etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia águila y sol
ensayos tianguis libros cultura
espectáculos etcétera
águila y sol

No
¿Amnistía a
presos del CGH?

José de Jesús Murillo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sí. Para relajar la polarización

Carlos Guevara Meza

Foto: Jorge Claro L./Contraluz

Frente al grave conflicto que está viviendo la UNAM, y la forma "quirúrgica" pero policiaca a fin de cuentas con que se ha pretendido dar por terminado el asunto, hay que señalar varias cosas: la primera es que el tabú que pesaba sobre la intervención de la fuerza pública en los movimientos estudiantiles universitarios, generado a partir del escándalo y el descrédito que se ganó el gobierno con el 68, ha caído con la reciente situación. Ello era sin duda una protección para movimientos reivindicativos y, también, y es lo más importante, para la efectiva libertad de cátedra, pensamiento y expresión dentro de la Universidad. La UNAM había pagado con sangre un privilegio muy raro de encontrar en otras universidades de América Latina. Eso es lo que tiene de peligroso la intervención.

Y ello también lo tiene la detención masiva e indiscriminada de jóvenes estudiantes universitarios. Cierto que la situación ha comenzado a ser corregida con la liberación de muchos jóvenes, aunque hay que señalar que muchas de esas liberaciones no eliminan el precedente nefasto que se ha establecido, pues los han soltado bajo fianza y los procesos continúan.

Queda, sin embargo, el caso de personas que aun siendo acusadas de delitos menores se les ha negado la libertad bajo caución, argumentando su "peligrosidad social". Muchos han señalado, y estoy de acuerdo, que la exageración de acusaciones como "terrorismo", recordaba y nos regresaba a tiempos que creíamos acabados. Y la situación con la "peligrosidad social" es exactamente la misma. Me parece, sin ser abogado, que la caracterización de peligrosidad como argumento para negar la libertad bajo fianza tiene sentido cuando se aplica, en todo caso, a sospechosos de delitos graves, muy graves, como homicidio, secuestro, robo a mano armada, violación. En este caso particular hay que tomar en cuenta que quienes tomaron las instalaciones, incurriendo así, supuestamente, en el despojo, son universitarios también, igual que quienes levantaron las demandas. No son paracaidistas ocupando un terreno baldío. Se podría argumentar que sí había paracaidistas, pero ellos no son los detenidos.

La situación que se ha señalado como más grave, y visible por la cobertura que le dio la televisión, fueron los hechos de la Prepa 3. Dejemos de lado, sin olvidar, los enormes vacíos que aparecen en la mayoría de las crónicas de los medios, todas esas horas que faltan entre la llegada de los paristas a la Prepa para retomarla, la duración de los enfrentamientos, la golpiza y la llegada de la policía. Huecos que bastan para que los desconfiados, y hay muchos, piensen en una provocación bien orquestada. Una pregunta solamente: ¿por qué, si los vigilantes también le entraron a los golpes, arrojaron piedras y todo, no fueron detenidos? De algún modo ellos también fueron responsables de la violencia. Lo cierto es que los paristas cayeron en la provocación y, además, se pasaron. Argumentar que fue una provocación, que los jóvenes no miden las consecuencias, que todos cometemos errores alguna vez; es infantil y vacuo.

Sin embargo, la forma como se ha presentado la situación, no sólo en los medios, sino también jurídicamente, deja mucho que desear. Primero habría que identificar claramente a los individuos que participaron en los hechos. Y, en segundo lugar, tendría que dejarse claro qué tan grave es, legalmente, tal delito.

Es mi opinión, y creo que muchos la comparten (una marcha de 100 mil personas, por ejemplo), que los presos deberían ser liberados. Para no sentar, aún más, el precedente de que las posturas heterodoxas que se presentan en la Universidad, o la sociedad, y que eligen el camino de la acción directa, puedan ser reprimidas sin más. Porque la ley se les ha aplicado en tiempos y por razones no jurídicas, lo cual es una muestra más de que el Estado de derecho aún es utópico en este país. Para relajar un poco la polarización de posturas en la Universidad, frente al proceso de discusión y reforma profunda que le espera. Y porque recuperar la Universidad es, sobre todo, recuperar sus valores, los de la discusión libre, la tolerancia y la racionalidad. No sé si los ultras que condujeron tan mal el movimiento hayan aprendido la lección. Los demás no podemos evadirla

Carlos Guevara Meza es filósofo por la UNAM.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores