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música Idilio con el jazz
Xavier Quirarte
Después de 13 años, los seguidores de Police siguen lamentando la desintegración de uno de los grupos más populares y creativos del rock de los 80. Pero no el guitarrista Andy Summers. Estar lejos de la fama le ha permitido desatar la creatividad que, aceptémoslo, comenzaba a ser ahogada en Police. Su carrera como solista le ha permitido hacer discos más aventurados, tanto en los terrenos del rock como en la fusión con otros géneros. Y no es que Summers haya descubierto una nueva veta: antes de Police, el guitarrista había desplegado su sentido de experimentación durante sus breves estancias con Soft Machine, The Animals, John Lord, Kevin Ayers y Eberhard Schoener. Con Police cumplió un ciclo formidable en los terrenos del rock pero, al igual que Sting y Stewart Copeland, necesitaba terreno para seguir creciendo. Lejos de la fama y la fortuna, Summers pudo experimentar a sus anchas con Robert Fripp en dos discos altamente recomendables: I Advance Masked y Bewitched, para luego desembocar en su primer disco solista: Mysterious Barricades que, editado en 1987, fue incomprendido por aquellos que lo catalogaron de un acercamiento al new age. A éste siguió The Golden Wire (1988), un affaire con la world music en compañía de músicos como Paul McCandless, de Oregon, y la cantante hindú Najma Akhtar. Summers se movió a los terrenos del jazz-rock en Charming Snakes (1990), que incluyó la participación de Sting en uno de los temas, y una formación de jazzistas impresionante que incluía a Mark Isham, Chad Wackerman, Bill Evans, Herbie Hancock, Eliane Elias y Mike Manieri como productor. A Charming Snakes siguió Invisible Threads (1993), grabación acústica a dueto con John Etheridge en la que repasa algunos temas de Django Reihardt y Thelonious Monk. En Synaesthesia (1995) encontramos a un Andy Summers que, bajo el influjo del pintor Kandinsky -él mismo es pintor- y el compositor Scriabin, se muestra más preocupado por la música conceptual. Minimalismo, ritmos latinos, guitarras distorsionadas y otras experimentaciones conviven en este disco en el cual encuentra nuevos caminos como ejecutante. The Last Dance of Mr. X (1998), su primer disco para RCA Victor, lo sitúa acompañado por Tony Levin y Gregg Bissonette, en terrenos más jazzísticos, al interpretar temas como "Three Marias" y "Footprints", de Wayne Shorter; "Afroblue", de Mongo Santamaría; "We See", de Thelonious Monk, y "Goodbye Pork Pie Hat", de Charles Mingus. A ello agrega sus propias composiciones: "Strange Earth", "Rumperlstiltsken", "The Somnambulist" y "The Last Dance of Mr. X". "He estado luchando más y más para tocar sin esa intensa necesidad de gustarle a la gente", decía Summers después de grabar The Last Dance of Mr. X. Con esa filosofía en mente, en 1998 se reunió con el guitarrista argentino Víctor Biglione para armar Strings of Desire, una cita de guitarras acústicas que dialogan con la misma familiaridad en los terrenos del jazz que en los de la bossa nova, a través de piezas clásicas como "Stone Flowers", "In Your Own Sweet Way", "Night in Tunisia" y "Django", de John Lewis. Con Green Chimneys Summers mantiene su idilio con el jazz, esta vez con un tributo a Thelonious Monk, un artista irrepetible que requiere de músicos no sólo dotados de habilidades técnicas -de las que le sobran al guitarrista-, sino sobre todo de un espíritu aventurero a ultranza. Desde que escuchó a Monk por primera vez, Summers se mostró cautivado por el universo sonoro creado por el pianista, al que sólo han accedido los elegidos. No sólo aborda temas clásicos, como "Bemsha Swing", "Evidence", "Rubby my Dear" y "Round Midnight", sino temas menos conocidos, como "Brilliant Corners", "Shuffle Boil", "Ugly Beauty" y "Boo Boo`s Birthday". Summers se conecta con el espíritu de Monk para mostrarle su afecto, pero lo hace como debe hacerlo un creador verdadero: redimensionando algunas de sus obras a través de un lenguaje que une elementos del rock, el jazz, la música del mundo y la vasta experiencia de un guitarrista que, un día, decidió que en la fuerza policiaca no había futuro Xavier Quirarte es periodista cultural. Su más reciente libro es Ritmos de la eternidad (CNCA, 1999). |
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