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Cárdenas
No consultará con nadie

Pablo Hiriart

De pronto todos quieren que decline Cuauhtémoc Cárdenas. Unos le tocan las golondrinas con notas amables, otros se lo sugieren por razones patrióticas, y dentro de su partido algunos sacan fuerzas para hacérselo ver por cuestiones de pragmatismo electoral. Se llegó incluso a decir que había un acuerdo de la plana mayor del perredismo para retirar la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en marzo si es que continuaba dando tumbos como de hecho ha ocurrido.

Al ver esta presión, asombra que todavía haya seres humanos en este mundo que se crean capaces de doblarle el brazo a las decisiones personales de Cárdenas. El retiro o no de su candidatura de ninguna manera es una valoración política en la que tenga que ver el PRD ni sus órganos directivos. Se trata de una decisión íntima de Cárdenas que no va a consultar con nadie.

Como se han visto las cosas en estos días, se quiere presentar la determinación de sumarse o no a la candidatura de Fox como un asunto estratégico en el que la última palabra la tiene el PRD. No es así. ¿De cuándo acá el PRD le dice a Cárdenas lo que tiene que hacer?

¿Quién le va a decir que debe declinar a sus aspiraciones presidenciales en favor de Vicente Fox? Es impensable la escena que podríamos situar en el edificio del PRD, en el despacho de Amalia García. Ahí la lideresa del partido del sol azteca le dice a Cárdenas que es una decisión del Consejo Político que debe declinar. Que repliegue sus velas porque es necesario dejar que Fox sea el candidato que aglutine al conjunto de la oposición para sacar al PRI de Los Pinos.

Del lado de quienes descartan que se vaya a dar la declinación de Cárdenas en favor de Fox se ha puesto el énfasis en las contradicciones ideológicas que una alianza de tal naturaleza generaría. Se vuelve a decir que los perredistas no votarían por una opción de derecha como la que según ellos representa Vicente Fox.

Estos argumentos son muy respetables, pero no son las razones fundamentales por las cuales Cárdenas seguirá como candidato del PRD. Y no es así porque en este momento, en las campañas presidenciales no hay una disputa ideológica entre los candidatos.

Si observamos con mente fría después de oírlos durante todos estos meses, nadie sabe con seguridad cuál es la diferencia ideológica entre el programa de Cárdenas y el de Fox, o entre el de Fox y el de Labastida, o entre el de Labastida y el de Cárdenas. Nadie está en contra del TLC ni de las reformas al artículo 130 constitucional. Nadie quiere revertir las privatizaciones ni le va a dar marcha atrás a las reformas en el campo. Todos están, uniformados, en el centro.

El candidato de izquierda no quiere aparecer como de izquierda y, por tanto, no plantea ninguna modificación a las reformas en esta última década. El candidato de derecha tampoco se asume como conservador y a veces quiere aparecer como el más revolucionario y liberal de todos. Y el abanderado del PRI, heredero de toda esta gama de reformas que han cambiado al país, dice que él no se asume como el candidato de la continuidad.

El resultado es que no hay debate ideológico porque no hay diferencias sustanciales en ninguno de los tres. Las únicas diferencias están en que uno ofrece que la economía va a crecer a 5.5%, el otro a seis y el otro a seis y medio.

Por eso no resulta creíble que Cárdenas se niegue a declinar en favor de Fox por razones ideológicas. Las causas están en otro lado. Hay que buscarlas en su personalidad. El cree, y con toda razón, que no necesita una invitación para ingresar a la historia del brazo de Fox por la sencilla razón de que ya está en la historia: partió al PRI en dos en 1988; le ganó la ciudad de México al gobierno en 1997.

Ahora lo que quiere no es ser senador ni gobernador ni pasar a la historia. Quiere ser Presidente. Nació y se crió en Los Pinos. Es hijo del general y de doña Amalia: está convencido que le corresponde a él ser Presidente. Lo ve como parte de su biografía. Y ante sus ojos, Vicente Fox acaba de llegar a la política; no corre por sus venas la sangre azul de los personajes predestinados por la historia. Por las suyas, sí

Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.

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