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homenaje Cien años con Buñuel
Jorge Carrasco V.
Este 22 de febrero se cumplió el centenario del nacimiento de Luis Buñuel, quien falleció en nuestro país el 29 de julio de 1983 de un paro cardiaco ocasionado por una cirrosis biliar. Pionero del surrealismo, desplazado de guerra, proscrito en Hollywood, Buñuel encontró en México su segunda patria, donde filmó la mayor parte de sus 31 películas que lo consagraron como uno de los genios del séptimo arte de todos los tiempos. Un pasado surrealista Primogénito de una familia de siete hermanos, Buñuel tuvo una estricta educación jesuita que lo influiría por el resto de su vida y lo convertiría en "ateo gracias a Dios". Una de sus bromas favoritas estribaba en decir a sus amigos que en su lecho de muerte "llamaría a un cura para confesarse". En la residencia de estudiantes de Madrid conoce a dos de las glorias de las letras españolas, Rafael Alberti y Federico García Lorca. De ahí se trasladó a París a estudiar para ingeniero agrónomo. Trabó conocimiento con los surrealistas, que era un grupo de solamente 21 miembros, entre los que se contaban Louis Aragón y André Breton, transformándose en uno de los pilares del movimiento. Después de ver Las tres luces, de Fritz Lang, el aragonés se percató de las bondades del cine: "La película me conmovió profundamente iluminando mi vida", confiesa en sus memorias intituladas El último suspiro. Se consideraba como un mal escritor, pero estaba seguro que "podría contar historias con imágenes". Decidió entonces emprender su aprendizaje cinematográfico y actuó como asistente del director Jean Epstein en La caída de la casa de Usher, pero se negó a trabajar con Abel Gance, al que consideraba "ramplón". Epstein lo despide y lo llama "joven irrespetuoso".
Junto con su amigo Salvador Dalí decidió hacer una película. Lo logró gracias al dinero proporcionado por su madre, que al principio se oponía a ello porque consideraba al cine "como un espectáculo de feria". El perro andaluz entrelaza una serie de sueños e imágenes que los habían impactado y provoca un escándalo al ser consideraba "una invitación al asesinato". Se registraron incluso dos abortos durante su exhibición. Hubo 40 o 50 denuncias en la comisaría donde afirmaban que "había que prohibir esa película obscena y cruel". Posteriormente Buñuel filmó La edad de oro, gracias al patrocinio de la familia Noallies, nobles desinteresados a quienes les había encantado su primera película. La cinta, que narraba cuatro episodios diferentes, fue prohibida después de una semana de exhibición y no pudo verse en París sino hasta 1981. Sin embargo, su filme más polémico de este periodo estuvo alejado de sus imágenes surrealistas. Las Hurdes o tierra sin pan es un documental sobre una de las regiones más pobres de España, entre Cáceres y Salamanca. Sus desplantes surrealistas podían tomarse como travesuras, pero la realidad resultó más subversiva. La película también fue prohibida y Buñuel fue declarado antiespañol. Proscrito hollywoodense
Luego de producir cuatro filmes comerciales fue sorprendido por la guerra civil, y entró en ella como encargado de propaganda. Prefirió aceptar una propuesta para viajar a Hollywood con su familia en calidad de consejero técnico sobre las películas que se harían sobre la guerra civil. Sin embargo, el gobierno estadounidense prohibió que se filmaran cintas sobre el tema. "Abandoné Hollywood, donde no podía hacer nada. Decidí ir a Nueva York para buscar trabajo. Periodo negro, dispuesto a hacer cualquier cosa", confiesa en sus memorias. Entró en el Comité de Propaganda de Asuntos Interamericanos del Museo de Arte de Nueva York, donde debería de seleccionar cintas antinazis. Dalí lo denuncia entonces como "un simpatizante comunista". Buñuel es despedido de su trabajo. Luego de hacer pequeños trabajos como en La bestia de cinco dedos, de Robert Florey, viaja a México. Buñuel mismo se cuestiona sobre cómo hubiera sido su carrera si se hubiera convertido