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la hidra Presidente por casualidad
Jaime Ramírez Garrido
Janez Drnovsek llegó a la Presidencia de Yugoslavia casi por mera casualidad. En 1989 Eslovenia, una de las seis repúblicas que conformaban la antigua -este epíteto suena tan lejano- Yugoslavia, abrió el proceso de elección de Presidente; todos esperaban que entre los más de 70 candidatos, al final, entre eliminaciones por rondas de elección y declinaciones, se mantendría la tradición de que el candidato oficial, el de la Liga de los Comunistas, sería candidato único. Drnovsek, un economista reconocido con evidentes simpatías por Occidente, regresó de sus vacaciones, encontró una invitación para participar en el proceso de elección de Presidente, contestó el cuestionario y la solicitud y, con un poco de suerte, impulsado por una ciudadanía emergente -posible gracias a los vientos democratizadores y el auge económico de Eslovenia en comparación con sus cofederados- ganó la Presidencia de Eslovenia. Pero, además, ese año, por una rotación institucional, tocaba a Eslovenia la Presidencia de Yugoslavia. Así, de ciudadano Drnovsek pasó a ser el último Presidente de Yugoslavia si entendemos por Yugoslavia ese país que forjó Tito, definido como seis repúblicas, cinco nacionalidades, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un partido. Como Presidente de la Federación yugoslava se enfrentó a los serbios y a su política autoritaria contra los albaneses del Kosovo. Le tocó, además, el momento de definición entre una confederación de repúblicas o la desintegración de la Federación dominada por los serbios, que fue lo que sucedió al final. En sus memorias, El laberinto de los Balcanes (escritas directamente en castellano y publicadas en 1999 por Ediciones B), Drnovsek relata la historia de las guerras yugoslavas recientes desde la única República de la ex Yugoslavia que -salvo unos días de tensión- no las padeció. El relato del tránsito de la Eslovenia que formó parte de Yugoslavia hasta la Eslovenia candidata privilegiada para integrarse a la Unión Europea pasa por el conato de guerra contra Eslovenia, la guerra contra Croacia, la guerra contra Bosnia. ¿Qué salvó a Eslovenia de los conflictos que azotaron a sus confederados? En primer lugar, su estatus de Estado nacional. A diferencia de Croacia y Bosnia, donde vive una buena cantidad de serbios, en Eslovenia sólo viven eslovenos. En segundo lugar, su ventaja comparativa en materia económica. En diez años, los cambios fueron profundos. En uno de sus pasajes más afortunados, Drnovsek describe una escena en la firma del acuerdo de París: "Asistí al encuentro en los lujosos salones de los Campos Elíseos con sentimientos encontrados. No tenía ningún papel que cumplir, Eslovenia no figuraba entre los firmantes del acuerdo, nos invitaron simplemente para presenciar el acto solemne como a tantos otros representantes de diversos países occidentales. Después de cuatro años tuve la oportunidad de encontrarme nuevamente con Slobodan Milósevic. Con Franco Tudjman me había reunido varias veces para tratar relaciones bilaterales, al igual que con Izetbegovic. Cuando entré en el salón donde todos los invitados teníamos que esperar el inicio de la ceremonia, ya estaban allí los tres presidentes yugoslavos, juntos, conversando. El grupo formado por los presidentes de las naciones occidentales estaba situado un poco más lejos. Me acerqué al primer grupo, saludé a los tres y les expresé mis felicitaciones por el acuerdo. La conversación murió enseguida; me sentía extraño, me pareció que los tres tenían más que hablar entre ellos que conmigo: aunque habían sido enemigos durante la guerra, finalmente habían negociado y firmado un acuerdo. Hacía ya mucho tiempo que nosotros estábamos fuera del conflicto; simplemente, no formábamos parte del mismo mundo. Con cualquier otra persona hubiera tenido más tema de conversación que con ellos tres. Me acerqué al segundo grupo, al de los representantes occidentales, saludé a Clinton, a Kohl y a otros; la conversación se desarrolló espontáneamente. En estos años ha quedado claramente demostrado que Eslovenia está más cercana a este mundo, no forma parte del viejo, y eso a pesar de los días y las noches pasadas en las duras negociaciones con los presidentes yugoslavos que estaban allí presentes, compartiendo el mismo espacio. Y sin embargo, algo había sucedido. Milósevic, Tudjman e Izetbegovic estaban juntos. Me acerqué a ellos; a pesar de todo cruzamos algunas palabras, no tuve la sensación de que fuéramos enemigos, a pesar de que habíamos estado en conflicto y, sobre todo, de que ellos habían protagonizado una guerra. No me pareció tampoco que fueran enemigos los que conversaban entre sí , a pesar de los miles de muertos. Era algo irreal; la imagen que tenía ante mis ojos no correspondía a la que habíamos visto tantas veces en los últimos años: guerra, muertos, limpieza étnica" Jaime Ramírez Garrido es encargado de Despacho de la Secretaría General Adjunta del Partido Democracia Social. |
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