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La Universidad y la tolerancia
Temas para cuidar y aprender

Ciro Murayama

Foto: Rogelio Cuéllar

El título de este artículo es el mismo que tiene un tomo publicado por la Universidad Nacional en 1996, coordinado por Rafael Cordera y Eugenia Huerta, y que a mi modo de ver es una lectura, además de amena e ilustradora, que debería llegar a todos los muchachos que en estos meses presenciaron cómo una actitud clave fue secuestrada, escamoteada y hasta vilipendiada: precisamente la tolerancia que hace posible el diálogo, la negociación, el acuerdo, la conciliación de intereses encontrados y, más llanamente, la convivencia productiva.

En el citado libro colaboran más de 20 autores con su propia pluma y más de una docena son entrevistados sobre el tema. La portada es una fotografía que muestra un momento donde también la tolerancia fue excomulgada por personajes de penoso andar en la UNAM: un cristal de la Rectoría, que da a la biblioteca central, roto por el impacto de una bala; era el 30 de julio de 1972, cuando Falcón y Castro Bustos tomaron las oficinas del rector.

En el volumen se encuentra una historia gráfica de expresiones de pluralidad y tolerancia en la Universidad a partir de 1929, pero también registra cuando el autoritarismo y la sinrazón se han hecho presentes. Ahí vemos desde las manifestaciones por la autonomía y las reuniones estudiantiles de saco y corbata, la primera plana de Puño, que era el periódico del MURO, el derribo de la cabeza a la estatua del presidente Alemán en 1967, mítines del 68 y la bandera a media asta, la ocupación por el Ejército -y lo diferente que fue respecto de lo que se vio hace unas semanas-, la pedrada a Echeverría en 1975, la constitución del sindicalismo y sus jornadas, los diálogos públicos entre rectoría y el CEU, la presencia de los candidatos a la Presidencia en 1994 en el campus, así como distintos intelectuales, artistas y científicos que han pasado por la UNAM enriqueciendo su pluralidad. En fin, de momentos clave, algunos de angustia y otros de goce, de la institución que hoy parece, lamentablemente, una más débil.

Pero la densidad del libro, obviamente, se encuentra en las ideas de sus autores. Van, en las líneas que siguen, algunos de mis subrayados sobre los temas que hay que cuidar y otros de los que cuidarse:

Luis de la Barreda: "La UNAM ha sido ejemplarmente tolerante ante grupos que no han dudado en hacer uso de la fuerza, de la violencia y de la intolerancia; aun con ellos, la institución ha sido generosa e inteligente. Sin una Universidad como la UNAM, con todos sus problemas y en toda su magnitud, nuestra sociedad no habría aprendido a ser tolerante, ni a reconocer ni a anticipar su real diversidad".

Luis González de Alba: "La educación universitaria da fundamentos a la tolerancia de quien ya es tolerante, pero también apuntala sofismas, refuerza intolerancias de quien ya es intolerante. Es como algunos sazonadores: realza el sabor previamente existente. Pero, con todo, en el muy amplio centro, entre las mayorías que arriban sin grandes convicciones ni grandes anhelos, es indudable que el solo contacto con las ciencias, con el método para razonar, se suavizan las necedades y se establece la duda ante las convicciones no fundamentadas. Es en esas aguas tranquilas y sin grandes pasiones donde la Universidad y el conocimiento de las diferencias en el prójimo refuerzan la tolerancia".

Martín Hernández Luna: "Mi experiencia como profesor en los últimos años es que ha sido más fácil conseguir financiamiento para nuestros proyectos, conseguir mejores laboratorios, edificios y cubículos, que proponer un cambio pedagógico y cultural. Nuestro diálogo nunca toca ese punto neurálgico, estas claves de la formación intelectual que determinan sin duda al profesionista y al científico".

Cinna Lomnitz: "El mundo académico tiene sus reglas no escritas, al igual que el mundo de la selva. No siempre se procede con generosidad y gentileza. A medida que los recursos van haciéndose más escasos, sin duda tendremos que ver un recrudecimiento de la intolerancia en nuestro medio, como ya ha venido sucediendo entre los escritores".

Mario Molina (el Premio Nobel): "En una universidad la única cosa que, creo, no puede ser tolerada, es la falta de calidad".

Alejandro Rossi: "Ha sido una tarea universitaria educar a grupos e individuos para que entiendan que una cosa es el respeto a las diferencias y otra, muy distinta, la complicidad con lo mediocre. La mediocridad es el cáncer de una universidad. La obligación social de la Universidad, de mantener esta especie de comunidad múltiple, debe entenderse a la luz de esta otra obligación: mantener la calidad. Educar para apreciar este tipo de distinciones, me parece que es otra de las funciones de la UNAM. Que un muchacho, tras cuatro o cinco años de experiencia universitaria, se convenza de la importancia de equilibrar la calidad y la tolerancia es ya una gran conquista".

En fin, pinceladas breves de reflexiones que demasiados universitarios, por pocos que hayan sido, no leyeron, y menos asimilaron cuando se les ocurrió que "diálogo no es negociación". Pero las ideas sobre la tolerancia, el libro en particular y, sobre todo, la UNAM, ahí están para aprender

Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid.

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