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la granja


Raúl Trejo Delarbre

1 Benítez

El 6 de octubre de 1968, fresca todavía la sangre en Las Tres Culturas y dominado el panorama mexicano por el miedo, Fernando Benítez escribió para el suplemento que dirigía en la revista Siempre!:

"Granujas y espías se han disfrazado de locos, de jueces y verdugos. La acumulación de hechos ignominiosos se hace insoportable. Nadie ha perdonado a nadie a la hora de la venganza. Nadie ha reconocido que el movimiento estudiantil ha supuesto nuestra única posibilidad de verdadera renovación en cuarenta años, la única fuerza capaz de modificar la arteriosclerosis del PRI, de los líderes corruptos, la injusticia del reparto de la riqueza pública, la situación trágica de los campesinos y de los indios mexicanos... Ahora ante el país se abren dos caminos: una nueva represión y quizá por ello mismo el reino absoluto del terror y la destrucción de todo lo ganado duramente en estos años, o bien la reconstrucción integral de nuestra vida política y de nuestra enseñanza superior."

Aquel artículo, cuya valentía sólo puede aquilatarse en el contexto de una represión que no se limitó a la masacre de la noche triste de Tlatelolco, fue una de sus muchas hazañas públicas.

La también valerosa decisión editorial y política de José Pagés Llergo permitió que ese y otros textos de censura a la represión del gobierno diazordacista aparecieran en La Cultura en México.

2 Unica exigencia

Foto: Jorge Claro L./Contraluz

Por las páginas de ese suplemento pasaron varias generaciones de escritores mexicanos. Otros se habían iniciado en el suplemento que Benítez dirigió en Novedades hasta 1961.

Su talento como promotor cultural sólo era comparable al empeño para rescatar la historia social mexicana, impreso en célebres libros como el colosal Los indios de México.

A diferencia de muchos editores que imponen sus propios gustos a las publicaciones culturales que dirigen, Benítez tuvo la virtud de la anchura de criterio y la apertura sin más exigencia que la calidad.

Esa pauta hizo de sus suplementos, especialmente de los años 50 a los 60 del siglo XX, los espacios más propicios de la prensa mexicana para la creación y la propagación culturales.

Su momento estelar fue en el suplemento de Siempre! Había contado con la aquiescencia del presidente Adolfo López Mateos, que vio con simpatía la invitación de José Pagés para recibir a docenas de escritores y artistas que salían junto con Benítez del suplemento dominical de Novedades.

Pero el autor de El rey viejo se distanció pronto del gobierno en turno, cuando en mayo de 1962 dio cabida en el suplemento a las crónicas de León Roberto García, Víctor Flores Olea y a un excelente reportaje de Carlos Fuentes, acerca del asesinato de Rubén Jaramillo.

3 El mejor trabajo

Foto: Luis H. González/Silva

El crimen de aquel dirigente campesino en Morelos, no sólo empaña de manera irremediable al lopezmateísmo. Además, señala el rumbo crítico que habría de asumir La Cultura en México.

No todo era política en esas páginas. La crítica de pintura, la reseña bibliográfica, las novedades editoriales y prácticamente todas las obras literarias de importancia en los 60 son registrados bajo la dirección tolerante y organizadora de Benítez.

Años más tarde, Benítez explicaría la sensación lúdica y creativa que le producía su tarea como suplementero:

"Desde luego creo haberme buscado el mejor trabajo o al menos el más conveniente para mí. Después de diez años de reportero, el periódico se volvió mi casa. A unos les gusta el ronroneo de los gatos y a mí me gusta el ronroneo de las rotativas. Tomar un número recién impreso todavía oloroso a tinta y a madera constituye un placer. El trabajo del reportero es duro: debe buscar la noticia y escribirla bien y de prisa. El director es otra cosa. Como director me siento en la cabina de una nave fantástica cuyas órdenes cumplen abajo los tipógrafos, los cabeceros, los formadores de planas, los correctores y los rotativeros. Algo nuestro que se va en aviones, en trenes, en camiones y aparece en las calles de las ciudades más remotas" ("La Jornada Semanal", 1 de marzo, 1987).

4 Charlar, charlar

Foto: Jorge Claro L./Contraluz

Añadía Benítez, hace 13 años:

"El trabajo de director del suplemento es el más divertido y el menos fatigoso. Equivale a una tertulia del café o de las antiguas librerías donde los escritores amigos se reunían para charlar..."

Recordando los días intensos del suplemento en Siempre!, dejó este testimonio:

"Mi trabajo consistía en platicar, en sugerir, en informarme y sobre todo en charlar. La redacción estaba siempre pletórica. Vicente Rojo diseñaba, José Emilio Pacheco revisaba con sus ojos escrutadores de miope los originales. Monsiváis, siempre receloso, tenía la debilidad de enseñarme su crónica y yo se la arrebataba sin contemplaciones para evitar que siguiera corrigiéndola. Dos horas rogaba que le permitiera llevársela de nuevo y yo, implacable, la publicaba y siempre constituía un éxito. A Emmanuel Carballo le sugería entrevistar a los viejos escritores ya próximos a la muerte y así recogimos las últimas confesiones de Martín Luis Guzmán y José Gorostiza. Son documentos esenciales para la historia de nuestra literatura."

Lo son también, los suplementos que Benítez dirigió con ese estilo que gravitaba en la conversación desbordada, generosa y gozosa.

Foto: Luis H. González/Silva

5 ¡Hermanito!

"¡Hermanito!, qué bueno que te veo. A ti te estaba buscando. Voy a dirigir el mejor periódico de México. Va a ser el más moderno. Yo, desde mi oficina de director, voy a tener en la computadora el control de todo lo que se escriba. Aprieto una tecla y allí está el artículo. Aprieto otra y allí está la plana formada. Tienes que estar allí hermanito, quiero que estés en mi equipo."

Dos o tres veces o quizá más, cuando lo encontraba cerca de su casa que estaba muy cerca de la mía en Coyoacán, don Fernando me invitó a El Independiente, donde me asignó varios cargos. Nunca acepté. El diario no fructificó pero estoy seguro de que Benítez gozó intensamente la preparación de aquel proyecto donde él se veía, como le gustaba, en la cabina de una nave fantástica, como piloto de un tropel de locos empeñados en suscitar el vertiginoso ronroneo de las rotativas

Correo: rtrejo@etcetera.com.mx

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