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El Mexe
La ley pospuesta

Julián Andrade Jardí

Foto: Israel Rosas/Crónica

Lo que sucedió en el Mexe no es sino el anuncio de lo que puede ocurrir cuando se mezcla la falta de sensibilidad política con la justicia en propia mano. Pobladores iracundos desarmaron y detuvieron a 68 elementos de la policía regional. Los amarraron y luego los pasearon por las calles del pueblo para someterlos a un juicio popular. Amenazaron con quemarlos si no se cumplían sus exigencias. Las fotos son elocuentes: policías hincados, sin camisa, esperando el veredicto.

En esos momentos pudo pasar cualquier cosa, lo que sin duda habría agravado la endeble paz en ese municipio. La toma de una normal rural por centenas de estudiantes que pedían la liberación de 22 de sus compañeros presos, acusados de robo simple, recluidos en Pachuca y el posterior desalojo de los inconformes, prendieron la mecha de un agravio más hondo.

Aún no contamos con la información adecuada, pero es probable que fluya durante las próximas semanas, con lo que sin duda tendremos más elementos de juicio para explicar un fenómeno que se puede volver recurrente. ¿El problema estudiantil es razón suficiente para un conato de linchamiento? Es evidente que no. La reacción popular sólo es pensable por múltiples agravios, por la ley pospuesta y por la losa de la impunidad. El Mexe puede dar, también, una idea de cómo se van construyendo las salidas violentas. Lo que era un litigio por el cambio de autoridades en una escuela rural se convirtió en un drama social sin que nadie se diera cuenta.

Hidalgo, desde hace unos años, es un lugar donde se prendieron los focos rojos, en el que la información sobre movimientos guerrilleros es constante. Poco importa que desmenucemos los delitos cometidos si no los acompañamos de un examen profundo de la situación que prevalece en algunas regiones del país. La pobreza, los malos gobiernos y la impunidad han generado una mezcla explosiva que debe ser atendida.

El mismo día que los policías eran heridos en Hidalgo, en Guerrero elementos del Ejército se enfrentaron con el EPR. No podemos aislar lo ocurrido en Hidalgo de la apuesta de grupos radicales, que ven un caldo de cultivo insuperable en regiones donde las condiciones de vida son realmente duras. Pero mal haríamos si no nos detenemos en las condiciones de desarrollo y en las políticas de combate a la pobreza, muchas veces relegadas por corrupción o capricho.

El Mexe se puede convertir en el anuncio de ese México que habita nuestras profundidades, de las líneas que separan la violencia de la convivencia más o menos civilizada. La falta de capacidad del gobierno local para procesar la inconformidad de un grupo organizado y dispuesto a cualquier cosa, es otra de las variables que deberán examinarse.

Lo peor sería no darse cuenta de que algo está sucediendo y no es nada promisorio. Podemos terminar con dos países: uno que cree en la democracia y otro que continúa empeñado en la ley justiciera, con sus policías incompetentes y sus ciudadanos enfurecidos

Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica.

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