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de la imprenta reseña tintero
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reseña Un difunto lleno de vida
Xavier Quirarte
Durante los últimos años en los medios de comunicación de nuestro país han proliferado los reseñistas improvisados quienes, en aras de obtener los privilegios que implica escribir sobre rock, practican el cómodo deporte de darle la vuelta al boletín de prensa. Si tratáramos de seguir el desarrollo del rock mexicano con ese material insulso, nos quedaríamos en la mera epidermis de un movimiento que va más allá de lo que los medios quieren difundir. Por fortuna ha aparecido El otro rock mexicano, de David Cortés. En este ensayo, serio como pocos, el lector se encontrará con que bajo la superficie, en el underground se ha gestado -y se gesta- mucha música que lamentablemente no recibe la atención que merece. El libro involucra, en palabras del autor, "experiencias progresivas, sicodélicas, de fusión y experimentales", lo que implica un amplio campo de investigación en el que David Cortés se ha sumergido con el rigor del historiador y el juicio del crítico. Su mayor virtud: poner frente al lector las evidencias de un grupo considerable de creadores que permanecen prácticamente en el anonimato, pero forman parte fundamental de la historia de nuestro rock. El viaje inicia con un panorama sobre el rock progresivo europeo y sus padres fundadores, por ser un movimiento que influyó notablemente en los músicos mexicanos. Este es el punto de partida para recorrer la historia construida por quienes han optado por la vía alternativa con proyectos propositivos -efímeros unos, más longevos otros-, la mayoría de los cuales no encuentran acomodo en la gran industria. Amén de recurrir a una vasta investigación hemerográfica, Cortés recurrió a la entrevista directa para confrontar lo que se había escrito sobre grupos como Chac Mool, Decibel, Música y Contracultura o Iconoclasta -por nombrar algunos-, con una visión retrospectiva de los hechos. El resultado es una historia plagada de experimentos, logros, reconocimientos en el extranjero, fracasos y la incomprensión por parte de una sociedad que se rige por la música mueble, aquella diseñada como sonido de fondo mientras realizamos otras actividades. Hemos hablado de fracasos, pero no del fracaso del otro rock mexicano. Si bien buena parte de la música citada en este libro no ha sido reeditada y la que existe sólo se obtiene en discotecas sumamente especializadas o directamente de manos de sus creadores, subsisten propuestas que se inclinan hacia la experimentación. Músicos como Carlos Alvarado, Alquimia, Banda Elástica, Arturo Meza o Antonio Zepeda siguen adelante con proyectos que, por su calidad, merecen incrementar el número de sus escuchas. En palabras de Cortés, El otro rock mexicano es "una historia de la música marginal en México, de una música alejada de marquesinas, reflectores y grandes promociones que ha crecido por la tosudez de sus practicantes. Es, en suma, una historia del aferre que hay que tener en este país para hacer cosas diferentes". Será un lugar común decir que El otro rock mexicano llena un hueco en torno a una música que algunos creerán enterrada porque no la escuchan, porque no la buscan, porque no la ven en televisión. Pero es un lugar común irrefutable. Al concluir la lectura del libro de David Cortés nos damos cuenta que, parafraseando el título de una canción del grupo Oxomaxoma, el otro rock mexicano es un difunto lleno de vida David Cortés, El otro rock mexicano, México, Times Editores/Opción Sónica/Tower Records, 1999, 277 pp. Xavier Quirarte es periodista. Su libro más reciente es Ritmos de la eternidad (CNCA, 1999). |
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