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letras

Músico, viajero y bardo
Obra y periplos de Paul Bowles

Jorge Carrasco Váquez

El pasado 31 de diciembre hubiera cumplido 90 años, pero Paul Frederick Bowles falleció un poco antes, el 18 de noviembre, en su amada Tánger. Este hombre lleno de paradojas fue un músico mejor recordado por sus novelas, un viajero incansable, que aun después de muerto siguió su deambular y emprendió su última travesía, esta vez a la localidad estadounidense de Lake Montt, donde reposarán sus cenizas. Nacido en Nueva York el 31 de diciembre de 1910, Bowles dedicó su vida a sus pasiones: la música, la literatura y los viajes.

Una juventud inquieta

August, su abuelo, a quien bautizó cariñosamente como Papipá, se vanagloriaba de haber conocido todos los estados de la Unión Americana en tiempos de la guerra civil. "Hubo años en los que no dormí dos veces en la misma ciudad", solía decir.

Por eso no es de extrañar que Paul heredara ese espíritu viajero desde joven y abandonara sus estudios en la Universidad de Virginia para ir a París. Ahí conoció a Gertrude Stein, quien convertiría en una especie de mentora que le presentaría a otros miembros de la generación perdida: Ezra Pound y Djuna Barnes. Ahí también conocería a Jean Cocteau y a otras personalidades del mundo de las artes.

Deambuló en el Berlín de los albores del nazismo, donde trabó amistad con el escritor Christopher Isherwood y con W. H. Auden, entre otros. Visitó posteriormente Munich, Holanda, Panamá, Guatemala, San Juan, Barranquilla, Marruecos, Zaire y el Congo, entre otros muchos lugares.

En Ceilán (actualmente Sri Lanka) adquirió la pequeña isla de Trapobane, que se convirtió en un sitio de atractivo turístico y tuvo que vender posteriormente.

El periodista Simon Bischoff sostiene que "los viajes son sueños, fantasías que a veces se concretan. La otredad del país que no es el tuyo te atrae tal vez por desconocidas razones". Bowles solía decir sobre sus incontables viajes que "había magia en algunos de los lugares que visitaba", aunque no sabía definir concretamente este vocablo que lo alentaba en su búsqueda constante.

En su juventud ingresó en el Partido Comunista estadounidense, cosa que le acarrearía múltiples problemas, a pesar de que fue expulsado al poco tiempo por petición propia. Se casó con Jane Auer, joven escritora que conoció el éxito con Dos damas muy serias, ya con el nombre de Jane Bowles. Pese a su escasa obra era considerada por Tennesse Williams como "la más importante escritora de prosa". Truman Capote la definió como "la más original escritora de su época" y Allan Sillitoe afirmaba que su obra "marcaba un hito en la historia de la literatura". Gore Vidal afirmaba que la pareja de artistas "era desconocida para la mayoría, pero eran famosos entre los famosos".

Ella falleció en Málaga en 1973 a consecuencia de una hemorragia cerebral. El lugar de su muerte permaneció oculto hasta hace unos años, cuando la alcaldía local colocó una placa para rendirle homenaje.

Un músico original

Bowles quiso ser siempre reconocido como músico. Prueba de ello es su felicidad por el reconocimiento a su obra en Estados Unidos en 1995, al que viajó especialmente desde Marruecos.

Fue, pues, un músico muy original que nunca obtuvo mucho éxito popular, por lo que no existen muchas grabaciones de su obra. En su biografía Memorias de un nómada, de la que inexplicablemente no se sentía satisfecho, confiesa que tenía que efectuar largos viajes para poder oír el estreno de sus obras, aun después de varios años de compuestas.

Tomó clases con Aaron Copland y Nadine Boulanger y se especializó en piano, aunque también tiene obras para flauta y oboe.

El exitoso compositor Bernard Herrmann, autor de Psicosis y otros temas cinematográficos, consideraba tanto a Bowles como a su música como "absurdos". Entre sus obras destacan Aria, rondo canónico y coral; Le Carré, ópera en nueve capítulos; Colloque sentimental; Denmark Versey; Por el estrecho y Yankee clipper. Entre lo poco grabado que existe de su obra se cuentan Cuatro canciones de García Lorca para piano, Sonata para piano y flauta y Escenas de Anabase, interpretadas por Irene Herrmann (Koch 7343). Concierto para dos pianos, instrumentos de viento y percusión, con Gustavo Romero (KSCH 315742). La zarzuela The wind remains conocida posteriormente como García Lorca, Pastorela y la Suite de las palabras secretas (Cat. 68409). Música para una farsa para clarinete, trompeta, piano y percusiones, del Chicago Pro Música. (REF29).

Sin embargo, la mayor parte de su trabajo se produjo musicalizando obras teatrales de grandes directores. Para Orson Welles musicalizó Un sombrero de paja en Italia y Too much Johnson. Con Joseph Losey trabajó en ¿Quién libra esta batalla?, sobre la guerra civil española. Ayudó a John Huston en la adaptación inglesa de A puerta cerrada, de Jean-Paul Sartre. Compuso la música para Tennesse Williams en El zoológico de cristal, Verano y humo y The milk train doesn`t stop here no more.

Junto con este último escribió además los diálogos de la cinta Livia, de Luchino Visconti, y musicalizó otros filmes no tan famosos, como varios cortos de Rudy Burckhardt y la obra de teatro de su esposa, In the summer house.

