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El resurgimiento de ABBA
María Cristina Rosas

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Austria
Recordando para olvidar

María Cristina Rosas

Todos son hipócritas: el gobierno de Estados Unidos, que ha llamado a "consultas" a su embajadora en Viena; los socios de la Unión Europea que han "congelado" sus vínculos políticos con Austria, y el gobierno español que en voz del primer ministro José María Aznar acaba de solicitar la expulsión del Partido Popular Austriaco de las filas del Partido Popular Europeo por haber formado gobierno con el ultraderechista Partido Liberal de Jörg Haider en el pequeño país centroeuropeo.

Madeleine Albright, secretaria de Estado de la Unión Americana declaró que "obviamente, el comportamiento xenófobo, antiinmigrante y antiderechos humanos (del Partido Liberal, se entiende) es inaceptable". Lo cierto es que en torno a Austria, los países occidentales y especialmente Estados Unidos han actuado con gran ambigüedad.

Austria es un país europeo occidental ubicado en el corazón del mal llamado viejo continente. En víspera de la Segunda Guerra Mundial, Austria fue anexada por Alemania formando el Anschluss y al culminar el conflicto, el país fue ocupado por tropas soviéticas y estadounidenses que permanecieron en el territorio diez años, debido al surgimiento de la guerra fría y a la doctrina de la suma cero (Moscú asumía que si retiraba sus tropas, Austria caería bajo la esfera de influencia estadounidense, en tanto Washington hacía el mismo razonamiento). Finalmente, tras la mediación de Nehru, primer ministro de India, se llegó al compromiso de que EU y la URSS se retiraran si Austria asumía una política exterior de neutralidad (en una especie de ecuación de "nada para nadie") sancionada en su nueva Constitución de 1954.

Sin embargo, al igual que en otras latitudes, los grupos ultraderechistas gozaron del respaldo occidental, asumiendo que Austria era un país frágil, vecino de Hungría y Checoslovaquia y, por lo mismo, expuesto a que la influencia soviética se consolidara en su seno. EU desconfiaba especialmente de la socialdemocracia austriaca, la cual, junto con la alemana y la sueca (con el célebre trío Kreisky-Brandt-Palme) llegó a erigirse en un foro de planteamientos políticos críticos de la política exterior estadounidense hacia Europa. Así, se esperaba que el apoyo a la ultraderecha cumpliera dos objetivos: servir de contención al socialismo soviético en Europa central y erosionar el liderazgo de la social-democracia austriaca.

Fue esta política la que determinó que EU otorgara su voto favorable, en el seno del Consejo de Seguridad, a Kurt Waldheim, austriaco que en la Segunda Guerra Mundial formó parte de las fuerzas de seguridad en los tiempos de la ocupación alemana, vinculado a posibles crímenes contra la humanidad. Waldheim fue secretario general de la ONU dos periodos, de 1972 a 1982, y los expertos explican que desde ese cargo fue capaz de bloquear cualquier investigación que pudiera haber sido emprendida en su contra.

Tras dejar la ONU, Waldheim se postuló para la Presidencia de Austria, obteniendo la victoria en 1986 en medio de la peor crisis del país. La comunidad internacional aisló a Austria, e Israel, al igual que ahora, retiró a su embajador en Viena. Waldheim dejó la Presidencia en 1992 en favor de Thomas Klestil, actual mandatario.

Ahora todo mundo se escandaliza porque Wolfgang Schüssel, líder del Partido Popular (ÖVO) formó gobierno en coalición con el Partido Liberal (FPÖ) que encabeza el ultraderechista Jörg Haider, y las naciones poderosas se aprestan a rasgarse las vestiduras, en pie de guerra, para condenar al nuevo gobierno. Mal de muchos, consuelo de tontos, dicen por ahí: los países débiles a menudo se quejan de que su soberanía es violada por las decisiones de los ricos... Pues bien, en el caso de Austria, una nación desarrollada y próspera, las interferencias asu soberanía por parte de los poderosos han sido la constante: primero para dar de comer a la vorágine ultraderechista para luego ser satanizada por quienes cocinaron sus alimentos

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

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