Mírame, soy lodo sin celaje.
Confía en la hechura
ya sin restos ni hierbas de luz
que hace siglos con los ojos afilados
propagaste la ración de tiempo.
Fui benefactor para tu pan.
Alimenté el borde de tu boca.
Creí en la promesa de tu voz
y en la dulzura de un remanso.
La palabra de mi lengua
ya no besa multitudes.
Escucha el antojo de la carne
y el misterio de su fin.
No vive un amante dormido
dentro de este cuerpo de agua y de polvo
que extiende su piel hasta las piedras.
Escucha y deja el arrullo para los pájaros,
demasiados olmos empeñan a las hojas
para llegar a otro sitio.
Algo calla. Algo.
Oye lo que ya no fui:
manjar de aire.
Primer canto
Pronto la cuerda del sol
apretará a la sombra de los labios
y al perfil de su delirio.
Pronto.
Pronto será celeste la voz
y la boca un reino.
Nacerá la sal en el borde de la lengua.
Nacerán rastros de aire salvo de los huesos.
Pronto, la calma anidará en la tarde
después de las voces y su laberinto.
Pronto, el primer canto nacerá del silencio
Gabriela Turner Saad es poeta.