Interludio mexicano

En sus infatigables correrías, Bowles visitó México en varias ocasiones. Conoció la ciudad de México, Zacatecas, Acapulco, Veracruz, Cuernavaca, Guadalajara, Uruapan, Manzanillo y Taxco. Pero el sitio que mayor impresión le causó fue Tehuantepec, que "le pareció inolvidable" y lo sorprendió por su paisaje, "que no le recordaba nada de lo que había visto en España o Africa".

El músico recordaba con placer que se había comprado un acordeón, el que tocaba a todas horas a petición de los lugareños, que cariñosamente lo bautizaron como "don Pablito". Silvestre Revueltas, al que conoció gracias a una carta de presentación de Copland, le impresionó "por su categoría humana".

"Tenía un rostro realmente noble -narraba-, con la terrible cicatriz de una cuchillada en una mejilla, y una expresión de increíble pureza. Era pureza, desde luego mantenida a costa de la propia vida. Revueltas era un dipsómano incurable; se paseaba seis meses al año. En la época en la que le conocí casi había llegado al final del trayecto. Murió al año siguiente. Las condiciones en que vivía en un barrio miserable, apenas le permitían más alternativa que la muerte. Jamás había visto tanta pobreza, ni en Europa ni en Africa". Revueltas le presentó al grupo de los cuatro: Daniel Ayala, José Pablo Moncayo, Salvador Contreras y Blas Galindo. Y aunque planearon un concierto conjunto, jamás lo pudieron llevar a cabo.

Escena de Refugio para el amor

Obra literaria

La obra de Bowles no es muy extensa pero sí bastante valiosa y ha sido traducida a más de 40 idiomas. Sin duda, su obra más conocida es El cielo protector, escrita originalmente en 1949. Narra la historia de Kit y Port, un matrimonio estadounidense que se adentra en las profundidades de Africa huyendo de los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Fue su primer éxito literario, pero no alcanzó su difusión mundial sino hasta que fue adaptada al cine en 1990 por Bernardo Bertoloucci, con John Malkovich y Debra Winger en los papeles principales. Además de ser el narrador, Bowles hace una aparición especial como un hombre misterioso del café Ha Fa, uno de sus favoritos, al final de la cinta.

En una entrevista, concedida al periodista mexicano Juan Carvajal, Bowles confesó que la película (titulada aquí Refugio para el amor) estaba lejos de gustarle: "Fue filmada en Túnez; no sé cómo pueden creer que se puede dar Marruecos desde Túnez", se quejó.

Otras obras suyas son un relato corto: Los campos helados (1953). Let it come down, sobre un grupo de peregrinos que descubren el vacío de sus vidas. La casa de la araña (1955), que narra la historia de tres personajes disparatados que quedan atrapados en la lucha por la independencia de Marruecos. Village voices, en la que recrea las múltiples voces de la Casbah. Tapiama, un relato sobre los efectos de una bebida sudamericana imaginaria, la cumbiamba. Their Heads are green, un libro de artículos sobre sus viajes. Up above the world (1964), sobre una pareja de estadounidenses destruida por un psicópata que han conocido en América Central. Memorias de un nómada (1972) es un relato autobiográfico que extrañamente no le gusta mucho y se complementó posteriormente con Two years beside the strait.

Días y viajes (1991) está dividida en dos partes. La primera es un diario de su estancia en Tánger entre 1987 y 1989. La segunda narra sus experiencias en parajes tan diversos como Madera, Ceilán, Kenia, Fez y París. Muy lejos de casa (1992), su novela postrera, narra la historia de una pareja de hermanos que viajan a Africa y sufren un choque de culturas que los marcará por siempre.

Aunque tiene dos libros de poesía, Next to nothing y The thicker of spring, no se consideraba un poeta y explicaba que "sólo lo había hecho para quitarse de encima a los editores".

El destino final

En su libro autobiográfico, Bowles admite que él "no eligió vivir en Tánger de forma permanente: fue una casualidad". Sin embargo, acepta que la ciudad "le vino en sueños". "Tenía la intención de que mi visita fuera breve -explica-, después me iría a otro sitio y seguiría de un lado a otro indefinidamente. Me hice perezoso y demoré la partida. Y luego, un día advertí extrañado que no sólo había mucha más gente en el mundo que muy poco tiempo antes, sino que además los hoteles no eran tan buenos. A partir de entonces siempre que iba a algún otro sitio deseaba inmediatamente volver a Tánger. Así es que si ahora estoy aquí es solamente porque estaba aquí cuando comprendí hasta qué punto había empeorado el mundo y que ya no deseaba viajar".

"Tánger es como un gong -agregaba- que toqué hace 40 años y del que todavía escucho su resonancia."

Boujemaa, un amigo marroquí, les advirtió a los Bowles tras el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, que por ese crimen "los estadounidenses verían desintegrarse y cambiar su país hasta que desearan ser ciudadanos de cualquier otro país del mundo, pues en Estados Unidos sólo habrá muerte".

En la entrevista con Carvajal, Bowles retomó el tema y señala que: "Los estadounidenses han construido una ficción: la democracia, y con ella oprimen más que con nada, y los pueblos se sienten orgullosos. No entienden la democracia, desde el principio... y lo peor es Nueva York. Si yo pudiera, arrojaría sobre ellos una bomba desde lo alto"

Jorge Carrasco Vázquez es periodista

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