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por los caminos de sancho

La calidad académica
Puede ser globalifílico, pero es indispensable

Renward García Medrano

Mira, Sancho... la virtud se aquista,
y la virtud vale por sí sola lo
que la sangre no vale...

Foto: Bernardo Moncada

Uno de los problemas de fondo de la Universidad Nacional es la composición social de su estudiantado y profesorado: es un mosaico de grupos de todo el abanico de la clase media, pobres y lumpen. Es un problema grave, porque se traduce en profundas disparidades sociales y de preparación académica de alumnos y maestros.

Me explico. En términos generales, la calidad de la educación básica -tanto en las escuelas públicas como en buena parte de las privadas- es baja, lo que constituye un obstáculo serio para elevar la calidad de la educación superior en general.

Pero la situación de los más pobres, que son miles de universitarios, es mucho peor que la de los jóvenes de clase media, pues provienen de medios sociales extremadamente adversos y acarrean una explosiva mezcla de frustración, rencor social, revanchismo y desesperanza. Eso explica que exista una amplia base de apoyo a los liderazgos delirantes del paro y se manifiesta en hechos como suciedad extrema, destrucción y despojo de todo: computadoras, bibliotecas, muebles, documentos científicos y administrativos, todo.

Estos universitarios reales conviven con otros que, por la condición social, económica y cultural de sus familias, suelen tener una actitud más racional y una base académica menos deplorable. Son jóvenes que están en la UNAM para lograr una formación que mejore su vida social, laboral, cultural, y les permita competir, en igualdad de condiciones, con estudiantes de universidades privadas y del extranjero.

Entre ambos extremos hay gradaciones que explican la heterogeneidad académica, cultural y de expectativas en la comunidad universitaria, y la complejidad social del problema, que está en la base de los fenómenos políticos y vandálicos.

Por ello, creo que un paso indispensable hacia la reforma de la UNAM es -si acaso es posible- persuadir a los alumnos, en especial a los de menor nivel académico, de que una sólida preparación profesional no sólo es necesaria para ellos mismos, sino que además es posible.

Para que en verdad sea posible, la UNAM debería establecer programas de capacitación para los alumnos en todas las escuelas y facultades, no sólo propedéuticos sino dentro del proceso de la enseñanza. Al mismo tiempo, debería introducir mecanismos de actualización profesional y evaluación de los profesores, que eleven su aptitud para formar profesionistas e investigadores científicos. (Estudiar es un acto reaccionario, globalifílico y fondomonetarista, pero es indispensable.)

Sólo cuando la gran mayoría de los universitarios acepte la necesidad y viabilidad de una eduación de alta calidad será posible emprender la reforma profunda que requiere la UNAM. Cuando se percaten, en verdad, que adquirir y generar el conocimiento requiere estudio, investigación y esfuerzo personal, y que no es algo que se consiga en las marchas o asambleas.

Por eso, creo que las batallas ideológicas, políticas y hasta patológicas en que están enfrascados muchos universitarios, pueden servir para su desahogo y para impulsar luchas de "organizaciones sociales" y hasta votos para el PRD, pero no para formar profesionistas e investigadores.

Termino con una reflexión irreverente: el debate político es un elemento esencial para la formación profesional y cívica, pero de allí a convertirlo en activismo político dentro y en contra de las universidades, hay una enorme distancia.

La intervención de los partidos en las universidades y escuelas de enseñanza superior obstruye a la actividad académica y perjudica a los estudiantes de las instituciones públicas frente a los de las privadas y extranjeras. Es una forma de perpetuar y profundizar las desigualdades

Renward García Medrano es periodista.

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