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Ahora, el Congreso
El CGH jugó al todo por el todo. Perdió

Fernando Pérez Correa

1. El 20 de abril de 1999 fue cerrada la UNAM y despojada de sus instalaciones. Intervinieron en el secuestro diversos grupos radicales de estudiantes; también de colonos y de trabajadores. El elemento decisivo fue el PRD, a través de sus cuadros y del gobierno del Distrito Federal. Durante más de nueve meses fracasaron todas las tentativas de acuerdo. Las autoridades universitarias ofrecieron y acumularon concesiones que comprendieron, desde la suspensión del Reglamento General de Pagos, origen del conflicto, hasta la anuencia a realizar un congreso universitario. Cambió la administración universitaria. Se flexibilizó la línea. Fue inútil. La Universidad se expresó contra el paro, en un plebiscito. Se realizaron reuniones abiertas y reuniones cerradas con los paristas. Se produjeron fricciones y escaramuzas. Todo fue en vano. La lucha por el control de la Universidad fue inmisericorde. Los secuestradores no se movieron un ápice.

2. Registro una paradoja: 1999-2000, igual que 1968, representa el triunfo del autoritarismo, la exclusión, la cancelación del otro. Intransigencia del poder en el 68; intransigencia de los paristas en el 99-2000: cambian los sujetos, pero la brutalidad es la misma. Lamento otra paradoja: el pasado 6 de febrero la policía liberó a la Universidad.

3. El 20 de abril marca un parteaguas. Las estructuras universitarias de comunicación y de gobierno fueron incapaces de prevenir o resolver el conflicto, de impedir que se les escapara de las manos. ¿Cómo negar la crisis? Desde entonces fracasó la pedagogía democrática. El CGH no quiso consolidar triunfos parciales. Rechazó la tolerancia. Se negó a negociar. Jugó a todo por el todo. Perdió. Confirmó que muchos movimientos populares prefieren ser víctimas a ser triunfadores. Cuatro comisiones, varias propuestas, entre ellas la de los eméritos, tres acuerdos formales con el PRD, dos administraciones universitarias, diálogos directos y enfrentamientos despiadados fueron insuficientes. ¿Cómo negar la crisis?

4. El conflicto no está resuelto. Ha entrado a una nueva fase. El rector tiene el mandato plebiscitario de realizar el congreso y transformar a la Universidad. El desalojo de los paristas no disuelve sus demandas. El arresto de los estudiantes no invalida sus razones ni concluye la responsabilidad de emprender la reforma.

5. En el prolongado conflicto se han expresado aspiraciones y diferencias de fondo. Las discrepancias giran en torno a dos cuestiones: el gobierno y los fines de la Universidad. Son temas ineludibles del congreso.

6. La idea de comunidad universitaria, es decir, de asociación libre y pertenencia voluntaria, es repelente a un régimen vertical y sin participación. Un gobierno de la Universidad más participativo, más incluyente, menos burocrático, menos sometido a la discrecionalidad administrativa es una aspiración compartida por muchos. El gobierno universitario es el centro de conflictos históricos. La autonomía, la democracia, la participación han inspirado un debate que no ha concluido. La ley del 29 instituyó las "academias de profesores y alumnos" y les confirió la capacidad de tomar "parte en el gobierno interior" de cada escuela. La ley del 33 cedió a la "democracia" y generó una forma de gobierno esencialmente inestable, que hizo del gobierno universitario un blanco vulnerable a la acción externa. La Ley Orgánica actual estableció los Consejos Técnicos y reconoció a los estudiantes el derecho a organizarse "democráticamente en la forma que (...) determinen". La iniciativa misma de generar un congreso universitario "resolutivo" y las resistencias que generó ponen de relieve la profundidad de las cuestiones de gobierno.

7. Tal como hoy la conocemos, la Universidad es el centro de investigación y producción científica más importante de México. No lo era a principio de siglo. Es el resultado de una construcción sostenida, a cuyo avance nunca se ha opuesto la atención a los otros fines primordiales de la Universidad. La casa de estudios fue creada como una institución de propósitos diversos, incluso encontrados. La Ley Constitutiva de 1910 le asignaba, como "objeto primordial", realizar "en sus elementos superiores la obra de la educación nacional". La primera Ley Orgánica de la autonomía definió sus fines, en 1929, en su artículo 1·: "Impartir la educación superior y organizar la investigación científica, principalmente la de las condiciones y problemas nacionales, para formar profesionistas y técnicos útiles a la sociedad y llegar a expresar en sus modalidades más altas la cultura nacional, para ayudar a la integración del pueblo mexicano (... y) llevar las enseñanzas (...) por medio de la extensión universitaria, a quienes no estén en posibilidades de asistir a las escuelas superiores, poniendo así la Universidad al servicio del pueblo". La ley del 33 moderó estas expectativas y atribuyó a la institución el objetivo de: "Impartir educación superior y organizar investigaciones científicas principalmente acerca de las condiciones y problemas nacionales, para formar profesionistas y técnicos útiles a la sociedad y extender con la mayor amplitud posible los beneficios de la cultura". Con la Ley Orgánica actual, los fines vigentes de la Universidad son: "Impartir educación superior para formar profesionistas, investigadores, profesores universitarios y técnicos útiles a la sociedad; organizar y realizar investigaciones, principalmente acerca de las condiciones y problemas nacionales, y extender con la mayor amplitud posible, los beneficios de la cultura".

8. Me parece claro que siempre han convivido como atributos de la Universidad la calidad académica y su potencial transformador. Subordinar la primera al segundo, como ocurrió en los años 30, desencadenará de nuevo una justificada e inflexible resistencia interna. Ignorar el segundo ha provocado infaliblemente revueltas estudiantiles y una acusada inestabilidad. Conciliarlos ha permitido avanzar. Hoy no sabemos qué estructura geográfica y funcional adoptar, cómo dar cauce a una "pluriversidad", a una casa de fines diversos y complementarios. El rector está decidido a resolver estas cuestiones. Hacerlo sin sacrificar ni la esencia académica de la Universidad ni sus responsabilidades nacionales es el gran reto. Enfrentarlo con éxito es la verdadera solución al conflicto

Fernando Pérez Correa es profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: fpcfc@servidor.unam.mx

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