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nostalgia Difícil regreso
Julián Andrade Jardí
Recomponer la vida universitaria y llevarla a los márgenes de normalidad necesarios, parece una tarea de titanes, acaso imposible. La marcha para exigir la liberación de los estudiantes del CGH indica que el movimiento está lejos de la desaparición y que la izquierda tiene resortes sentimentales imprevistos. Los cargos absurdos generaron un clima de irritación que se pudo evitar en alguna medida, si el Ministerio Público se hubiera ocupado de consignar de modo sensato y no de crear una histeria represiva -más imaginaria que real- que terminó por complicar las cosas. Otro que no parece encontrar su lugar en este entramado es el propio rector, marginado de las decisiones policiales más importantes y de la entrada y salida de la PFP de la UNAM. Juan Ramón de la Fuente tendrá que hacer un trabajo prodigioso para convertirse, de nuevo, en un interlocutor válido y confiable para lo que queda del CGH. Hay que recordar que firmó, de modo absurdo, un documento en el que se comprometía a buscar una salida al conflicto "sólo por medio del diálogo". Aquel 10 de diciembre fue criticado por su pasión futurista y por su poco conocimiento de los grupos que controlaban el CGH. Era evidente, desde hace unos meses, que sólo con la policía se desalojaría CU. Ahí no paran las cosas, ya que las autoridades universitarias no respondieron, al menos de modo puntual, a las acusaciones que hiciera Agustín Rodríguez, secretario general del STUNAM, afirmando que en los hechos violentos de Prepa 3 participó un grupo de golpeadores. Los "Cobras" aparecen cuando hay conflicto. Hasta donde se sabe cobran en la nómina de Auxilio UNAM y la mayoría son ex judiciales. Brígido Navarrete, coordinador del grupo de seguridad universitaria, negó su existencia a lo largo de 1998, hasta que finalmente anunció que, por instrucciones del rector Barnés, el grupo desaparecía. Por lo visto volvió de las catacumbas. Las desdichas no terminan, ya que en el gobierno federal existe un fuerte debate sobre cómo se hicieron las cosas. No en todos los niveles de gobierno hay alegría por la actuación de la PGR y la del propio rector. Al doctor le reprochan su falta de compromiso y las señales de disgusto que hizo públicas luego de la entrada de la policía a CU, dejando claro que a él le avisaron a última hora. Con la PGR el problema es por lo desaseado de las acusaciones, aunque es evidente que no actuaron por cuenta propia, ya que para impulsar una barbaridad de semejantes proporciones se tiene que consultar por varios lados. Al golpeteo en el gobierno hay que sumarle la evidencia de una comunidad dividida y enfrentada, la que tendrá que realizar un congreso a la brevedad posible, tratando de restaurar la tolerancia y el diálogo. Me pregunto si el rector podrá hacerlo. El agravio contra una buena parte de la UNAM es evidente. Aquí las razones importan pero no son concluyentes. Al margen de lo que podamos pensar, hay una fuerte corriente universitaria con la que se tiene que dialogar y llegar a acuerdos. Lo que tampoco está claro es cuál será la actitud del CGH y de sus grupos más radicales. Nadie puede estar seguro de que no acudan, de nuevo, al expediente del enfrentamiento. Sería un grave error y perderían lo que ganaron en los últimos días, pero en el mundo ultra, ya sabemos, la lógica no es la que impera Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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