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por los caminos de sancho
Este artículo fue escrito antes de que se llevara a cabo el operativo policiaco del domingo 6 de febrero en las instalaciones de la UNAM ¿Qué sigue?
Renward García Medrano
Dios remedie; que todo este mundo es máquinas Siempre pensé que el doctor Juan Ramón de la Fuente había decidido -o aceptado- transitar del gabinete a la Rectoría de la UNAM porque tenía un plan y una estrategia para resolver el problema. Supuse también que había discutido estos asuntos con el Presidente de la República, no sólo porque entrañaba una baja en el gabinete, sino porque abría una posibilidad de finalizar el paro en los mejores términos posibles. A partir de estas suposiciones -que no son algo del otro mundo- me pareció claro que cada una de sus iniciativas tenía un doble propósito: o iniciaba la solución del problema, o ponía en "alto contraste" lo que muchos supusimos desde el principio: que los ultras irían cancelando, una a una, todas las posibles vías para levantar el paro. Así entendí su decisión de dialogar con el CGH; su aceptación de éste como el "único interlocutor" para la solución del problema (lo que era obvio, pues es el único grupo con tintes universitarios que aparece a la luz pública como cabeza del paro); su intenso diálogo con otros grupos y personalidades significativos de la comunidad universitaria; el plebiscito y su intento de entregar el resultado de éste al CGH en Ciudad Universitaria. En esa lógica, cada uno de los pasos del rector lo condujo al mismo lugar: la comprobación, en "alto contraste" para que nadie tuviera dudas, de que el diálogo es imposible -salvo la mascarada de varias semanas en el Palacio de Minería-; de que todo posible avance sería reventado por los ultras con actos de provocación, de que los intereses del CGH desbordan el ámbito universitario; que el paro reunió, en el campus de la UNAM, a un abigarrado conjunto de grupos violentos e incluso armados; que una parte considerable de la comunidad universitaria es susceptible de movilizarse, como lo hizo en el plebiscito, en demanda de clases; que esa movilización planteaba dos campos bien definidos en el conflicto: los paristas y sus bases dentro y fuera de la UNAM, y el resto de los universitarios. Todo esto demostró, a su vez, que no se trata de un conflicto entre universitarios, sino de un ataque artero a la Universidad y al país con fines políticos ilegítimos de los más variados orígenes e intereses. Nada de esto debió ser sorprendente para el rector De la Fuente ni antes de llegar a la Rectoría ni mucho menos después de su fallido intento de entregar el resultado del plebiscito al CGH. Por eso, no acabo de entender que a partir de la agresión que él mismo sufrió a manos de las "organizaciones sociales" que le impidieron entrar a la UNAM, se haya quedado virtualmente inmovilizado. O peor aún, que no haya previsto que la recuperación de escuelas por los universitarios provocaría un ataque violento como el que mandó al hospital a cerca de 40 empleados de la seguridad interna. No me explico por qué el rector no previó que esos trabajadores y los estudiantes y maestros no paristas serían agredidos con riesgo para sus propias vidas. ¿Qué sigue, señor rector? ¿Volver a un diálogo inútil y grotesco con 120 jóvenes inflamados por la pasión de derrotarlo a usted y a todo lo que tenga algún parecido con la autoridad? ¿Seguir confiando en que Rosario Robles y sus colaboradores van a poder apagar el incendio que ellos contribuyeron a provocar, cuando es evidente que el PRD perdió todo liderazgo en el CGH, si es que alguna vez lo tuvo? Si el problema no es sólo contra la Universidad sino contra el país, y la institución no tiene ni debe tener instrumentos para enfrentar a grupos violentos, como lo admitió el rector la noche del martes 1 de febrero; si las autoridades judiciales federales y locales no cumplen las órdenes de aprehensión que aparentemente fueron giradas contra personas involucradas en el conflicto que han delinquido, ni procuran justicia, no queda más camino al rector que demandar que ambos gobiernos apliquen la ley sin violencia, si es posible, pero si es necesario, utilizando las fuerzas del Estado, que fueron creadas y son sostenidas para ello Renward García Medrano es periodista. |
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