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El precio del petróleo
Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

cuentas claras


Enrique Contreras Montiel

Educación: ¿medida de la libertad?

Foto: Angeles Trujillo

Gran parte de la esperanza nacional se ha montado en la ampliación y acceso a la educación. Nada menos, el pensamiento liberal del siglo XIX fincó su programa en la educación pública. Benito Juárez afirmó en febrero de 1859: "La instrucción es la primera base de la prosperidad de un pueblo, a la vez que el medio más seguro de hacer imposible los abusos del poder".

En interpretación de las posturas liberales de la Reforma de Francisco-Xavier Guerra, en su libro México: del antiguo régimen a la revolución (FCE), "el progreso y la Ilustración sólo podían venir de la construcción de un sistema educativo desvinculado de la sociedad y de sus valores". Es decir, el ejercicio pleno de las libertades tiene como medida a la educación.

 

¿La medida del "progreso"?

Foto: Martha Ghigliazza

Si la medida del progreso y la "Ilustración" fuera la educación, tal parecería que México perdió la brújula. En los últimos diez años, el gasto en educación aumentó de 19 mil 672 millones a 257 mil 572 millones de pesos. En el mismo periodo, los precios aumentaron poco más de 17 veces, lo que implica que si el gasto en educación solamente lo hizo 13 veces, en realidad, esos recursos monetarios descendieron en términos de su poder de compra. Dicho de otro modo, el dinero que en 1999 se destinó a educación equivale en la actualidad a 46.9% de lo que en 1989 se destinó al mismo objetivo.

Pero también hay cambio en la distribución de los recursos en educación. En 1989, el gasto en educación pública representaba 91.6% del total, en tanto que los gastos privados apenas llegan a 8.3%. En 1999 la distribución cambió, los gasto públicos solamente fueron 87.5% y los privados 12.3%.

Lo que sí parece tener un signo alentador, aunque muy ligero, es que los estados han aumentado su responsabilidad en la impartición de la educación. En 1989 la participación de los gobiernos estatales era de 15.5%, en tanto que para 1999 ascendió a 18.67%.

 

Monstruos sin cabeza o sin pies

Foto: Raúl Ramírez Martínez

Pero llama la atención que en tanto los recursos públicos en educación disminuyeron en términos reales, la demanda del servicio escolar aumentó: la matrícula escolar pasó en el mismo periodo de 25 millones 210 mil a 29 millones 57 mil, es decir, creció 15% entre 1989 y 1999.

Tal parece que las altas tasas de crecimiento demográfico de hace dos décadas ahora hacen su presencia en la matrícula escolar. En tanto las tasas de crecimiento de la matrícula en el nivel educativo básico en los últimos diez años fue de 9.4%, la de nivel medio superior se disparó hasta 36.7% y la de superior fue de 54.2%.

El problema es que los recursos que demanda la educación primaria se quedan muy por debajo de los que requieren los niveles superiores. Es decir, la presión que se está generando en la demanda de servicios educativos a nivel medio superior y superior también es una fuerte contribución al deterioro de la calidad de la educación en los niveles básicos. Simplemente, los cerca de diez mil millones de pesos de presupuesto para la UNAM equivalen a 45% del gasto en educación superior y postgrado; incluso, si se suma el gasto en investigación, el presupuesto de la UNAM equivale a 34.3% del total.

Se debe decidir entre poner pies o cabeza a la educación en México. Es decir, si fuera como lo pensaban los liberales del siglo XIX, la libertad de las élites intelectuales tendrá como costo la subyugación, la condena al atraso y al oscurantismo de los pobres mexicanos

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