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Ser de muchas partes es mejor que ser de una sola

Héctor González Jordán/Luis Sepúlveda

Hablar con Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949) es hacerlo con una persona que ha vivido cualquier cantidad de aventuras. Comprometido a más no poder, igual fue miembro de la escolta personal de Salvador Allende, como no vacila en reconocer que los lunes son los días exclusivos para ponerse en contacto con los amigos. A pesar de la seriedad que denota su rostro, sus gestos y su voz desbordan sencillez y lealtad.

Luis Sepúlveda

El traslado es una constante dentro de tu obra, ¿qué significa para ti la palabra viaje?

Soy una persona que está en constante movimiento por diversas razones, ya sea por decisión voluntaria o por el exilio; yo viví un exilio bastante largo. Además, soy periodista, por lo que me he tenido que mover por distintos países como corresponsal. Entonces de alguna manera el viaje ha marcado mi vida y esa disciplina de viajar está reflejada en la literatura porque me agrada desarrollar la trama de mis historias en grandes y diversos espacios. Además, es una buena forma de contestarle a esa idea de que el mundo es uno solo y uniforme. Uno aprecia más lo que es propio cuando entiende que ese mundo de la diferencia es también su mundo. Yo estoy muy bien cuando estoy en casa, pero también cuando me ando moviendo por algún lugar.

¿Crees en las fronteras o en las banderas?

No. Las fronteras existen, las divisiones políticas existen, pero mi forma de concebir la vida está muy lejos de todas esas pamplinas como las patrias, las nacionalidades y todo ese tipo de cosas. A mí me destrozaría la posibilidad de estar sujeto por obligación a una nacionalidad, creo que desde ese punto de vista he aprendido la parte sana del comun politic. Ser de muchas partes es mucho mejor que ser de una sola.

El género negro está también muy presente en tus libros...

He intentado experimentar un poco. Me temo que el único testimonio que va a quedar de una parte muy horrenda de este siglo en lo que a nosotros respecta, va a quedar registrado solamente en la literatura pero no en la historia oficial, siento que la historiografía traicionó su razón de ser y la novela negra es un excelente instrumento para este registro.

A ti te tocó padecer el exilio de la dictadura, sin embargo, el tema no es una constante en tu literatura, salvo en una novela.

Sí, lo traté en Nombre de torero; me parece que bastaba con eso. Hay un par de relatos incluidos en Patagonia express, donde también lo aludo, pero no me parece que la dictadura sea un tema como para dedicar tu vida de escritor a escribir sólo de eso. Yo cumplí con lo que tenía que hacer, con mi deber político en el gobierno de Salvador Allende. Cumplí con mi deber ético y moral en otros países como Nicaragua; sigo cumpliendo con mis deberes éticos que son deberes políticos en los lugares donde me encuentro. Pero, por otro lado, espero que mi literatura trascienda la pequeñez de mi experiencia personal, y toque toda una gama de posibilidades de mostrar cosas, de nombrarlas, no de contar historias.

Hay un refrán cubano que dice: "Uno nunca regresa, siempre se va", ¿qué te transmite la palabra regreso?

Los regresos nunca son posibles, esto queda claro cuando uno hace la lectura de Ulises volviendo a Itaca: está muy claro que la Itaca que tiene Ulises es la de su memoria, la real ya no existe. Cuando te vas determinado tiempo de un país, el que sigue vivo es el que te llevas en la memoria, pero cuando regresas lo vas a encontrar cambiado. En ese sentido nunca regresas, estás yendo a un lugar nuevo, que te puede gustar o decepcionar, y creo que los regresos sólo son posibles en el arte.

¿Para escribir, te gusta recoger anécdotas o hablar sobre situaciones que te hubiera gustado vivir y que gracias a la escritura puedes realizar?

