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memoria Frívolos y erráticos
Pablo Hiriart
El conflicto en la UNAM no sólo vino a entorpecer la vida académica de esa institución y a frustrar el desarrollo profesional de miles de estudiantes. La prolongada huelga y su incierto desenlace han exhibido una frivolidad alarmante de parte de dirigentes y líderes políticos. Pocas veces se han visto tan desafortunados y erráticos como con el conflicto de la UNAM. Puede ser por oportunismo dada la cercanía de las elecciones. También por desconocimiento, pero da la impresión de que todos los políticos están muy desorientados e incómodos en torno al conflicto universitario. Un día opinan una cosa, al día siguiente otra. Esta falta de claridad sumada al oportunismo no es privativo de un partido político sino de todos, incluido el gobierno federal y el gobierno de la ciudad de México. Al día siguiente de que PFP desalojó CU, Cuauhtémoc Cárdenas convocó a movilizarse para obtener la liberación de los paristas detenidos. Dos días después se hizo una gran marcha en el DF, pero Cárdenas no asistió a ella. ¿Dónde estaba? No lo sabemos. Pero lo más probable es que sus asesores le hayan dicho que el movimiento parista es tan impopular, que encabezar esa marcha le iba a hacer perder votos, por eso, cambió de opinión. Cárdenas quiere que lo aplaudan los paristas por llamar a la movilización, y después que lo aplauda la ciudadanía por moderado. Así no se puede. Francisco Labastida se manifestó en favor de la acción de la policía en CU, pero no la usó cuando él fue secretario de Gobernación y el conflicto pudo haber terminado mucho antes. En esas contradicciones cae también el gobierno federal. Primero acusó de terrorismo y sabotaje a un gran número de paristas detenidos en los disturbios en Prepa 3 y luego en el desalojo de CU. El miércoles por la mañana el procurador General dijo que las conductas de los detenidos dan lugar a las acusaciones por el delito de terrorismo. Sin embargo, unas horas más tarde, la misma PGR decidió retirar de las acusaciones los cargos de terrorismo y sabotaje. Si en realidad eran terroristas, por qué no los detuvieron antes si los tuvieron en CU durante diez meses. O como lo planteó Carlos Fuentes: si las autoridades deveras creen que son terroristas, cómo es que fueron sus interlocutores durante tanto tiempo. ¿Cómo fue que se sentaron a dialogar con terroristas? Muñoz Ledo también aportó su dosis declarativa antes de que ingresara la policía al campus. Propuso que se creara una Comisión de Concordia, similar a lo que es la Cocopa para Chiapas, para buscar soluciones a la crisis en la UNAM. Sin embargo, está a la vista que la Cocopa no ha podido solucionar nada en esa entidad. Así es que ya nos imaginaremos cómo funcionaría una Cocopa en la Universidad. Vicente Fox no se quedó atrás: después de la entrada de la policía a CU hizo innumerables guiños a los jóvenes presos, e incluso acusó que la detención de los paristas fue resultado del plebiscito convocado por el rector. Pero dos días después, Fox se manifestó en contra de que una ley de amnistía libere a los paristas detenidos. ¿En qué quedamos? ¿Sí o no? ¿A cuál le creemos? ¿Al Fox que dice que todo fue una maniobra de la rectoría contra los jóvenes? ¿O al Fox que se niega a que se firme una ley de amnistía para liberarlos? En esos tumbos andan los candidatos y los dirigentes políticos. No dicen lo que piensan. Dicen lo que ellos suponen que la gente quiere oír. Pero lo que la población de manera elemental demanda en una contienda democrática es saber qué piensan los candidatos, no lo que aconsejan sus constructores de imagen. Así es que estas contradicciones y sobre todo ocultar lo que se piensa, en lugar de generar confianza y ganar votos convencidos, lo que provoca es desinterés, apatía y hasta rechazo por la política, los políticos y las elecciones. Puede ser que éstas y otras evidencias de falta de autenticidad de los candidatos al comunicarse con el electorado termine por dar un abstencionismo récord en los comicios del 2 de julio Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica. |
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