en director hollywoodense y dispuesto de los grandes adelantos técnicos y llega a la conclusión de que no lamentaba nada, pues había disfrutado de libertad artística. Un mexicano por adopción Cuando llegó a México en 1946, Buñuel creía acabada su carrera en el cine. Pero gracias a la bondad de Oscar Dancigers se vio de pronto encargado de dirigir Gran casino, una producción que reunía a dos de las figuras más taquilleras del momento: Jorge Negrete y Libertad Lamarque. En esta historia sobre intrigas petroleras, el director no tuvo mucha oportunidad de mostrar su pasado surrealista, sin embargo, se las ingenió para terminar la película sin tomar el beso de las estrellas, sino fotografiando el petróleo que brotaba a sus pies. Su osadía le costó tres años de retiro. Regresó con El gran calavera, una comedia menor del español Alfonso Torrado con Fernando Soler, el coproductor, en el papel principal. El filme tuvo éxito comercial, lo que permitió a Buñuel emprender un proyecto más caro hasta ese momento. Nada hacía presagiar el escándalo de Los olvidados. La historia de Pablo y El Jaibo, -basada en algunos casos reales tomados de los archivos de la correccional- tuvo que sufrir varias modificaciones para poder filmarse y aun después de ello tuvo otros problemas. Solamente duró tres días en cartelera y los pocos que la vieron pedían la cabeza del director, argumentando que se le debía expulsar del país aplicándole el artículo 33, "porque denigraba a México". Afortunadamente Buñuel tuvo que viajar a Cannes a presentar la película, la cual se convirtió en la triunfadora del festival al considerarlo el mejor director. Los mismos detractores del cineasta lo ovacionaron a su regreso diciendo que "era un cineasta mexicano genial". Los premios
Los olvidados recibió 11 de los 18 Arieles concedidos ese año. Mejor película y mejor director; coactuación femenina (Stella Inda); coactuación juvenil (Roberto Cobo); coactuación infantil (Alfonso Mejía); argumento original y mejor adaptación (ambos para Buñuel y Luis Alcoriza); fotografía (Gabriel Figueroa), escenografía (Edward Fitzgerald); edición (Carlos Savage) y sonido (José B. Carles). A partir de ese momento, trabajar con Buñuel significaría nuevos premios para técnicos, actores y colaboradores. Katy Jurado obtuvo el Ariel a la mejor actuación de reparto por El bruto. Robinson Crusoe representó arieles para Buñuel por la mejor dirección y adaptación. Jaime Fernández recibió el premio a la mejor coactuación, Carlos Savage a la mejor edición y Edward Fitzgerald a la mejor escenografía. Además obtuvo una mención especial en el Festival de Punta del Este, Uruguay. Raúl Lavista obtuvo el Ariel por su música en El río y la muerte. La espléndida Nazarín obtuvo el Premio Internacional del Jurado en el Festival de Cannes de 1958. Ahí mismo, La joven obtuvo ex aequo un premio especial del jurado dos años más tarde. La Fama de Oro le fue otorgada en 1961 por Viridiana. El ángel exterminador ganó el premio de la crítica internacional (Fipresci) en el Festival de Cannes de 1962, el Jano de Oro en el de Sestri Levante, Italia, y la medalla André Bazin de la crítica internacional de la Reseña de Acapulco. Simón del desierto obtuvo un premio especial ex aequo en el Festival de Venecia. Sin embargo, el premio más famoso que obtuvo fue el Oscar a la mejor película en idioma extranjero por El discreto encanto de la burguesía. Pero el honor que más le gustaba a Buñuel era que en su natal Calanda le hubieran puesto su nombre a una calle, pues ese lugar se llamaba anteriormente El callejón de la mierda. Nuevos escándalos