Son diferentes, de alguna manera creo que hay mucho de mí en mis libros. Siento que es legítimo otorgar mi experiencia personal a mis personajes. Nunca caería en esa demostración horrenda de vanidad de escribir una autobiografía, aunque creo que mi vida ha sido bastante movida e interesante, pero nunca cometería ese pecadito de contar lo que fue mi vida. Prefiero darle algunos detalles de lo que he vivido a mis personajes, me resulta más eficaz. Mis personajes tienen lo mejor y lo peor de mí. En cuanto a la trama y los argumentos, hay mucho de lo que ha sido mi experiencia. He estado en muchos lugares, he hecho muchas cosas, he estado en muchos líos, me la he jugado por las causas que consideré justas, eso naturalmente queda y dan ganas de contarlo, pero no de la manera de, "yo vi", "yo dije o hice", sino a través de un alter ego.

¿Cuáles, a tu juicio, pueden ser causas justas?

Hay muchas causas que uno sabe que están perdidas y sabes que no vas a conseguir, pero que es fundamental dar algunos pasos que te acerquen a la consecución de algunas cosas que son éticamente justas. Causas que tienen que ver con la posibilidad de la igualdad social, de la libertad en el más amplio sentido de la palabra. Tú igual, puedes intuir que en un lapso de tiempo aquello que hiciste corre el riesgo de ser corrompido, pero eso no puede ser un freno para no involucrarte; en ese sentido, nunca he compartido algunas opiniones de las que hablan del hombre o del intelectual comprometido, porque la palabra compromiso es una palabra muy cómoda, porque te comprometes y descomprometes con mucha facilidad. Tengo muy claro cuál es mi condición de artista y sé que se resuelve con una rigurosidad estética con la cual enfrento la literatura, pero también tengo muy claro cuál es mi condición de hombre y sé que ésta se resuelve mediante una actitud profundamente ética frente a la vida; entonces tengo un tercer desafío: otorgarle a mi literatura la ética que tengo frente a la vida y a la vida un poco de la estética con la cual enfrento a la literatura.

¿Cuál es tu opinión acerca de la situación de Chile?

En Chile lo único que sucede es que el gobierno, que es muy extraño porque es una coalición de demócratas y cristianos con una gran responsabilidad en el golpe militar de 1973, y socialistas que renegaron de sus principios en aras de una modernidad que no se entiende, se transformaron en los mantenedores y administradores de un modelo económico que es un invento del gran capital, la experiencia de la economía neoliberal que se practicó en Chile y significó un empobrecimiento atroz de la mayoría del país y el enriquecimiento inusitado de una pequeña parte de la población, que significó la separación del país en dos territorios ahora irreconciliables y nunca se van a volver a encontrar. Por un lado, el Chile que vive un casi Estado de bienestar y, por otro, el enorme Chile que vive una situación de pobreza absoluta y de miseria. Este es un modelo que consiguió la lumpenización del Estado, porque en Chile el Estado se transformó en un lumpen que atenta contra la seguridad de las personas; se privatizó todo, las escuelas, las avenidas, los hospitales, los transportes y el hombre medio, común, aquel que no tiene un gran patrimonio se quedó simplemente a merced que los dueños de todo.

Ese fue el modelo impuesto por la dictadura. Luego de 16 años de dictadura viene una curiosa democracia, pero nada cambia en lo económico, entonces esta curiosa democracia se transforma en la gestora de ese mismo modelo. Es decir, una coalición de una curiosa centro izquierda que pasa a reemplazar a la derecha en su rol tradicional de administrar la explotación. Por último, es un país donde están pasando cosas tan absurdas como que haya todavía libros prohibidos, escritores que van a la cárcel.

Respecto de Pinochet, bueno, la justicia española reclama con plena razón juzgar a Pinochet por crímenes a la humanidad. Chile, España e Inglaterra son firmantes de un convenio internacional contra la tortura y eso le otorga a España el derecho innegable de juzgar a Pinochet. Ahora, el gobierno chileno, en un extremo de histeria, ha sacado argumentos como la dignidad nacional, la soberanía, reclamando que Pinochet sea devuelto al país, no para ser juzgado sino para que llegue a retomar su normalidad, es decir, ser un senador vitalicio para que siga siendo el mismo matón de siempre, el mismo factor de pánico para la sociedad, porque el modelo económico necesita de ese miedo, de ese pánico. Pinochet juzgado y condenado es la única oportunidad que tiene el país para iniciar una verdadera transición democrática

Héctor González Jordán estudió Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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