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unam Ya no es LA universidad
Manuel Gil Antón
¿Qué sigue? Hace diez meses esta pregunta regresa frente a la pantalla todas las semanas al pensar en el conflicto de la UNAM. Ahora, etcétera me invita a responderla en público y no encuentro mejor idea, para contribuir en este ejercicio prospectivo, que insistir en una cuestión: ¿podrá la UNAM procesar una reflexión a fondo de sus condiciones de futuro sin concebirse como la Máxima y cuasi Unica institución de educación superior del país? Como universitario mexicano, me parece cada vez más inadecuada la confusión de la UNAM con la educación superior mexicana, pero sigue siendo muy frecuente este empalme y, paradójicamente, lo comparten paristas, no paristas, ultras o moderados, autoridades y académicos de la UNAM de todos los signos o posiciones. Hace unas semanas, esta percepción llegó a un nivel muy profundo, pues al concluir la jornada del plebiscito escuché a varios colegas señalar que con este proceso se estaba dando una lección de democracia y participación a todo el país. Lo que me faltaba, pensé, la Máxima ha realizado el Máximo Plebiscito... A mi entender, tardar nueve meses en conseguir un modo de expresar el parecer de los integrantes de la Universidad, y sólo poderlo lograr mediante la iniciativa de la Rectoría a una consulta directa, era un signo más bien de debilidad orgánica y del empleo de un recurso extremo -en ese sentido extraordinario- habida cuenta la falta de medios ordinarios para dar a conocer, y procesar, su propia diversidad. Mi abuelo me enseñó un refrán importante: elogio en boca propia es vituperio. No parecen conocerlo en la Universidad Nacional, pues con independencia de las profundas divisiones que se alojan en su seno, la confluencia en varios lugares comunes persiste: somos el instrumento de movilidad social más importante del siglo, la conciencia crítica de la nación, la empresa cultural más importante del país, el lugar donde se origina 50% de la investigación mexicana, faro de la cultura, templo del saber y, por ende, una institución imprescindible para la viabilidad de la República. Si así son las cosas, uno se pregunta para qué se requiere una reforma en la UNAM: no la toquen, es maravillosa y todos los males le llegan de fuera. Recuerdo a un intelectual que señaló, al final de los 80, que las elecciones para la conformación de la Comisión Coordinadora del Congreso Universitario -la entonces famosa COCU- era, luego de la elección del presidente Madero, el acto democrático más importante del siglo. Consta en blanco y negro, no exagero. ¿Hay condiciones para una transformación a fondo con esta convergencia en el autoelogio excluyente como denominador común? ¿Para qué cambiar lo que es Máximo aun en sus problemas? Hoy, 92% de la matrícula nacional de licenciatura estudia en instituciones que no son la UNAM. Buena parte del oficio académico mexicano se realiza fuera de ese mercado y, en otro orden de ideas, los instrumentos de movilidad se han multiplicado, las vías de crítica crecen en su diversidad en todos los medios, las entidades culturales son distintas y en este país tan diferente al de 1945, la realidad no parece coincidir con las frases que nos han acompañado desde que tengo memoria. Líbrenme las divinidades de desconocer la importancia de la UNAM en el conjunto de las instituciones de educación superior del país. Importa y mucho, pero quizá lo que sigue, para que sea fructífero, implica un sano proceso de secularización de las imágenes que acompañan a los miembros de la UNAM sobre sí mismos. Ya no es, y enhorabuena, LA universidad a secas. Es una, y por su historia y tradición, la más bien dotada de recursos públicos. ¿Sabrá pensar en su reforma en un contexto nacional al que ha contribuido a diversificar y potenciar? ¿Sabrá reconocer los nuevos límites que le dan sentido? ¿Podrá aprender de otras experiencias universitarias, a las que sin duda apoyó para ser lo que son ahora? ¿Escuchará a la sociedad que transita eludiendo las Unicas Vías en casi todos los terrenos? ¿Cabrá la autocrítica y la reubicación de la Universidad Nacional en este otro país donde vivimos? ¿Cabrá en la agenda del diálogo el análisis de su papel en una sociedad que aspira a la federalización en serio? Ojalá Manuel Gil Antón es jefe del Area de Sociología de la UAM Aztcapotzalco. |
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