No sería la única vez que Buñuel tendría que soportar los escándalos en carne propia. Viridiana, la cinta que marcó su reencuentro con España, sufrió una suerte similar. Las autoridades franquistas aceptaron que viajara a Venecia representando a la cinematografía del país, pero cuando la vieron dieron marcha atrás. La película fue prohibida en España hasta la muerte de Franco; motivó la renuncia de un ministro y desnudó la hipócrita censura franquista. Cuando ya era director consagrado, Buñuel sufrió las limitaciones económicas de los productores nacionales como Gustavo Alatriste que a cambio de ello le otorgaban toda la libertad artística. "Maestro, es usted un genio, no le he entendido nada a la película", decía Alatriste al ver los rushes de El ángel exterminador, sólo para después comunicarle que se le había agotado el dinero en Simón del desierto, y tendría que montar con lo que ya había filmado. Buñuel aceptaría estoicamente estas limitaciones, pero sus siguientes filmes los haría en Francia. La consagración
Buñuel realizaría la última parte de su carrera en Europa, con Serge Silberman como productor y Jean Claude Carriere como guionista. A esta etapa pertenecen El diario de una recamarera, con Jeanne Moreau; Bella de día, con Catherine Deneuve, que repetiría con el maestro en una nueva adaptación de Benito Pérez Galdós, uno de sus autores favoritos, en Tristana. En La vía láctea hace un polémico recuento de los dogmas cristianos. El discreto encanto de la burguesía recibiría los beneficios de haber obtenido el Oscar. En Ese oscuro objeto del deseo, su última película, sorprende a propios y extraños al utilizar a dos actrices, Carole Bouquet y Angela Molina, indistintamente para representar al mismo personaje. La musa del genio La vida de Buñuel no hubiera sido la misma de no haber tenido la fortuna de casarse con una gran mujer: Jeanne Rucar, que supo comprenderlo y quererlo. Pocos saben que ella era una mujer triunfadora y desarrolló su propia carrera, como queda explicado muy bien en Memorias de una mujer sin piano, que escribió al alimón con Marisol Martín del Campo. Jeanne fue una destacada gimnasta que en las Olimpiadas de 1924, en París, obtuvo la medalla de bronce. Curiosamente confiesa que lo que mejor recuerda de esa época fue al "guapo" Johnny Weismuller: "Su sonrisa metía cascabeles en el alma, daban ganas de estar entre sus brazos e imaginar cómo sería recibir un beso", confiesa.
Ese mismo año conoce a Buñuel en casa del pintor Joaquín Pintado. Al principio, él la confunde con una mujer de cascos ligeros, pero al ser corregido de su error por su amigo, decide conquistarla. "¡Era guapo de verdad! Cariñoso. Desde esa tarde me atrajo y se metió en mi corazón y en mi cabeza", confesaba emocionada en sus memorias. Buñuel se oponía a que siguiera practicando gimnasia "tan escasa de ropas" y en un acceso de ira arrojó su medalla olímpica al Sena. Jean Epstein trató de disuadirla cuando le confesó que lo amaba y que le había ofrecido matrimonio, pero que la aterraba su inteligencia. "Está equivocada. Usted es más inteligente que él. No le conviene. No se case con él", le dijo el director de La caída de la casa de Usher. Se casó en París en 1934 y ese mismo año dio a luz a Juan Luis. Rafael nacería seis años más tarde en Nueva York. Comentaba que debía la felicidad de su matrimonio a una receta de su suegra: "Siempre di a Luis que sí a todo. Pero haz lo que tú quieras"
Filmografía Esta es la filmografía completa del genial director: El perro andaluz (1928), La edad de oro (1930), Las Hurdes o Tierra sin pan (1932), Gran casino (1946), El gran calavera (1949), Los olvidados (1950), Susana carne o demonio (1951), Una mujer sin amor (1951), La hija del engaño (1951), Subida al cielo (1952), El bruto (1952), Robinson Crusoe (1952), Abismos de pasión (1953), El río y la muerte (1954), La ilusión viaja en tranvía (1954), Escena de un crimen (1954), La muerte en ese jardín (1955), Eso se llama la aurora (1956), Nazarín (1958), Los ambiciosos o la fiebre sube a Monte Pao (1958), La joven (1961), Viridiana (1961), El ángel exterminador (1962), Simón del desierto (1964), El diario de una recamarera (1965), Bella de día (1967), La vía láctea (1968), Tristana (1970), El discreto encanto de la burguesía (1972), El fantasma de la libertad (1973), Ese oscuro objeto del deseo (1977). Jorge Carrasco V. es periodista. |
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