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¿Paz en los ejidos?
Para los indios el futuro no promete

Rubén Mújica Vélez

Para mis hijos, Rubén Ernesto y Tony,
para que en la lejanía recuerden a su verdadero país...

Foto: Juan Pablo Cruz/Visor

El entorno era atractivo. El Ajusco reverdecía bajo las lluvias intensas de las últimas semanas. El resplandor del sol de mediodía imprimía a toda la zona un ambiente primaveral. Pero la modestísima casa de su pariente sobrecogía al Lic. que tuvo que prepararse anímicamente para entrar a un ámbito paupérrimo.

-Primo, qué gusto en verte -exclamó el aún reció Sebastián Cruz, que pese a sus 55 años mostraba una sólida figura.

-Visitándote, en cuanto supe que estabas por acá. Te diré que me extrañó mucho que hubieras decidido dejar la tierra, la parcela y esa región de Cotzocón que me parece maravillosa. La vegetación, las montañas siempre verdes, los ríos caudalosos que bajan hasta Veracruz, las tardes en que al filo del anochecer se ven humear todos los jacales diseminados por las barrancas y las alturas. Luego, la calidad de las tierras, negras, humíferas y profundas que rompe el arado con facilidad, la producción de ¡todo! Siempre que recuerdo lo que decía el viejo Nicanor me empiezo a reír solo: ¡Esta tierra es tan buena que si voleas semilla de pendejos, hasta se amacollan!

-Es cierto, es una tierra bellísima. Mis padres fueron de los afortunados que por formar parte de los primeros "reacomodados" por la construcción de la Presa Cerro de Oro, les tocaron buenas tierras. Porque a otros paisanos les tocó tierra sin agua o de plano de segunda calidad. Fue una gran injusticia y pagamos el precio del "progreso". Nosotros fuimos de los pocos que hasta mejoramos, pero ese gusto nos duró pocos años. Las cosas cambiaron, empeoraron...

-Pero si tú producías y vendías de todo. Tu parcela era productiva. Claro que comprobé cómo te sobabas el lomo todos los días y hasta el anochecer, pero...

-Mira, primo. Eso despertó la envidia de don Quirino, el cacique. Empezó a querer comprarme la tierra y yo a negarme. Hasta que me mandó un "guardia blanca" a recomendarme que mejor vendiera o me atuviera a las consecuencias. A los pocos días me mataron varios animales y frente a la casa me dejaron un cráneo humano. Los avisos eran claros y mi familia se asustó y pensamos que vale más la vida que la mejor tierra...

-Pero primo, hubieras acudido a la justicia, hubieras puesto una demanda, hubieras ido a Oaxaca...

-Mira, primo, en esos lugares tan apartados de la capital y de Dios, la justicia llega hasta donde empiezan las tierras de don Quirino. El es hombre de horca y cuchillo y en la región sólo él manda. Es un influyente.

-Hubieras puesto una demanda en la Comisión de Derechos Humanos...

-Esas comisiones allá no funcionan. No hay quien se atreva a ponerle el cascabel al gato. Allá solamente se podría hacer algo con el Ejército y aún topa con intereses tan grandes que no sabes a que atenerte. ¿No recuerdas la matazón que hubo hace varios años? Se dijo que era por narcotráfico pero la verdad fue por tierras. Fue brutal y se mencionaron ocho muertos; la verdad fueron casi 25 y hubo desaparecidos que nunca volvimos a saber de ellos. A nuestra lideresa, la Daniela Cortés, le metieron un balazo en la cara que se la deformó. Milagro fue que se salvó. Pero cayeron muchos amigos y se armó un alboroto nacional, pero con los días el escándalo se fue apagando, ya nadie se acuerda de aquello y las cosas siguen igual.

-Debieron denunciar en México...

-Mira, pariente. Lo que ustedes ignoran es que la justicia está muy alejada de los indios. Ya se lo dije al Gober y se enojó: una vez en Huatulco, un extranjero ebrio se ahogó y se volvió un lío internacional. Por esos mismos días, en Chichicapa emboscaron y mataron a 11 indios, para variar por despojarlos de sus tierras. No alcanzó a ser noticia nacional y pronto se olvidó y las tierras ya están en otras manos. La realidad del indio es muy dura, durísima y no se compara con la de nadie. El indio sólo come el pan de la injusticia, mientras vemos en la tele todos los apoyos que se dan a los que ya de por sí tienen mucho. O bien vemos en la tele que cuando se celebra la Guelaguetza, se presenta la región de Tuxtepec con el bailable de un grupo de 35 hermosísimas muchachas con el vestido de nosotros, el chinanteco, el de Usila. Los que aplauden e ignoran nuestra realidad, han de creer que somos indios que vivimos en un envidiable mundo de plena felicidad. Ignoran que al comprar un vestido de esos no pagan la deslomada que tuvo que darse la chinanteca que lo hizo. Es decir, no se paga el esfuerzo real, laborioso, de nuestras artistas del tejido. Las roban, ¿tú crees que no da rabia?

-Pero las cosas han cambiado, primo. Con lo sucedido en Chiapas, se oyen las voces de protesta y hay más programas para los indios en todo el país, hay mayor afán de apoyarlos, de darles recursos...

-Mira, la verdad ya no creemos en nada. Lo de Chiapas se ha limitado a ayudar en algo a los indios de allá, pero los de otro lado nomás oímos las noticias. Ahora, tal parece que lo de Chiapas se ha vuelto una feria y se arraciman los extranjeros para ver a los encapuchados. ¡A lo mejor tenemos que hacer lo mismo para que se fijen en nosotros! Pero tendríamos que empezar por colgar a todos los Quirinos de La Chinantla.

-¿Entonces, vas a perder tus tierras, el patrimonio de tus hijos?

-Mira, primo, como ahora la Ley Agraria permite que después de diez años de retener a la mala las tierras, se logra la propiedad, pues don Quirino se va a salir con la suya. Si me pongo a pelearlas desde acá, jura que me manda matar. Es que te insisto, ustedes los hombres de la ciudad no saben lo que es la realidad de los ejidos y menos de los indios. Con frecuencia escuchamos suspirar a alguien por vivir en el campo, con una "casita" pero que cuente con todas las comodidades. Para lograr esto hay muchos intereses y si te atraviesas a un cacique, pues solamente muerto pasas. Ustedes no se imaginan lo que es caminar horas y horas buscando un médico para que tu chamaco no se muera. Ni saben lo que son los robos en la carretera que ustedes ven preciosa cuando pasan y no tienen problemas. Mi tierra es hermosa, pero las montañas esconden mucha violencia y el bellísimo río de Lalana también sirve para arrastrar los cadáveres hasta tierras de Veracruz. Para nosotros los indios de la Chinantla, el futuro no promete nada, si acaso la emigración, dejando atrás nuestro pasado, nuestras tierras, nuestros muertos.

Los argumentos se esfumaban ante la pétrea realidad que describía Sebastián. Se tuvo que despedir. Al recorrer las callejuelas del pueblecillo, pudo refrendar la hermosura del Ajusco que, tal vez, también esconde infiernos que los hombres de la ciudad ignoran

Rubén Mújica Vélez fue delegado de la Procuraduría Agraria en varios estados de la República.

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