuando don Gabino Barreda fundó este plantel, cuando don Gabino Barreda estableció la Escuela Nacional Preparatoria, el país entero se conmovió hasta sus cimientos. Entonces la sociedad mexicana, sobre todo la de la clase media y la llamada aristocracia, hizo una propaganda tenaz e inicua, calumniosa y despiadada en contra de Barreda, en contra de los profesores que le seguían, en contra de Juárez, en contra de todos aquellos que estaban con el movimiento de orientación y de reforma cultural. A los reformadores se les escarnecía, se les amenazaba con anatemas; y los que llegaban a la Preparatoria estaban advertidos de que quedarían excomulgados para su época, trazaron nuevos rumbos a la cultura del país. No debemos olvidar nosotros estas cosas, pues ahora se trata igualmente de dar nuevos rumbos a la cultura del país. De vivir en este caos en que nos encontramos, en este ambiente individualista disfrazado de romanticismo y de sentimiento religioso en la sombra, como eje principal de nuestra conducta; yo prefiero señores delegados -y lo digo con toda claridad, con toda sinceridad- que la Universidad se le entregue al clero. Es preferible una escuela católica a una escuela burguesa individualista, romántica, sin orientaciones definidas, porque la falta de orientación es el caos.

En cambio, el católico sabe siempre a dónde va, y cuando es inteligente y es sincero, es respetable. Pero nosotros no podemos respetar, porque no es respetable el individuo que va a la vida sin orientación, con un título universitario a pegarse a los faldones de cualquier político profesional. Y queremos que se salve a México impersonalmente, a la masa. Y no hay otra manera de salvar a la masa que tratando de que la Universidad corrija científicamente, en la posibilidad de su acción, el régimen injusto que nos caracteriza. Ya no comulgamos con las frases huecas ni con los sacrificios de tribuna o de discursos. Hay por desgracia una humanidad que sufre, una humanidad que tiene hambre, no sólo espiritualmente sino también material. Y nosotros queremos seguir discutiendo los valores eternos cuando hay miseria palpable, mugre evidente, mendigos desastrados, masas que están urgiendo el remedio claro y contundente. ¿Seguirá la Universidad discutiendo todas las ideas, todos los principios, para ofrecer al alumno nada más que vacilación y duda? No; la Universidad ya no debe educar para la duda ni en la duda sino en la afirmación

Notas

1 Luis Sánchez Pontón, abogado, fue gobernador interino de Puebla (1920-1921), diputado federal (1937-1940) y secretario de Educación Pública (1940-1941). Profesor de la UNAM, participó en la fundación de la Escuela Nacional de Economía y fue director de la Facultad de Derecho. (N. de la R.)

2 El rector de la Universidad era en ese momento Roberto Medellín Ostos.(N. de la R.)

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