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de la imprenta reseña tintero
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reseña El siglo en un tomo
Raúl Criollo
Hombre de ideas claras y virtudes tercas, el escritor alemán Günter Grass no ha disfrutado del aprecio de sus paisanos en ningún momento de su carrera literaria, ni siquiera ahora, cuando la circunstancia de la obtención del Premio Nobel ofrecía una inmejorable ocasión para la reivindicación oficial, con los discursos y las fotografías encaminadas a sepultar el desdén, tal y como sucedió en México cuando Octavio Paz recibió el Nobel. En Alemania (considerando expresiones del propio escritor) no se permite la crítica que signifique alinear errores, menos si los oradores son sus miembros. Grass perfila entonces la disidencia y es visto como impersonal y ajeno. No puede ser un espíritu autocrítico, porque no se le considera un propio. Pero la realidad está en su literatura, donde se aprecian todas las reflexiones que supone la pasión por los restos del autoritarismo del Estado, la discordia social, las penas no sacudidas del legado nazi. "Todos nos llevamos el fuego que la mirada del Führer había encendido, para que siguiera ardiendo, ardiendo...". Mi Siglo, el más reciente libro de Günter Grass, contiene 100 pensamientos varios, algunos como nota periodística, otros como páginas de un diario, otros más como cuentos, o notas perdidas del grueso narrativo de una obra mayor. Con asignación de cada año del siglo, Grass vuelve a imponer la autobiografía y la historia, a veces con maña y otras con desparpajo, como en las referencias a sus propios libros. El escritor hace los cambios de temas y alternancia de personajes entre los años, con la facultad de la vigencia temática, cimbrada en las condiciones humanas inseparables, lamentablemente siempre emparentadas con la intolerancia en su derivación bélica, así como con los sectarismos raciales e ideológicos. Por ello, el optimismo del autor por el futuro se vuelve tan sutil que apenas se advierte en algunos pasajes, similar a su noción del holocausto que empieza por las pesadillas en La Ratesa, o la suerte del destino autoinfligido en El tambor de hojalata. Grass se ocupa de múltiples temas, haciendo los altos más importantes en la Segunda Guerra Mundial, pero muestra también su preocupación por la fragilidad de la juventud de final de siglo, hija del capitalismo que "está enamorada de sí misma y del caos, y quiere expresarse a todo volumen y vivir en éxtasis". Es la vorágine del momento, ocultos a sus raíces o sus proyectos, situados en el sitio ideal, el del rave, donde "no se piden eslóganes revolucionarios, sino sólo paz actual y futura, aunque en alguna parte de los Balcanes, en Tuzla, en Srebrerica y otros lugares, se dispare y se mate". Su ironía aguda evita el drama aun en los marcos de la catástrofe y se burla de los estandartes viriles del escenario de la guerra, como el destino final de unos cascos prusianos, vueltos útiles escupideras. Particular atención merece el texto clasificado en el año de 1974, cuando el narrador (preso) admira con pasión un partido de futbol entre las dos Alemanias. Grass subraya la convicción patriótica sujeta a las formas políticas. ¿De qué lado estar? "Uno a cero a favor de Alemania. ¿De qué Alemania? ¡De la mía o de la mía?". Y esto emerge para recordar algunas de las posturas más criticadas del escritor: sus severos cuestionamientos a las movilizaciones de 1968, la reserva por la reunificación alemana y sus júbilos anticipados. El Muro fue una atrocidad, pero Grass siempre previno que su llegada al suelo devendría reestructuración y, también, la confluencia de intereses oscuros y tristes. Como es natural, la publicidad en torno a Grass (si bien su obra es ampliamente reconocida en nuestro país) derivada del Premio Nobel, tomará conductos hacia lectores vírgenes. Bienvenidos a la lectura de un escritor inteligente y recio Günter Grass, Mi siglo, México, Alfaguara, 1999. Raúl Criollo estudió Comunicación en la Universidad Veracruzana. |
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